Música

Unos boleros al son más Quijano

  • La formación leonesa abarrota el Patio de San Fernando del Alcázar en su cita de las Noches de Verano en un recital donde mezcló su nuevo trabajo con algunos de sus grandes éxitos.

La noche del sábado fue enamorada a golpe de boleros con las voces del grupo leonés Café Quijano. Un encuentro no tan fugaz, de casi tres horas, lleno de canciones de su último álbum, ‘Orígenes: El Bolero Vol. 3’, aunque no pudieron faltar otras de las letras más representativas de los hermanos Quijano (Manuel, Óscar y Raúl). Como escenario, sin dudarlo, el Alcázar de Jerez, conjuntado con ese ambiente romántico de amor y desamor. 

Manuel aseguró venir a la ciudad para “contar verdades en forma de boleros”. Así, empezaron y acabaron con un público entregado al completo para soñar despiertos con aquellas historias nacidas en cabeza de otro, pero sentidas en los corazones de muchos. La cita comenzó a las 22,30 horas, con las mil sillas que componen el aforo del Patio de San Fernando llenas.

Acompañando a los protagonistas, la cuadrilla de músicos que hacen posible que dichas canciones lleguen a tocar y hundir al alma, iluminados con un juego de luces que completaban esa atmósfera mágica ofrecida por los boleros. Filosofeando en una noche de verano, Manuel Quijano fue el encargado de presentar las historias de las letras que cantarían a continuación, de forma que compaginaron narrativa poética con canciones, bajo un son cubano.  

Tocaron boleros como ‘Un poco de todo’, ‘Cuatro palabras, nada más’ o ‘Te matan los celos’, entre otros muchos, cantando su último álbum casi al completo. Los boleros se intercalaron con esas canciones más representativas del grupo, como ‘Y mírame a la cara’, que, a falta de Sabina para completar el coro, fue Óscar Quijano quién se encargo de suplir al jienense disfrazando su voz a modo sabinero. 

En cada narración, mostraron un poco más al público de la fuente de inspiración de sus letras, parte de vidas personales, y otras que seguro fueron inventadas. Precisamente fue esa constante interacción con el público la que hizo que, a pesar de casi tres horas de concierto sin pausas, no se distrajera el oído de  la música. 

Casi en el ecuador del concierto, llegó la que posiblemente fuese la canción más esperada por todos, ‘La Lola’. Antes de empezar con la letra, se pusieron “sentimentales” y agradecieron al público su presencia. Presentaron también a los diferentes músicos que les acompañaban, y le otorgaron a la canción un sonido más cubano y menos rockero, pero que no cambió ni por asomo el entusiasmo del público por la pieza. Fue, sin duda, uno de los momentos más aplaudidos y vívidos del concierto.

Al cantar su bolero ‘Quiero que mi boca se desnude’, hicieron mención a su gran amigo mexicano Armando Manzanero, quien canta en la grabación dicha canción con los hermanos. Confesaron que durante su infancia cantaron sus canciones, y que fue prácticamente un sueño cumplido el poder grabar con él varios temas.

Con el cambio de guitarras y ukeleles de Manuel Quijano, cambiaron también las canciones, cumpliendo las expectativas de una velada que prometía desde antes de cerrar las puertas de entrada al lugar. Y así siguieron, como mujeriegos, cantando aquellas hipérboles con algo de amor que son los boleros, enamorando al público con sus palabras y sus bailes sin moverse del sitio al compás del son latino. 

Como última canción –antes de los bises– del concierto, no pudo faltar ‘Desde Brasil’, presentada por la historia que cuenta más de lo que la canción en sí llega a decir. Quisieron despedirse y no les dejaron, aplaudiendo como Jerez mejor sabe (a través de la bulería), los tres hermanos volvieron a subir al escenario para regalar lo que en principio iba a ser una canción de más, pero que se convirtió en cinco temas, como ‘Me enamoras con todo’, ‘La taberna del Buda’ y, para acabar, y esta vez de verdad, con ‘Tiempo al tiempo’, la cual no podía faltar en esta antología musical. 

Tras finalizar el concierto, a la una de la madrugada aproximadamente, algunos afortunados tuvieron la oportunidad de hacerse fotos con los componentes del grupo, cerrando así una noche de ensueño, de letras y cuentos; de música y compás, donde el protagonista de la noche no pudo ser otro que el amor.  

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