Una función real(mente) pobre

  • La corrida del Corpus de Sevilla, sin trofeos para Curro Díaz -soberbio con la espada- Salvador Vega y Oliva Soto, en su doctorado, se salda con dos orejas generosas para el rejoneador Diego Ventura

Muchos soldados de infantería. La caballería, por delante. Una alternativa. Lleno. Espléndida climatología. Pero el espectáculo no llegó a romper. Dos de los toreros de a pie contaron con oportunidades para conseguir trofeos: Salvador Vega y el toricantano Alfonso Oliva Soto, pero se quedaron a verlas venir. Curro Díaz, sin lote potable, hizo honor a su oficio de matador de toros y propinó dos grandes estocadas, la primera sobresaliente, tirándose de verdad y enterrando el acero arriba. El rejoneador Diego Ventura fue premiado excesivamente con dos trofeos tras rematar su faena con un bajonazo y Oliva Soto dio una vuelta al ruedo, con algunas protestas, tras una estocada, de feísima colocación, de la que salió prendido y tres descabellos. Por tanto, poquitas cosas que destacar, con resultados tibios. De hecho, la primera y la última ovación, que fueron de las más fuertes, tuvieron como destinatarios a su Majestad el Rey y a su hija la Infanta doña Elena, que presidieron honorariamente desde el Palco del Príncipe.

Abrió plaza el rejoneador Diego Ventura con un noble toro de Bohórquez, que se paró pronto y fue tardo. Ventura, muy dispuesto, arriesgó hasta el punto de que el toro le tropezó seriamente una de las cabalgaduras, cuando toreaba a dos pistas. Se lució en dos palos al quiebro, con una pasada en falso entre medias. Llegó mucho al público con Morante en las cortas, cuando el caballo intentó morder al toro. Entre los más destacado, un par a dos manos. Mató de bajonazo con derrame. Increíblemente, le concedieron dos orejas.

Alfonso Oliva Soto, en su alternativa, rozó el triunfo. No remachó. El toro del doctorado, Jerezanito, número 3, negro, bragao, meano, de 502 kilos, bien hecho, cumplió en varas y esperó en banderillas. Embistió bien por el pitón derecho y tardeaba y se quedaba corto por el izquierdo. Oliva, que brindó al cielo y al Rey, planteó la faena en los medios. Con la diestra consiguió dos buenas tandas. Tras comprobar que por el izquierdo no había mucho que rascar, volvió a la diestra con un toro ya muy apagado en el epílogo. En la suerte suprema precisó del descabello tras un pinchazo y una estocada corta. Sucedió algo insólito, en el primero de los dos intentos de descabello, la punta del verduguillo se partió.

En el que cerró plaza el nuevo matador de toros salió con más ansias de triunfo. El burraco, sin entrega en los primeros tercios, arrolló y derribó con peligro al banderillero Javier Andana. De nuevo, la labor tuvo los mejores momentos por el lado derecho, en series cortas, brillando en los remate, como pases de pecho y trincherillas. Por el izquierdo, con varios enganchones, descendió la intensidad. En la estocada, en la que el acero asomó por el costillar, salió prendido aparatosamente. El público quedó impresionado. El toro recorrió el anillo -la espada, tal como había quedado, no hacía daño- y el torero precisó de tres descabellos. La vuelta al ruedo fue excesiva como balance para una plaza de la categoría de la Maestranza.

Salvador Vega tampoco llegó a dar el paso definitivo que precisa. Con el noble cuarto tardó en centrarse, con unas primeras tandas en las que toreó muy despegado. Luego, dio una serie con la diestra con muletazos hondos, muy expresivos. Con el toro ya con escasa pujanza, Vega, cruzándose y tirando del toro, dibujó naturales sueltos de bella factura. El epílogo, con la diestra, fue encimista con un burel paradísimo. Falló a espadas.

Con el sexto, de escasa acometividad, labor voluntariosa, que comenzó con un emotivo pase por la espalda en la larga distancia y que tampoco rubricó con el acero.

Curro Díaz tuvo un lote infumable. Sin duda, consiguió lo mejor de la tarde. Dos estocadas de nota. La que propinó a su primero, sobresaliente. Ese toro, manso, topaba y se frenaba. El público protestó para que abreviase. El linarense se las vio con otro animal descastado, sin motor, con el que estuvo voluntarioso y al que propinó otra estocada de libro.

El festejo, con asistencia real, fue una función con muchos intervinientes pero real(mente) pobre en resultados.

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