De farra en el mítico '33'

  • El espectáculo 'Hoy no me puedo levantar' llena en su estreno el Villamarta de un público enfervorecido que vibró casi desde los primeros acordes con las 'añoradas' canciones de Mecano

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El fenómeno Mecano sigue más vivo que nunca. Y que se lo pregunten a los cientos de personas que asistieron el martes al estreno en el Villamarta del musical 'Hoy no me puedo levantar', que se prolongará hasta el próximo día 15. El que menos, movió el pie al ritmo de las canciones del mítico grupo español. Y el que más, bailó y aplaudió hasta la saciedad sin cortarse. Canciones como la que da nombre al espectáculo, 'Cruz de navajas', 'Entre el cielo y el suelo', 'Haway-Bombay', 'Aire', 'Me cuesta tanto olvidarte', 'Maquillaje'..., hicieron de hilo conductor de una historia con tintes cómicos en la mayoría de sus partes, y dramáticos en algunos momentos. Estos últimos a veces sobraban y hubieran ajustado en una hora menos de duración el espectáculo.

Tiempos aparte, hay que destacar el papel de los protagonistas, Mario, Colate y María, que se dejaron la piel en el escenario, se ganaron al público con su interpretación, y no bajaron la guardia para animar al patio de butacas que, en ciertos momentos, languidecía. Una tropa de bailarines y cantantes, que aportaban gran parte de la banda sonora de la noche, los acompañaban, aunque en ocasiones sus voces se iban por la tangente. Un hecho, que en el conjunto, pasó desapercibido para los asistentes, que disfrutaron y tatarearon desde el primer acorde aquellas canciones que marcaron una época.

Y esperaba esta periodista una muchachada adolescente en la puerta del Villamarta deseosa de ver los torsos y las tabletas Nestlé de los bailarines, cuando luego, lo que encontró fue una generación diferente, emocionada con las canciones de Mecano. Pero una pasión que sólo puede ser fruto de la experiencia, es decir, de haber vivido en primera persona los éxitos del grupo, especialmente a lo largo de los ochenta y noventa. Cuarentones (y más arriba), con mucha honra, que aunque al principio un poco cortados, se prestaron a regalar palmas y coros cuando los actores los pedían.

La animación fue tomando grados a lo largo del espectáculo, sobre todo, en los momentos más románticos del montaje, cuando chica (María) rechaza a chico (Mario), cuando se reencuentran, o la trágica vida de Colate, el triunfo del grupo Rulé... Otra de las escenas más aplaudidas fue cuando los amigos homosexuales de uno de los componentes del grupo (Guillermo) asesoran en imagen a otro miembro de Rulé (llamado Luna en sus orígenes), y al que le piden, casi le imploran, que no se ponga pantalones de pana: "¡Pana no, pana no!".

Toda una serie de escenas que reflejan la vida de los ochenta y de la renombrada Movida madrileña, con todo lo que ello engloba: arte, drogas, sexualidad, música, amor, dinero, éxito...., en el mítico bar '33', de donde Mario salió aquel fatídico día a las cinco menos diez (según Mecano). En este establecimiento es donde se desarrolla prácticamente toda la trama del espectáculo, que se lució también en los decorados, que aportaron originalidad al montaje y dinamismo al desarrollo de la historia.

Y al final, y llevando la contraria al nombre de este montaje que triunfa en todo el país, el público sí se quiso levantar, pero para ovacionar a los reyes de su noche, a los que le hicieron montarse un paraíso, sin ser esto Haway.

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