Los espacios ilustrativos de un artista y de un tiempo artístico

LA Generación Artística del 50 fue importante aunque haya quedado diluida en el contexto general de una Contemporaneidad que ha borrado muchos aspectos de un Arte que, décadas más tarde, impondría unos nuevos postulados, olvidando, o por lo menos dejándolas en el limbo poco trascendente y purificador del tiempo, la realidad de muchos artistas, generadores y dinamizadores del Arte Moderno en una España, esclerotizada por los patéticos y desesperantes desenlaces sociales de una Postguerra con escasas posibilidades y muchas necesidades. En aquellos años se pusieron muchas de las bases para que la tradición atemperara sus impulsos - sobre todo aquellos que mantenían intactas las esencias de una imitación epidérmica con mínimos recursos - y se produjera la necesidad de dar el paso adelante y adquirir los novedosos postulados que llevaban ya tiempo ejerciendo por todo el mundo, por los cuales unas nuevas formas rompieran con lo establecido y se empezara a fomentar la búsqueda y apertura de rutas alternativas.

Enrique Gran se encontraba entre aquel ramillete de artistas que, en aquellos, querían acceder hacia un Arte con más recursos. Allí estaban los participantes de aquella Escuela de Madrid, con Antonio López a la cabeza, que tanta trascendencia tuvieron, y algunos otros, entre ellos los gaditanos Vicente Vela y Jesús González; todos fueron los seleccionados en aquellas exposiciones que organizaba Luis González Robles desde el Ministerio de Asuntos Exteriores y que dieron a conocer por todo el mundo el Arte Español del momento.

Enrique Gran había nacido en Santander en 1928 y murió, de forma trágica, en Madrid en 1999, víctima del incendio que destruyó su estudio. Su pintura, que había comenzado muy apegada a los planteamientos de los que fueron sus compañeros madrileños, pronto se decantó por una nueva formulación donde lo figurativo iba, poco a poco, perdiendo sus contornos hasta adoptar nuevas posiciones con lo abstracto dejando sentir sus registros no imitativos y con sólo el color, las texturas y las formas componiendo nuevos espacios que hacen evocar una realidad que estaba perdiendo sus registros habituales.

La exposición, comisariada por la sobrina del artista, nos oferta muchos aspectos del trabajo de Enrique Gran, algunos simples bocetos o meros apuntes de una actividad profesional, a la que se accede desde obras que ponen de manifiesto ese universo complejo de Gran, donde lo real ha sido totalmente cuestionado para metamorfosearse en unos pseudoengendros que mantienen en la distancia la ilustración de la realidad para ofertar nuevos distritos representativos, visuales y, por tanto, significativos. La pintura de Enrique Gran, ese universo Gran que ilustra el título de la muestra, nos hace partícipes de un tiempo artístico perfectamente definido, nos conduce por una estética - heredera de ese tiempo- que patrocinó unas formas y unos modos que fueron patrimonio de un momento donde el Arte en España buscaba nuevas identidades.

La muestra nos convoca ante un autor poco conocido en esta zona y que protagonizó una página de nuestra historia artística reciente. Se trata de una exposición ilustrativa de un tiempo, de una pintura y de un autor. Poco más.

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