Lectores sin remedio por Ramón Clavijo y José López Romero

Tres cosas

"Hay tres cosas que ninguno de los jóvenes de la presente generación son capaces de hacer: no pueden saborear el vino, no pueden jugar al whist y tampoco pueden decirle un piropo a una dama", dice el honesto abogado Sr. Gilmore en relación al joven Walter Hartright, profesor de dibujo y rendido amante, aunque sin esperanzas, de la señorita Laura Fairlie, en la novela 'La dama de blanco' del escritor inglés del siglo XIX Wilkie Collins, a quien la inmensidad literaria de un Charles Dickens quizá le haya restado el reconocimiento y la fama que su calidad sin duda merece. Prueba de ello es que precisamente 'La dama de blanco' se publicó por primera vez por entregas en la revista 'All the year round' que dirigía el propio Dickens, y donde éste también había publicado varias de sus obras también por entregas, entre ellas 'Historia de dos ciudades'. Incluso los dos grandes escritores y sin embargo amigos llegaron a escribir algunos relatos al alimón que vieron la luz en la misma revista. 'La dama de blanco', como ejemplo de la producción de Collins, es una novela que al misterio de la trama se le une la sólida narración de las buenas novelas decimonónicas tan recomendables para todas las épocas del año. Háganme caso: una novela del XIX nunca defrauda al más exigente lector. Pero vayamos a la frase del Sr. Gilmore que dicha en pleno siglo XIX parece que no ha perdido vigencia pese a que más de un siglo la contemple. Si no saber o ser diestro en el whist, un juego de cartas a los que tan aficionados son los ingleses, es ya un defecto de la juventud a criterio del Sr. Gilmore, ¿qué decir de no saber requebrar a una señorita o de beber y saborear una copa de buen vino? En lo primero, siempre se nos viene a las mientes el exabrupto grosero a pie de obra al paso de una hermosa mujer; y sin embargo, en otro tiempo, tampoco tan lejano, el español gastaba fama de dominar el arte del piropo, de la elegancia y la sutileza de una frase que halagaba la vanidad femenina cuando a través de ella se destacaba su belleza. Pero en esto, como en tantas cosas, vivimos otros tiempos en los que no sabemos distinguir lo sutil y elegante de la mala educación, o hemos desarrollado para estos asuntos una susceptibilidad tan especial que cualquier piropo nos parece un insulto y, por tanto, motivo de denuncia. Y en cuanto a lo del vino, no hay más que darse una vuelta por los bares de nuestra ciudad, la ciudad del vino, para darse cuenta de que nuestra juventud no aprecia las bondades de un producto que por ser de la tierra nos deberíamos sentir orgullosos de él y hacer patria con su consumo. Somos capaces de ponernos las manos en la cabeza al ver a un joven beber una copa de buen oloroso, y sin embargo miramos para otro lado cuando se prepara una de esas combinaciones por las que un día le explotará el hígado. Enseñar a beber sigue siendo, no cabe duda, una de nuestras asignaturas pendientes.

José López Romero

Libros recomendados:

Lecciones de los maestros

G. Steiner. Debolsillo-Siruela, 2011.

El volumen recoge una serie de conferencias que el gran filósofo nacido en París en 1929, de origen judeo-austríaco, fue dictando en la Universidad de Harvard durante el curso 2001-2002. En todas ellas Steiner analiza las relaciones siempre difíciles y laberínticas del maestro con los alumnos, desde los clásicos, pasando por el cristianismo, el judaísmo hasta llegar a los modernos. Las primeras palabras de la introducción son una excelente muestra del contenido del libro: "Después de pasar más de medio siglo dedicado a la enseñanza en numerosos países y sistemas de estudios superiores, me siento cada vez más inseguro en cuanto a la legitimidad, en cuanto a las verdades subyacentes de esta "profesión". Libro en el que no falta la crítica a la docencia adocenada y mediocre, pero también modelos ejemplares de buenos docentes. "Lecciones de los maestros" y "Mal de escuela" de Pennac deben ser lecturas obligatorias para quienes nos dedicamos a la difícil vida de las aulas. J.L.R.

El nombre de los nuestros

Lorenzo Silva. Booket, 2002.

Patética fue la explicación que algún medio de comunicación dio, sobre la posibilidad de que el jurado del Planeta hubiera reconocido qué escritor se escondía bajo el seudónimo que había utilizado Lorenzo Silva para presentarse a dicho premio. Como si los protagonistas de la novela que ha conseguido el galardón no fueran lo suficientemente conocidos por muchos lectores: el sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro. Pero no hemos querido traer aquí una de las novelas de la saga de estos dos guardias civiles, a modo de homenaje al reciente premio Planeta (de lo que no somos muy aficionados), sino la otra gran literatura que atesora Lorenza Silva y que quizá queda empañada por las narraciones de Bevilacqua y Chamorro. Una novela que recuperamos de nuevo aquí y que es un excelente ejemplo de los distintos registros de Silva y de una temática por él muy querida: la historia del norte de África, que es también una parte de la historia de España. J.L.R.

El campo del alfarero

Andrea Camilleri. Salamandra, 2011.

Ahora que se está celebrando la semana de la novela negra de Getafe, es oportuno detenernos en uno de los actuales maestros del género, aunque la serie del comisario Montalbano tenga otras particularidades que desborden el género negro. A diferencia de otros autores que han creado personajes que luego, tras el éxito de la primera aventura, han iniciado una serie pero ya sin el esplendor de la primera entrega, Camilleri mantiene el pulso y el interés del lector en las nuevas aventuras de Montalbano. Y ello gracias, no tanto al suceso de turno que hay que investigar y aclarar, sino a la interesante evolución de los personajes, no sólo del ácido y cada vez más misántropo Montalbano, sino del hilarante Catarella o de su contrapunto Mimi Augello. En esta entrega, quizás una de las más divertidas, la aparición de un cadáver desfigurado en un remoto lugar de Vigata llevará al comisario a enfrentarse a una traición inesperada. R.C.P.

Cuentos completos

Truman Capote, Anagrama, 2009.

Recoge esta cuidada edición por vez primera la totalidad de narraciones cortas de este tan aclamado como criticado autor norteamericano. Buena idea la de esta editorial de ir, a través de su colección Quinteto, reeditando obras que no merecen ser olvidadas. Este volumen de sus cuentos, ordenados cronológicamente, nos permite un ejercicio curioso, el comprobar la gran altura literaria que alcanzan éstos, sobre todo aquellos publicados antes de su éxito devastador con "A sangre fría" en 1965. Y decimos devastador, pues de la misma manera que Capote pasó ya a las páginas de la historia literaria con aquel libro, ello también significó su caída a los infiernos no sólo personal sino creativa. En algunos de los cuentos publicados tras la fecha antes mencionada podremos intuir ese declive, y pese a su maestría para el género, no volvería a llegar a las cotas que consiguiera con "Un árbol de noche" o "Cierra la última puerta". R.C.P.

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