Un cine inmenso por descubrir

Extraño suceso editorial el que se está produciendo. Filmax se ha lanzado desde hace un año a la aventura de rescatar el cine japonés que jamás llegó a nuestras pantallas. El resultado, que llega cada mes a los quioscos, es un continuo alumbramiento de obras maestras a las que nunca tuvimos acceso. La cosa empezó como si nada. Primero salieron las películas de un director reconocido, como Akira Kurosawa. Allí hallamos clásicos justamente célebres, de Rashomon a Yojimbo, pero aderezados con el cine más de andar por casa del genio que mayor promedio de obras maestras tiene en su filmografía de todos los grandes. Por hacer mención a uno solo de esos descubrimientos, en esta colección se incluyó El ángel ebrio. Impagable. Sorprendentemente, la iniciativa tuvo éxito. EL público reclamaba más. Así pudimos acceder a los títulos de otros directores renombrados como Kenzi Mizogouchi o Yasuhiro Ozu. Y la gente siguió comprando cine japonés. Ahora ya van a por todas. La última remesa, como siempre a buen precio y correctamente editada, propone que nos acerquemos al cine más doméstico de directores como Nagisha Oshima o el propio Mizogouchi. No defraudará con toda seguridad.

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