Lectores sin remedio por Ramón Clavijo y José López Romero

La otra cara

HACE ya algunos años me sorprendí, hojeando aquella irrepetible edición de las obras completas de Lorca realizada por la editorial Aguilar, del anexo final donde aparecían reproducciones de infinidad de dibujos con los que el escritor granadino había ilustrado muchas de sus obras. Esos dibujos reproducidos posteriormente hasta la saciedad en otras ediciones menos afortunadas, me llevó a interesarme por esa posible otra cara que muchos escritores tenían, la de dibujantes o pintores, que por razones voluntarias o circunstanciales se vería ensombrecida por la literaria. Y sorprendentemente en esa pequeña investigación que fui realizando a lo largo del tiempo, fui descubriendo el universo secreto de muchos de ellos. De algunos, los menos, esa faceta pictórica se desvelaría en vida, de la mayoría una vez desaparecidos. Uno de los casos más conocidos es el del gran autor ruso León Tolstoi, del que se cuenta que leía las novelas de Julio Verne a sus nietos, y para ayudarse en su comprensión realizaba dibujos de ellas. En el Museo León Tolstoi de Moscú existe una sección dedicada a esta poco conocida faceta del escritor, y entre los dibujos más curiosos está una serie dedicada al libro de Verne 'La vuelta al mundo en ochenta días'. Otra de las anécdotas poco conocidas sobre una de las novelas más populares de todo los tiempos, 'La isla del tesoro', nos enseña que su origen estuvo ligado a un mapa. Efectivamente, fue el mismo Stevenson el que dibujó el mapa que incluye el libro, pero sin la pretensión en un principio de que sirviera para ilustrar una de sus historias. En realidad fue el mapa, una vez terminado, y que dibujó en un momento de ocio el que le atrajo de tal manera que fue el causante de que se pusiera a escribir 'La isla del Tesoro'. El mismo Stevenson lo llegaría a afirmar en un artículo suyo publicado en 1894 en la revista 'Idler': "Su forma condujo mi fantasía más allá de lo imaginable". Fue en la biblioteca municipal de Jerez donde descubrí la "otra cara" del historiador y antropólogo Julio Caro Baroja. El gran pensador ya había fallecido, pero recorría el país, recalando también en Jerez, una exposición de algunos de los muchos dibujos que había realizado a lo largo de su vida, bajo el título de 'Mundos soñados' (en la imagen) y que hasta ese momento habían pasado, pese a su belleza, desapercibidos. Más conocidos fueron los casos de Lewis Carroll, o Jean Cotteau. En el caso de Carroll es curioso que pese a que solía ilustrar con dibujos propios sus obras de ficción, y así sucede con Alicia en el país de las Maravillas, no conozcamos ninguna edición de este clásico que haya incluido los dibujos originales de Carroll. Carlota Bronte, H.G. Wells, Víctor Hugo… En Jerez también tenemos algún ejemplo, y es conocida la gran pericia como acuarelista del reconocido poeta José Mateos.

Ramón Clavijo Provencio

Libros recomendados

Los papeles póstumos del club pickwick

Charles Dickens. Planeta (Austral), 2012.

Conmemoramos este año el doscientos aniversario del nacimiento de Charles Dickens. Por ello, a lo largo del mismo se sucederán multitud de actos en homenaje al gran escritor, como la fabulosa exposición que se inauguró en Londres sobre la estrecha relación de la obra de este escritor con la capital inglesa. Entre estos homenajes están las numerosas reediciones de sus libros, como ésta que traemos de la renovada colección Austral. Quizás sea este libro la primera gran novela de Dickens. Publicada con tan sólo 24 años tuvo un éxito inmediato, y aún hoy nos sorprende por su modernidad. En él se nos detallan las andanzas de Samuel Pickwick, una suerte de filósofo que acompañado de tres adeptos, Tupman, un viejo verde, Snodgrass, un poeta fracasado, y Winkle un deportista con gafe, recorrerán Inglaterra dejándonos al lector un sinfín de impagables y divertidas historias que siguen desafiando el paso del tiempo. R.C.P.

Los salvajes de París

George Sand. Editorial Elba, 2011.

Es éste un libro curioso y hasta cierto punto poco conocido. Realmente la autora no lo pensó como tal, y más bien son unas páginas donde confiesa sus impresiones y admiración por los indígenas norteamericanos. Lo hizo en parte impresionada por los dibujos de George Catlin, el pintor y viajero norteamericano que se dedicó a plasmar con el pincel, los distintos tipos de indígenas norteamericanos, que en las primeras décadas del siglo XIX aún vivían libres en extensas zonas de Norteamérica. Precisamente fue la organización de su exposición 'Galería India', que recorrió distintas capitales europeas en el año 1840, llegando hasta París, la que impactó de tal manera a George Sand, que fue la causante de este pequeño ensayo, como decíamos más arriba. Fascinada por un pueblo primitivo en su lucha por no desaparecer, Sand da forma a este curioso libro viajero, testimonio de un viaje que realmente no sabemos si llegó a realizar, o fue inspirado por los pinceles de Catlin. R.C.P.

El oro de los sueños

José Mª Merino. Punto de Lectura, 2007.

Esta novelita, junto con 'La tierra del tiempo perdido' y 'Las lágrimas del sol', forma la trilogía titulada 'Las crónicas mestizas' que publicara José Mª Merino en 1992, seguramente para aprovechar el tirón de la efemérides que aquel año se celebraba, como tantos otros hicieron y como de hecho ya algunos están haciendo con el 2012. Novelas de aventuras con todos los ingredientes y, si me apuran, todos los tópicos que configuran la visión de aquellos transcendentales acontecimientos: la abigarrada sociedad española del XVI y el descubrimiento y posterior conquista de Las Indias: la búsqueda de ciudades cubiertas de oro (El Dorado); las intrigas en el ejército de los conquistadores; los irreductibles aborígenes y, para que no falte de nada, la muchacha vestida de jovenzuelo que se lanza a la aventura para no caer en el deshonor. Literatura que al menos se deja leer, que no es poco. J.L.R.

Un asesinato piadoso

José Mª Guelbenzu. Punto de lectura, 2009.

Apenas clareaba el nuevo siglo, cuando uno de nuestros novelistas más conspicuos, José Mª Guelbenzu, se tiraba a la arena del género policíaco. ¿Menor? ¿una claudicación al mercado? Él insiste en que lo hace para divertirse. Ya saben lo del pulpo como animal de compañía. En cualquier caso, ya no hay país que no se enorgullezca de tener entre sus filas de escritores excelentes autores de novela negra, desde los mediterráneos, pasando por los americanos hasta llegar a los lejanos del septentrión; unos con más fortuna que calidad. En el caso que nos ocupa, Guelbenzu, como Lorenzo Siva, ha sabido dotar a sus narraciones de esa inteligencia, ese fino humor y la ironía que tanto enraizan con nuestra mejor literatura. La juez Mariana de Marco se enfrenta en esta cuarta entrega (y van cinco) con un nuevo brutal asesinato. Son éstas novelas en las que predomina el texto, sobre la trama; al revés, es un bodrio. J.L.R.

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