Julia Navarro. Escritora

"La economía debe estar al servicio de las personas, y no al contrario"

  • Con 'Historia de un canalla', publicada en el sello Plaza&Janés, la escritora hace un retrato del individualismo y la manipulación que se esconden tras las ansias de poder

En su séptimo libro Julia Navarro deja a un lado el viejo continente para adentrarse de lleno en el Manhattan y la City londinense de los años 80, un ambiente de competición feroz y triunfo individualista en el que Thomas Spencer se hizo a sí mismo jugando sucio y sin arrepentirse por ello. Con este nuevo registro la escritora espera captar al "difícil" público estadounidense a la vez que seguir conquistando a los que ya la conocían.

-¿Cree que ha sido un sorpresa para sus lectores este cambio de estilo?

-No sé por qué hay esa impresión de que escribo novela histórica cuando mis libros están ambientados en el siglo XX. En esta ocasión, he hecho una radiografía de nuestra sociedad y para ello he tenido que utilizar una técnica y un lenguaje diferentes, porque el protagonista cuenta su historia en primera persona y el lector sabe desde el primer momento a lo que se enfrenta.

-Eso a lo que se enfrenta es a todo un canalla que lleva el individualismo y la manipulación por bandera. ¿Es eso lo que representamos como sociedad?

-Es verdad que caminamos hacia una sociedad muy individualista, muy sálvese quien pueda y a mí como ciudadana es algo que me preocupa, que todo lo que se enseñe sea a competir y a triunfar a cualquier precio. Pero también es cierto que frente a esos contravalores estamos viendo que la bondad también se puede encontrar en todas las esquinas. Durante todos estos años terribles de crisis lo hemos comprobado y ahora, con la crisis de los refugiados, frente a los que cierran puertas se ven ONG que ofrecen un gramo de esperanza a quienes la necesitan. El ser humano está lleno de claroscuros y en algunos lucen más unos que otros.

-Pero en su protagonista parece que la oscuridad se ha apoderado totalmente de sus claros.

-Si alguien se encontrase en la vida real con Thomas Spencer le caería simpático porque estaría frente a un triunfador al que todo le ha ido bien en la vida. Pero el lector sabe desde el primer momento lo que hay detrás de esa máscara, porque lo conoce en primera persona. La exposición es tan brutal que no hay engaño posible.

-Y ese encuentro tan directo hace imposible que se pueda empatizar con Spencer.

-Si cogemos las páginas de los periódicos encontramos hoy sujetos que han sido importantes en el ámbito económico, político o social pero que con el paso del tiempo se ha descubierto que son unos sinvergüenzas. Y sin embargo eran los referentes sociales. La cuestión es que el lector no tiene que pasar por ese proceso con mi canalla porque lo conoce desde el primer momento.

-Spencer trabaja como publicista y asesor de imagen, una profesión que la ficción se ha encargado de retratar como inevitablemente cínica. ¿Ha de ser siempre así?

-Antes teníamos los medios de comunicación y las agencias de publicidad que trabajaban en un nivel claro. Otra cosa son las grandes agencias de comunicación, que se han constituido casi en un poder fáctico. Se dedican a conducir a la opinión pública por direcciones que nada tienen que ver con los intereses comunes. La publicidad puede venderte un champú o un coche, pero estas agencias quieren vender la bondad del fracking. Lo que se traen entre manos es otra cosa, un juego de poder.

-¿Qué es lo que se esconde detrás de toda la maldad de su protagonista?

-La sociedad norteamericana es muy vertical, en la punta de la pirámide está el blanco anglosajón y después por debajo vienen todos los demás. Es verdad que es un país de inmigrantes y que el quien tiene talento y trabaja duro sale adelante, pero los que realmente están en la cúspide son los WASP (white, anglo saxon and protestant). A Spencer el hecho de tener un abuelo hispano y parecerse físicamente a él es algo que le amarga la vida porque desentona en un circulo social homogéneo.

-Sin embargo en una visita a España se reconcilia con sus orígenes.

-Es el único momento en el que saca lo mejor de sí mismo. Le supone el conocimiento de una cultura que despreciaba por ignorancia y que le muestra otros modos de ser.

-El libro se presenta como una narración de toda su vida. ¿Puede que en el relato de estos recuerdos se encuentre una suerte de redención?

-Él lo que hace es un recuento de lo que ha sido su vida y en esos atisbos de conciencia se da cuenta de que si hubiese hecho las cosas de una manera diferente podría haber cambiado, no tanto su vida, pero sí las de los de su alrededor. ¿Lo hace para redimirse? Bueno, lo hace porque está en un momento cercano a la muerte y es un repaso a lo que ha sido, aunque sin arrepentirse de nada.

-Antes ha hecho referencia a los canallas de la vida real. ¿Qué arma tiene la sociedad contra ellos?

-La economía tiene que estar al servicio de las personas y no al contrario, eso es algo que los políticos se han dejado arrancar en las últimas décadas. Creo en una economía de libre mercado, pero con reglas. Lo que no puede ocurrir es que las crisis las pongan en marcha especuladores del peor capitalismo de casino y que las personas estemos totalmente inermes.

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