Una obra clásica llena de pinceladas del Siglo de Oro

  • 'El perro del hortelano', una propuesta de teatro clásico digna, en la línea del CNTC

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Desde el estreno de esta obra hasta su llegada a Jerez, han pasado varios meses. Los necesarios para que, como el vino, la solera hiciera que el caldo se asentara y los aromas se expandieran en su justa medida. Por ello, y dado el rodaje, el Villamarta esperaba más de la ocasión.

La obra, una de las más importantes de la literatura clásica española encierra en sí misma los principios del teatro clásico: las aventuras y desventuras de personajes que enredados en tramas amorosas acaban por sucumbir a los encantos de las flechas de Cupido como si de adolescentes inseguros y maleables se trataran. El guión, fiel a su origen, alardea de la fuerza de la mujer para con sus objetivos, sus estratagemas y del uso de ambientes de otros países alejados de la España de Lope de Vega para evitar así los riesgos de la censura.

Admitiendo que no estamos en el Siglo de Oro del teatro español, y que tampoco sobre las tablas del corral de comedias de Almagro, la propuesta de Eduardo Vasco es bastante digna y plausible pero sin alcanzar la frescura de otras anteriores, más cerradas y conseguidas, como sin ir más lejos, el propio "Alcalde de Zalamea" que hace unos meses defendía con bastante desparpajo el elenco de la CNAT.

Desde un principio, la presentación es demasiado arbitraria, con lagunas de dicción y con un enrevesado entramado en los que el peso de cada personaje resulta difícil de seguir: de ellos, los cuatro ejes principales sobre los que se asienta la obra fueron de menos a más para lograr componer la vida interior de cada uno de ellos, su relación con los demás personajes y la forma individual de atacar sus conflictos personales y los de la trama. Una trama muy bien descrita en la obra de Lope pero muy particular en la propuesta de Eduardo Vasco donde el verso y la consonancia hacen posible la melodía de los corrales de comedias castellanos. Las luces y sombras del personaje de Teodoro, el secretario de la condesa, muy bien estructuradas y con capacidad descriptiva. Al igual que las de su fiel escudero Tristán, con un Joaquín Notario creíble y las de la Marcela casadera. No tanto la de la propia condesa, que quizás, dentro del libreto era quien debía llevar la voz cantante de altos, bajos, tonos, expresiones y movimientos. Por ello, se echa de menos más frescura en los monólogos y mayor gama de recursos escénicos para dar mayor dinamismo a una obra de capas y espadas, de enredos, de malentendidos, de disfraces y de amores de conveniencia.

Lo cierto es que la enorme profesionalidad de los actores y actrices consigue, con registros ajustados, dar luminosidad y frescura a los momentos más difíciles cuando la trama asoma entre todos los presentes a través de las cortinillas y los claros oscuros que dejan entrever las miserias que cada cual soporta. Mutis dinámicos, apariciones a dos bandas y una ocupación de escena rayando la perfección posibilitan en todo momento el ajuste fácil por parte del espectador del desarrollo del conflicto planteado.

La puesta en escena cuidada, rica entre bambalinas y a modo de escalinata palaciega propia del género en cuestión, por una parte por una presencia continua de tapices o de pinturas que crean ambientes diferentes, aun dentro de una línea pulcra y serena desmarcada de los vaivenes emocionales de los personajes y por otra, una profundidad digna de los mejores escenógrafos conseguida a modo de pinturas renacentistas enmarcadas en cuadros de madera rectilíneos y con una música palaciega dulce y aterciopelada que potencia la presencia de las dobles intenciones en los personajes. Música e iluminación al servicio de la creación de espacios autóctonos tanto en los momentos corales como en las situaciones de "apartes" en las que ayudan a seguir la trama con mayor carga teatral. Desigual la amplia gama de improvisaciones, disfraces y manifestaciones sonoras ligadas a determinados personajes que aparecen dibujados a modo de caricaturas sociales de la época pero que dotan de comicidad a los momentos cercanos a los entremeses que se asoman.

Desde el patio de butacas se puede palpar la vitalidad que se observa en el escenario, pero también la enorme profesionalidad de pertenecer a este tipo de propuestas. Con todo, se transmiten durante dos horas, ganas sobre el escenario y buenas vibraciones. El resultado: diecisiete profesionales sobre el escenario, una obra llena de dinamismo y a la vez, se dejan oler muchos años a sus espaldas. Los mismos que hace que la CNTC tenga un mayor grado de responsabilidad en cualquier montaje clásico que presenta.

La crítica

El perro del hortelano

Autor: Lope de Vega. Versión y dirección: Eduardo Vasco. Compañía: Compañía Nacional de Teatro Clásico. Teatro Villamarta Sábado 18 de febrero 2012. 20,30 horas

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