Aquellas "doctas" cartas annuas

  • La profesora de Infantil de la Compañía de María Pilar Chico ingresa hoy en la Academia San Dionisio con una emotiva conferencia que repasa la historia del colegio, en el que trabaja desde hace 35 años

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Entrar en el colegio de la Compañía de María es como atravesar la Historia. Es un palacio construido en 1850, que fue propiedad del bodeguero José Luis de Ágreda. Allí lleva casi 35 años ejerciendo de maestra de Infantil la jerezana Pilar Chico. La también vicepresidenta local y autonómica de Cruz Roja Española enseña emocionada cada una de las estancias que conforman el colegio. El patio al más puro estilo de la Alhambra, la enorme capilla neogótica, la preciosa fuente del patio que recuerda a Versalles y árboles históricos como el boj, que preside uno de los jardines. Es la hora del recreo. El entorno revive con el ajetreo de los alumnos.

Ahora, Pilar va a formar parte como miembro de la Academia San Dionisio, aunque ya lo ha sido como correspondiente durante cuatro años. Hoy, a las 20.30 horas, va a ofrecer su discurso de ingreso. No dudó ni un segundo el tema de esta charla: la huella de Santa Juana de Lestonac en Jerez, fundadora de la Compañía de María. Pilar asegura que es "una gran satisfacción pertenecer a un foro cultural como es la Academia San Dionisio, me atrae además por la capacidad que me da esta entidad para aprender, escuchar y relacionarme".

La intervención se divide en varias partes. Por un lado, hablará de Santa Juana y su época, la del Renacimiento, y su identificación con la Compañía de Jesús y San Ignacio de Loyola. En un principio iba a ser religiosa jesuita, pero su intención era otra: quería una orden religiosa pedagógica. Chico tratará también la vida de Santa Juana, nacida en un ambiente familiar culto. Casada, con ocho hijos, quedó viuda a los 41 años. Entra como religiosa en el monasterio Cisterciense de la Feullantinas de Toulouse, del que sale "por la dureza del régimen y porque su objetivo era educar jóvenes, ya que en esa época a las mujeres no se las tenía en cuenta para una cultura, sino sólo para una preparación como esposa o monja". En 1610 forma la Hijas de Nuestra Señora Compañía de María en Francia. En España se funda en 1650 en Barcelona. "Era un objetivo de ella que también estuviera en España esta proyecto educativo, como tierra natal de San Ignacio de Loyola", comenta. Entre las casas fundadas en el país, la de Jerez se inició en 1889. Las características de nuestra ciudad en el siglo XIX eran muy especiales ya que Santa Juana fundó este instituto de enseñanza para las clases más deprimidas, sin embargo en Jerez el jesuita padre Barrado vio las deficiencias que había en las clases más altas ya que las hijas de familias de bodegueros se iban a estudiar al extranjero lo que generaba desarraigo. O bien estudiaban aquí con institutrices en su casa.

Al principio las niñas eran de clausura. Ya en 1920 se abrió un obrador para educar a las jóvenes en costura y bordado que ha estado hasta los años 70 del siglo pasado. En 1928 el arquitecto Rafael Esteve hizo la capilla. Estaban las alumnas de Primaria, las de Cultura general y el Obrador. Estructuras que fueron variando con los años hasta la actualidad. Ahora la Compañía está bajo la dirección del Grupo Educativo Alfa y la tutela de la Compañía, propietaria del colegio. Las monjas que quedaban se marcharon en 2004 a Santa Fé, a una comunidad religiosa.

La conferencia es fruto de una "gratificante" investigación basada en la religiosas de la Compañía, "muy doctas", que recogieron todos sus escritos en las 'cartas annuas' que mandaban cada una de las comunidades a la casa de Burdeos. La conservación de esta documentación permite realizar estudios como el de Pilar.

"La Compañía se ha convertido en mi segunda casa porque tendríamos que evaluar dónde he echado más horas", comenta entre risas Pilar. "Aquí se han educado mis hijos. He tenido muchas vivencias en este colegio y la verdad es que todas son satisfactorias", asegura. De todos estos años en la Compañía esta maestra se queda "con el aprendizaje que he tenido y con la capacidad de ir adaptándome a los tiempos". Enganchada a la enseñanza, Pilar subraya que esta profesión "es muy bonita, el contacto con los alumnos, respetar su individualidad, esa fragilidad de los niños de Infantil, con qué cariño se te acercan... Es una labor cansada pero todo esto hace que te repongas".

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