La enigmática belleza de la música

A pesar de no tratarse de una ópera de repertorio -que, curiosamente, posee una amplia discografía- 'El castillo de Barbazul', del compositor húngaro Béla Bartók (1881-1945), posee el atractivo necesario para ganarse al auditorio, y no es ajeno a ello el enigmático e interesante libreto de Béla Balázs, quien trata el argumento de manera admirable, planteando ideas que sirven para vislumbra el perfil psicológico de cada personaje y al mismo tiempo articular un mensaje, no sólo cargado de simbolismo como pudiera entenderse en una primera lectura, sino lleno de interrogantes que se manifiestan a través de toda la trama.

Esta obra fue el eje del concierto que escuchamos el pasado jueves en Villamarta, pero no adelantemos el decurso del programa ya que en la primera parte la Orquesta Sinfónica de Hungría ofreció la Sinfonía Hob. I: 104 'Londres' de Franz Joseph Haydn (1732-1809), la última del extenso catálogo del célebre compositor austriaco, compuesta durante su estancia en la capital inglesa donde llegó en 1791 invitado por el violinista Johann Peter Solomon.

András Ligeti planteó la interpretación de esta obra con unos conceptos tradicionales, entendiendo por ello que la suya fue una visión romántica, más al uso hace varias décadas y, en cierta medida, contraria al diseño historicista hoy en boga, su discurso estuvo desprovisto de aristas, trazando una línea melódica en la que el legato desplegó toda su hegemonía. Esto no quiere decir que su lectura estuviera exenta de belleza y sinceridad.

La segunda parte estuvo copada por la interpretación del ya mencionado 'El castillo de Barbazul' y si antes comentaba la valía del libreto no menos impresionante es la música que compuso el joven Bartók para su única ópera, donde parece haber sacado lo más escondido de su propio subconsciente para hacer frente, desde un punto de vista creativo, y superar el conflicto que le suponía orientar su obra -tanto estética como técnicamente- en dirección contraria a la que parecía dirigirse este género.

Entendamos que abordar una obra así no es fácil, sobre todo en versión concierto, pero tuvimos la suerte de asistir a una gran interpretación, con una pareja de protagonistas que demostraron claramente su identidad y conocimiento de la partitura. Excelsa fue la Judith de la mezzosoprano Andrea Meláth, de voz limpia y potente, enfrentándose con decisión a la gran masa orquestal en los momentos de mayor dinámica y ofreciendo sutiles inflexiones vocales en las sugerentes etapas que a veces reclama la obra.

El papel de Barbazul, en cambio, es más lineal requiriendo un bajo de voz contundente y que fue defendido en esta ocasión por István Kovács, que con aplomo respondió a los incesantes envites de su Judith, aunque a veces no con la potencia sonora que hubiera sido deseable.

La dirección de Ligeti fue precisa, dominando en todo momento la situación y demostrando que conoce bien la obra y a la orquesta.

Sumemos a la lista de óperas 'redescubiertas' en Villamarta, esta magnifica interpretación de un título que para algunos se habrá convertido ya en indispensable.

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