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El exorcista de la Vera CruzDon Matías y 'nuestro' Jerez

  • Vuelo de Brujas. Francisco de Goya.

La ciudad de la historia

HIPOS continuos, grandes suspiros y multiplicadas risas, sin freno, llantos que enternecían, vómitos, que parecían hacer trocar el corazón y las entrañas por la boca, calenturas ardientes y sangre vertiéndose por los labios, no cabía duda, pese a no darse crédito al contemplar un grupo de espiritados a quienes, siguiendo las tesis de Francisco Blasco Lanuza en su obra Patrocinio de ángeles y combate de demonios, habían sido poseídos por recibir a Cristo en pecado mortal, siendo objeto de las maldiciones y maleficios de los magos, brujas y hechiceras.

Lucifer se había conjurado con las almas de algunos desgraciados pecadores, viéndose en este abominable suceso el presagio de las más terribles desgracias y sufrimientos para estos cuerpos, que habían dejado de ser dueños de sí mismos.

Los cuerpos etéreos de estos demonios se habían introducido en la carne y la sangre de estos sujetos, que con signos inequívocos eran incitados a pecar o a ser salvajemente castigados. Como había dispuesto Martín del Río en su obra La magia demoníaca estos aparecidos estaban bajo la influencia diabólica, pues aborrecían la señal de la cruz, los nombres de los Santos y cualquier acercamiento de reliquias, agua bendita u otros sacramentos de la religión católica.

La apariencia externa de estos posesos con caras espantosas, los ojos desorbitados, chispeantes, sanguinolentos, los dientes afilados, agudos, sus voces muy dolorosas, debieron causar gran espanto entre los ciudadanos, que tuvieron la desgracia de toparse con estos individuos. Muy posiblemente sufrirían la sugestión de malos augurios, de la llegada de las tinieblas con las desgracias propias de los ángeles infernales, representados por los males de la época (hambre, peste, entre otras).

No, no es broma, en las postrimerías del siglo XVII tuvieron lugar unos hechos de auténtico escalofrío en nuestra ciudad. Algunos, una vez hayan leído este artículo, podrán argumentar que sólo se trató de un episodio digno de la historia de la ciencia psiquiátrica, exagerado por la ignorancia médica fruto de la época, pero nada más lejos de la realidad, ni obsesión, ni neurosis colectiva, se trató de un enigmático caso de posesión infernal acreditada con el refrendo del Tribunal de la Santa Inquisición.

Nos encontramos en los primeros días del mes de octubre del año de 1692, fecha en la que un grupo de vecinos de la ciudad se presentaron atemorizados ante el entonces Alcalde Mayor y Teniente de Corregidor, el Licenciado Diego de Bustamante y Medrano, así como de los diferentes Caballeros Veinticuatro, leyéndose en Cabildo un memorial en el que se solicitaba la mediación de la Ciudad para que remitiera carta al Provincial de la Orden Tercera de San Francisco, rogándole que el exorcista Fray Miguel de Porras y Silva, de esta citada Orden, no fuera trasladado fuera de esta ciudad, por cuanto dicho religioso era necesario "para el alivio de diferentes personas espiritadas que exorcizar".

La gravedad de esta circunstancia debió de ser de gran magnitud cuando estos vecinos, se presentaron ante los representantes municipales para solicitarles la ayuda precisa en aras de conseguir la permanencia de Fray Miguel de Porras, en quien habían depositado su más entera confianza para poner fin a estas posesiones diabólicas.

No fue un caso puntual, sino de tal grado, que como cita el referido memorial supuso la posesión en la "que actualmente se allan en este conflicto nueve personas vezinos desta ciudad ...", que se achacaba a que "a sido Dios servido de castigar las culpas grandes de nuestras flaquezas con permitir esten expiritadas diferentes personas padeciendo este tan imponderable y oneroso travaxo de la divina misericordia...". Ante la impotencia de atender a estos sujetos, que desconocemos de qué manera se pudo llegar a la conclusión de que estaban poseídos por el Maligno, se acudió a "la continua asistenzia y devota aplicazion que a tenido deste intento el reverendo Padre Predicador Jubilado fray Miguel de Porras y silva ministro que fue deste convento de la santa vera cruz".

