La no feria

Este verano muchos aficionados habrán echado de menos la Feria de Arte Contemporáneo que, desde hace tres años, se celebrado en los espléndidos espacios del Castillo de Santa Catalina. Esto tiene varias lecturas. Por un lado, parece lógico que en una provincia en la que actualmente las galerías están muy bajo mínimos -sólo la jerezana Ramón Belén y Neilson Gallery de Grazalema, con la particular aportación de G40 de San Fernando - no haya un excesivo interés por una feria que, además, ha presentado muchas circunstancias no demasiado edificantes. Sin embargo, a pesar de todo era una oportunidad de reencontrarse con una profesión, con un arte y sus realizadores que ofrecían muchos matices y con una filosofía comercial y artística de lo más apasionante. No obstante, la Feria manifestó unos desarrollos que dejaron mucho que desear. Había necesidad de una dirección técnica que pusiera un poco de orden, que implicara de lleno a las instituciones - incluida la entidad organizadora que estaba como muy perdida -, que marcara unas pautas serias y claras a seguir. Además se exigía una selección de galerías - me consta que algunas andaluzas de solvencia reconocida se han quedado con ganas de participar - y, además, rechazar a las que no tuvieran entidad suficiente y a los artistas cuyo patrimonio artístico no estuviera a la altura. También se ha echado de menos la participación de instituciones artísticas que ofrecieran un trabajo de manifiesta trascendencia - no como el año pasado que se invitó a una galería inexistente con una exposición poco convincente, con muy pobres argumentos -. A pesar de todas estas circunstancias esquivas, la Feria de Arte Contemporáneo era totalmente necesaria; máximo en una ciudad y en unos tiempos en los que lo artístico no patrocina nada digno de mención. La ausencia de la celebración de esta Feria ha originado una fórmula que no tiene nada que ver con la realidad que existe tras un acontecimiento de este tipo y que consiste en que una serie de galerías - ya hemos comentado la escasa existencia de las mismas, aunque, después, se acudan a unas pseudogalerías o lo que sea, virtuales o inexistentes - que intervendrán durante un mes - cada una - el espacio de la capillita del Castillo. Idea que sólo puede ser interesante en el sentido de que posibilitará llenar de contenido de es espacio, pero nada más. La filosofía de Feria de Arte Contemporáneo perderá su carácter. Claro que debido al interés mostrado por unos y por otros, mejor será olvidarse del asunto. ¡Es una pena! Echémosle la culpa a la corrida crisis y no a la absoluta falta de ideas y de interés.

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