jorge fernández gonzalo. escritor

"El fascismo perdió la guerra de las armas, pero ganó la de las imágenes"

  • El autor madrileño es el ganador de la última edición del Premio Málaga de Ensayo con su libro 'Iconomaquia. Imágenes de guerra', que publica la editorial Páginas de Espuma

Jorge Fernández Gonzalo (Madrid, 1982), hace unos días, en la presentación de su libro en Málaga. Jorge Fernández Gonzalo (Madrid, 1982), hace unos días, en la presentación de su libro en Málaga.

Jorge Fernández Gonzalo (Madrid, 1982), hace unos días, en la presentación de su libro en Málaga. / javier albiñana

Doctor en Filología Hispánica y en Filosofía, Jorge Fernández Gonzalo (Madrid, 1982) fue finalista del Premio Anagrama de Ensayo en 2011 por Filosofía zombi y ha publicado otros títulos como Pixelar a Platón (2015) y Guía perversa del viajero en el tiempo (2016). Ahora acaba de ganar la octava edición del Premio Málaga de Ensayo José María González Ruiz con Iconomaquia. Imágenes de guerra, un pormenorizado análisis de las imágenes que generan los conflictos en el presente que publica la editorial Páginas de Espuma.

-La noción de las imágenes de guerra como espectáculo es clave en su libro. ¿En qué medida la multiplicación abultada de estas imágenes corresponde a la lógica capitalista? Donald Trump acaba de aumentar el presupuesto de Defensa en Estados Unidos y ha pedido el mismo esfuerzo a sus socios de la OTAN, ¿no es de esperar entonces una mayor difusión de imágenes en el futuro inmediato, dado que todo espectáculo reclama masas de televidentes?

-La imagen es objeto y, por tanto, mercancía. La lógica capitalista obedece a la plusvalía que genera la difusión de las imágenes, en relación al consumo, el mundo financiero, las empresas y otros aspectos. Precisamente, cuando la imagen se convierte en mercancía a través del capitalismo es cuando hablamos de espectacularidad. Pero la guerra siempre ha tenido una razón económica, porque desde el principio ha estado ligada a una cierta superproducción. Y esto no sólo se da en el capitalismo, también incluso a nivel tribal.

-Habitualmente se considera la Guerra del Golfo la primera guerra televisada, pero ¿no fue este despliegue una consecuencia natural del cine bélico y de los videojuegos que tanto éxito tuvieron en los 80? ¿No se había adiestrado ya al espectador para algo así a través de la ficción?

-Los medios audiovisuales tienen siempre una dimensión performativa, en el sentido de que transforman la realidad. Y la guerra, como objeto, como mercancía y también como fenómeno histórico, queda igualmente transformada a ojos del espectador a través de los medios. De modo que sí, seguramente aquella Guerra del Golfo se emitió de manera convenientemente intervenida para el público que participaba de una cierta cultura bélica a través de todas aquellas películas de Rambo y de los videojuegos, que modelan la mentalidad de manera muy concreta con respecto a la violencia y la muerte del contrario. Pero yo soy un defensor de la cultura popular y considero que el problema no es el videojuego, sino el uso que se haga de él. De hecho, se han creado videojuegos para denunciar campañas bélicas. Y hasta se han hecho simulaciones hackeadas que revelan los nombres concretos y reales de las víctimas fallecidas en diversos conflictos.

-Cuenta usted en Iconomaquia que en el año 2000 Estados Unidos tenía el copyright del 75% de las imágenes que circulaban en todo el mundo. ¿Es éste el mayor premio que implicó ganar la Guerra Fría?

-Seguramente ese dato ya ha cambiado mucho, dada la manera en que han evolucionado los medios de difusión de imágenes. Pero sí, no hay más que recordar algunas películas para ver cómo el cine ganó la Guerra Fría. En muchas producciones de ciencia-ficción, por ejemplo, los buenos disparaban rayos azules y los malos disparaban rayos rojos. En nuestra infancia éramos perfectamente conscientes de esto y lo asumíamos sin más, no lo cuestionábamos, así que el discurso se propagaba de manera muy eficaz.

-Por más que los regímenes comunistas desarrollaran una propaganda brutal a través de la manipulación de las imágenes...

-Sí, pero el uso de las imágenes en el presente, y especialmente de las imágenes de guerra, tiene más que ver con el fascismo ideológico que con la propaganda comunista. El fascismo tenía muy clara una idea de intervención en la realidad a través de las imágenes que es la que ha perdurado hoy día. Ahí nos ganaron a todos. El fascismo perdió la guerra de las armas, pero ganó de un modo incontestable la de las imágenes. Y sigue ganándola. Sus procedimientos al respecto se mantienen plenamente vigentes. Aquellos rodajes de los discursos de Hitler en los que se filtraba de manera cristalina la luz del amanecer dictaron lo que en gran medida se sigue haciendo hoy. Si hay un referente claro en lo que se refiere al tratamiento de las imágenes de guerra, sin duda alguna es Leni Riefenstahl.

-¿Eso tiene que ver con aquellas imágenes de Hillary Clinton durante la caza de Bin Laden, en las que parecía dirigir desde su mesa tanto la operación militar como la emisión de la misma?

-Así es. Si algo tenemos claro a estas alturas es que ya no podemos separar la intervención militar de la gestión de sus imágenes. Hay que tener controlado tanto lo uno como lo otro. Y esto lo saben muy bien en Estados Unidos porque han perdido algunas guerras que tenían ganadas por las imágenes que trascendieron de ellas. No controlaron bien ese aspecto y se les fue de las manos.

-Llama usted la atención sobre el modo en que el cine bélico ha tendido a hacerse más realista y explícito, con ejemplos como Salvar al soldado Ryan de Steven Spielberg. ¿Qué influencia ha tenido la mayor emisión de imágenes de guerra en este asunto?

-En esa emisión influyen distintos medios, no sólo el cine, y cada uno procura buscar su hueco, su oportunidad. Cuando Picasso pintó el Guernica hubo quien quiso considerarlo una fotografía, y el mismo Picasso se prestó a eso dándole al cuadro aquel aspecto de revelado en negativo; pero al mismo tiempo estaba dejando claro que lo suyo era la pintura y que no tenía que competir con la fotografía. Por eso, en vez de una bomba, se permitía pintar una lámpara. Con el cine pasa un poco lo mismo: ya no puede competir con la espectacularidad de la guerra emitida en directo, así que parece dedicarse más bien, digámoslo así, a denunciar la imbecilidad de la guerra. Hay que tener en cuenta que la guerra es una situación llena de irrealidad: si estuviéramos allí, lo más probable es que no nos enterásemos de nada. Pero al cine esta irrealidad se le escapa.

-¿No sería entonces más fiel a la realidad de la guerra, aunque resulte paradójico, un cómic como el Maus de Art Spiegelman, donde la irrealidad sí queda manifiesta a través de la animalización?

-Sí, pero ten en cuenta que el realismo tiene sus propias reglas de representación. En el fondo, el realismo tampoco es realista. Otra cosa es que la alegoría y el código metafórico puedan perseguir objetivos diferentes.

-¿Por dónde cree que irán los tiros en los próximos años?

-Hay un episodio de Black Mirror que narra cómo será la guerra dentro de 30 años y me parece muy acertado. De entrada, la clave está en la realidad virtual. La tecnología permitirá al soldado ver a los enemigos no como seres humanos, sino como monstruos o insectos. Esa desrostrificación eliminará cualquier empatía en el campo de batalla. Habrá que prepararse para verlo en la pantalla.

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