“Me gusta creer que mis novelas las lee gente que no piensa como yo”

  • El Premio Nadal del año 2000, Lorenzo Silva, que inauguró ayer las XIV Jornadas de Historia de Jerez, habla de su trayectoria profesional y su visión sobre la creación y el estado del mercado literario

—Usted se confiesa un profundo admirador de la Guardia Civil. Sus personajes más conocidos, Belvilacqua y Chamorro, son miembros de la Benemérita. ¿Fue primero su afecto por sus personajes o al revés?

—Respecto de la Guardia Civil antes de escribir estos libros y hablar de estos personajes, tenía una percepción diría que positiva. Por lo menos no participaba del halo negativo presente en muchos medios, y sobre todo en muchos próximos a mí. Yo no participaba de ese sistemático recelo que ha habido en general en la literatura española hacia la Guardia Civil. Siempre ha sido vista como una realidad muy negativa. Desde García Lorca pasando por muchas otras historias. En cierto sector ha tenido muy mala imagen, como un cuerpo básicamente represor. Creo que hay elementos que me hacen tener corrientes de simpatía, por ejemplo que es un cuerpo al que le ha tocado mantener la Democracia; quizá poniendo más muertos que ningún otro cuerpo. Y otra cosa es que he visto gente muy respetuosa con los derechos de los ciudadanos.

—¿Cómo han transcurrido esos ocho años desde que ganó el premio Nadal con ‘El alquimista  impaciente’, donde aparecen Belvilacqua y Chamorro?

—Yo diría que los personajes de esta novela siguen vivos después de ocho años. Surgió la necesidad de que siguieran ahí, pero también de llevarlos más allá. Lo que no podía hacer era quedarme en los hallazgos que pudiera tener. Los personajes, para mantener la serie viva, tienen que evolucionar.  También he ido evolucionando en las otras líneas que he seguido como escritor. Siempre he creído que la literatura policiaca es interesante para el lector, pero que como escritor debía hacer más cosas, no quedarme encasillado en lo concreto.

—Ha ido explorando.

—Sí. En todos estos años he descubierto cosas y estoy contento porque, por ejemplo, quería aproximarme a la historia de España a través de la literatura. Lo he hecho en un par de libros y estoy satisfecho por ello. En otros aspectos quería hacer un retrato de la sociedad española contemporánea de forma muy pegada a la realidad. He seguido trabajando en las líneas que tenía abiertas, pero he evolucionado y adaptado a los cambios.

—La mirada crítica que usted dice ejercer en sus novelas policiacas, sobre el comportamiento humano, el porqué de los crímenes etc., ¿es más una torre de vigía o un veredicto lapidario?

—Yo creo que el escritor tiene que adquirir cierto compromiso y una postura.  Tiene que tener una actitud con la realidad, pero al mismo tiempo creo que el novelista debe ser más un provocador, un suscitador que un instigador de que esa reflexión vaya en una dirección determinada. A mí me parece que lo que hay que hacer cuando se escribe es exponer, y hacerlo de una manera original, de la manera lo más profunda posible. Que a partir de ahí el novelista quiera imponer una visión del conflicto sobre cómo debe afrontarse, pues bueno, no creo que deba ser así. Quiero pensar que mis novelas las lee gente que no piensa como yo.

—Al hilo de las historias que el novelista cuenta, usted piensa que no es malo que las historias tengan cierta libertad.

—Por su cuenta nunca terminan de ir. Al final se mueven dentro de unos cauces que el propio creador  está marcando, pero que siempre tiene que ver con lo que es, con lo que quiere decir y cómo ha aprendido a decirlo. Pero sí es verdad que hay momentos de la narración que escapan al designio previo. Eso no me parece malo. Mientras estás trabajando realizas hallazgos mejores. Me parecería un error y muy poco inteligente rechazar esos hallazgos mejores simplemente por no apartarse del plan inicialmente previsto. Tienes que encontrar la manera de hacerlo todo coherente con el planteamiento general de lo que estabas contando. Un personaje no puede hacer cualquier cosa e irse en cualquier dirección. Tienes que estar abierto a que la propia historia te sorprenda pero siempre dentro de un orden y con una visión del sentido de lo que estás contando.

—Hay quien opina que lo que es comercial no es bueno. Me gustaría saber si ese binomio calidad-comercialidad, está reñido.

—Lo primero que hay que explicar es que la comercialidad de un libro se ve a posteriori. Eso nunca se ve cuando lo estás escribiendo. Realmente cuando yo he escrito mis libros sobre la pareja de guardias civiles, no me ha perecido que sean temas especialmente comerciales. No estaba el ambiente demasiado propicio para que los protagonistas fueran de la Benemérita. Decir que esa comercialidad, que siempre se ve a posteriori, repito, está restándole calidad al empeño creativo, por lo menos a mí me parece sorprendente. No me parece lógico.

—Tampoco depende de que un libro sea más o menos elitista

—Cuando abrimos esa cuestión alejamos al lector del libro. A mí me ha sorprendido que me digan yo he buscado la comercialidad en una novela cuando ni en la escritura de esa novela, ni en la lectura aparece para nada esa comercialidad.

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