Una comedia mayúscula

  • De Chicago años 20 a Jerez siglo XXI, el Teatro Villamarta acoge el popular musical, repleto de ritmo de jazz

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Desde su estreno en noviembre de 2009 en la Gran Vía madrileña, en Jerez se esperaba con ganas la llegada de este musical. Y tanta expectación ha merecido la pena. Con este tipo de espectáculos sucede como en la vida misma: la espera y el anhelo acumulan adrenalina y el epílogo resulta asombroso. Porque si de alguna manera hay que definir este tipo de propuestas escénicas es con calificativos que expliquen la profesionalidad, la magia del teatro musical y la puesta en escena limpia y fresca.

Los actores y las actrices cobran protagonismo desde un principio. El espectador forma parte al acomodarse como si estuviese en Broadway. Y el ambiente es el nudo de la historia con los aderezos de un escenario de music-hall, músicos en directo y un ambiente intimista, que consigue en pocos minutos que nos sintamos de lleno en el Chicago que todos hemos imaginado alguna vez.

La sensualidad, las sombras y el encanto de los cuerpos creando imágenes van llenando, minuto a minuto, el escenario. Los números líricos y los coreográficos añaden color y majestuosidad a una forma de entender el teatro.

Es significativo que el ambiente nos retrotraiga al complejo mundo de decadencia del hampa de principios del siglo XX, aunque todo se adorne de saltos, apariciones, piruetas y expresividad corporal bastante más propia de los bailes de salón y los espectáculos cabareteros que de las raíces del jazz en que se inspira.

La danza, el baile y la expresividad de los cuerpos desnudos acompasados con el canto, en tonos a dos voces como algunos números rayan la novedad en este género y están muy conseguidas todas las notas finales mantenidas como medida fiel de la calidad del espectáculo. Personajes que de la nada crecen por sí solos y situaciones inesperadas adornan las cuerdas de voz, que ofrecen sorpresas en muchas ocasiones: en los dramas carcelarios, en las influencias de la prensa y en los llantos entre callejuelas. La presencia permanente de sensaciones a ritmo de tango crea adicción, los sonidos de los saxos producen sensación de serenidad y la belleza de las trompetas hacen posible que cada movimiento actoral o la larga gama de efectos especiales llenen el escenario y acaparen voluntariamente las muchas ganas de producir efectos en las retinas de los espectadores.

Los contrapuntos dramáticos se supeditan sin temor a los números corales y los movimientos de bailarines que se basan en el ritmo de las coreografías, llenas de un virtuosismo que envuelve lo que sucede a vista y lo que se alcanza a imaginar entre bambalinas, con un acertado mutis de los bailarines a ambos lados de las cajas y en presencia constante entre luces y sombras.

Risas, dinamismo, comedia y vodevil y un mucho de esfuerzo físico es lo que se transmite desde las tablas.

Un honor para el escenario del Teatro Villamarta, que hace posible este deleite para los ojos y para todos los demás sentidos de los espectadores. Tanto los aficionados a este género como los que no son asiduos a él, tienen una oportunidad única para disfrutar un espectáculo que no les dejará impasibles, sin duda. Sobre todo, porque se desarrolla sin artificios y sin grandes pretensiones y porque enganchan con una cuidada iluminación y un sonido tan limpio, que no solo son los acordes de los tangos o el ritmo del 'blues' más auténtico, sino que incluso los sonidos de los perros callejeros, los maullidos de los tejados o las ráfagas de metralletas nos transportan embelesados a las cloacas de una ciudad sin ley. Chicago para más señas.

Autor: Fred Ebb y Bob Fosse. Versión Coreográfica: Gary Chyrst - Francesc Abós. Reparto principal: Marta Ribera, María Blanco, Víctor González. Teatro Villamarta. Viernes 4 de febrero de 2011.

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