Quedan patentes los dones espirituales, con que Dios había premiado a este religioso, con fama acreditada de Venerable, pues del tenor literal de este mencionado memorial se extrae lo siguiente: "con cuio devoto espiritu y autoridad sacerdotal an reconocido los expiritados gran Consuelo sujetando las fuerzas de los malignos espiritus a su obediencia y lanzando algunos que la divina misericordia a sido servido...". Entre los métodos utilizados para llevar a efecto estos exorcismos se cuenta la muestra de preciadas reliquias, tales como la Vera Cruz, la unción con los Santos Óleos y el roce con ciertos objetos, que estaban en contacto con imágenes sagradas con fama de milagrosas, como los mantos y velos, siendo de especial importancia el que se realizaran en lugares denominados " de poder " para incrementar la fe y gracia divinas para expulsar al Maligno.

La preocupación no hizo más que agravarse cuando estos vecinos, desamparados y presas del terror de la presencia física de Satanás, temieron que el citado Fray Miguel de Porras fuera trasladado de forma inmediata - dando cumplimiento a una patente de su superior Fray Francisco de Navarrete y Alcocer, Ministro Provincial de su Orden en el Convento de Nuestra Señora de los Remedios de Antequera - al convento de su Orden en la villa jienense de Alcalá la Real.

La Ciudad, atendiendo el ruego expresado por los afligidos vecinos, adoptó la decisión de escribir al referido Padre Superior de la Orden para que dejara sin efecto el traslado del devoto religioso Fray Miguel de Porras y que de esta forma pudiera concluir felizmente su labor de exorcizar a los nueve posesos bajo las garras de Satán.

Finalmente, los comisionados D. Francisco de la Cueva y Córdoba, así como D. Juan Francisco López de Mendoza escribieron en los términos antecedentes al Rvdo. Padre Provincial obteniendo una respuesta favorable a los intereses de los peticionarios, lográndose que Fray Miguel de Porras se quedara en el convento jerezano de la Vera Cruz para proseguir con su labor de expulsar las fuerzas de las tinieblas de los atribulados nueve poseídos.

No era la primera vez que la divina gracia de Dios había fructificado en el monasterio de la Vera Cruz, de nuestra ciudad. Debido a nuestra torpe memoria y la indiferencia con la que solemos tratar los antecedentes de la ciudad que nos vio nacer, hemos relegado al olvido la figura señera de Fray Andrés de Santa María, de la que se hizo eco, aunque brevemente, el Canónigo Francisco de Messa Xinete en su Historia Eclesiástica de Jerez de la Frontera, en la que nos da cuenta que una vez fallecido este religioso natural de esta ciudad, y debido a sus grandes méritos espirituales, la Ciudad asistió a su entierro y otorgó el poder necesario para que se realizara la información precisa de sus virtudes con el fin de lograr su beatificación en el año 1635.

Asimismo, la Santísima Virgen de las Lágrimas había intercedido en el año 1640 a favor del gallego Juan Toribio, presa de un hechizo, que tras su liberación, dedicó su vida a ser convocador de entierros.

Unas décadas más tarde, en 1690, se narra un hecho singular consistente en que un endemoniado fue llevado ante esta venerada imagen mariana y entre convulsiones llegó a echar un huevo, que al parecer le habían dado, manifestando entre alaridos que Lucifer le había pedido derribar el campanario, pero que la Santísima Virgen se lo había impedido.

Fco. Antonio García Romero

Nosotros siempre confiamos en el extremeño don Matías Ramón Martínez (correspondiente de la Real Academia de Historia), quien, con sinceridad que le honra, en El libro de Jerez de los Caballeros (Sevilla, 1892, reimpr. 1992, pág. 34) lo dejaba patente:

"Había en Jerez de la Frontera (convento jurídico de Gades) una población denominada Ceret, que es la misma que Teopompo llama Xera (Xera) y supone situada cerca de las columnas de Hércules; pero la lección genuina del nombre consta por las monedas que acuñó esta ciudad, de las cuales posee tres ejemplares el Archivo Numismático que ostentan por el reverso la palabra CERET; y por cierto que en una de ellas está grabada la T final en forma fenicia: CERE+".

Coordinadores/Centro de Estudios Históricos Jerezanos www.cehj.org

Eugenio J. Vega Geán

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