Una danza al son de la muerte en la capilla de Santa Catalina

  • El jerezano Manolo del Valle protagoniza la cuarta intervención del programa, con tres lienzos de gran formato y dos vídeos basados en el arte barroco

Retablo para un templo muerto, del artista jerezano Manolo del Valle, se asienta en la capilla del Castillo de Santa Catalina para darle un nuevo giro al ciclo La capilla tiene arte. La muestra, basada en la muerte, se desarrolla en un rincón más vivo que nunca, a tenor de lo que en su interior acontece desde que la Fundación Municipal de Cultura emprendió este programa en colaboración con siete galerías gaditanas.

En esta ocasión, Manolo del Valle, que llega a Cádiz de la mano de la galería jerezana Belén, decidió adaptarse "a este lugar de arquitectura tan poderosa, sin complicaciones". Para ello, ha decidido "recuperar el sentimiento barroco en mi obra, de lo que tenía ganas, pero desde una visión puramente contemporánea".

La danza de la muerte, como temática de fondo, confiere a este bello espacio de retiro para el arte, el tenebrismo y los claroscuros propios de una creación de estas características. Una exposición conformada por tres lienzos de grandes dimensiones, el primero de los cuales se exhibe en el lateral izquierdo de la sala principal, que llama la atención del público con un gran lema inscrito en latín, "en referencia a las trompetas del juicio final". Del mismo modo, resultan llamativos los esqueletos en ellos representados, "que bien tocando la orquesta o jugando a las cartas" ofrecen una estampa, cuanto menos, original.

La luz de las velas se configura como el único sistema de alumbrado de una muestra que se completa con la proyección de dos vídeos y una tabla original del siglo XV sobre el Santo Entierro -perteneciente a la sala Belén-. El primero de ellos se titula Nichos, mientras que el segundo narra el proceso creativo del retablo que, en un primer momento, iba a conformar el grueso de la exposición y que finalmente no cuajó.

Retablo para un templo muerto, cuyo título ha sido elegido "por lo que hoy significa este espacio, alejado de su función original", fue inaugurado ayer en el Castillo de Santa Catalina, de la mano de la alcaldesa de la ciudad, Teófila Martínez, quien hizo alusión a la intervención de la galería Belén, que ha apostado por "reutilizar el espacio en su función primitiva de lugar de culto".

Para ello, añadió, "han aprovechado las proporciones, tonos y cualidades que la capilla tiene tiene para que una vez vestido, el espectador sea devuelto a esas propiedades primeras: la función de lugar de culto, de templo".

Intención que corroboró el autor de la muestra, de los más prolíficos de la sala jerezana, quien destacó la grata experiencia que le ha reportado esta exposición. "Siempre me ha atraído esta temática, que se aparta de mi pintura, basada en el expresionismo abstracto". Además, comentó, "esto de pintar por la mañana esqueletos, alumbrado sólo por la luz de las velas, y salir por la tarde a pasear a la playa, me ha encantado". Pasen y vean.

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