Un fantástico tributo musical

  • La Orquesta Barroca de Sevilla ofreció un extraordinario concierto bajo la batuta de Gustav Leonhardt

Fuera de abono, la Orquesta Barroca de Sevilla ofreció el pasado sábado un extraordinario concierto con obras de Muffat y Bach, bajo la maestra y veterana batuta del holandés Gustav Leonhardt, considerado actualmente como uno de los más eminentes especialistas en el campo de la música antigua, y que dirigió a la perfección a la OBS, formación ésta dedicada casi por entero a interpretar el repertorio de los siglos XVII y XVIII, y que le ha convertido desde hace algún tiempo en punto de referencia dentro del panorama musical de nuestro país.

La primera parte estuvo dedicada, como escribíamos al principio, al compositor nacido en Mégéve (Saboya), Georg Muffat, - La OBS abrió la función con el Concierto nº 9, 'Victoria Maesta'- un autor no excesivamente conocido para el público en general, pero sí por los amantes del repertorio centrado en el Barroco tardío, que abarca el último cuarto del siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII. La muerte de J.S. Bach se toma como fecha límite para el fin de este periodo musical.

La segunda parte del concierto, estuvo dedicada a Bach, con cantatas y arias que pusieron el broche final a una magnífica noche en la que se rendía homenaje a lo armónico y que no defraudó a nadie. Era difícil si tenemos en cuenta a quien dirigía y quiénes estaban en el escenario. Lo que sí resultó curioso fue lo que nos decía el programa de mano facilitado a la entrada del Teatro. Una nota adjunta de última hora nos recomendaba, por petición expresa del señor Leonhardt, que no aplaudiéramos durante la segunda parte ni a la finalización del concierto porque, a su parecer "un respetuoso silencio resulta más acorde con el alto contenido espiritual de estas obras". En fin, por esa misma regla de tres tampoco se debería aplaudir, pongamos por caso, a la finalización del Réquiem de Berlioz o de Mozart, y sin embargo se hace. La cuestión es que al término de las primeras piezas ofrecidas por la OBS, el público aplaudió y el director no pareció especialmente molesto. De hecho, invitó a los maestros a levantarse en respuesta a la cerrada ovación. Pero al final del concierto, tal y como se pidió, nada de nada. Ni un murmullo. Se acabó la función, se levantaron los músicos y a todos a casa. Bastante insólito en la historia de nuestro teatro.

Con esta actuación se pone punto final al trimestre en el Villamarta. Después vendrá el concierto de año nuevo, ya en enero. El final, decimos, si al Ayuntamiento no se le ocurre algún invento tipo 'Telemaratón' u otro engendro de similar naturaleza que convierta el teatro en una verbena como ya ocurriera el año pasado con tan buena intención pero con tanto desatino.

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