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"Me gustaría hacer ópera, pero no me importa esperar"

  • La joven soprano extremeña Delia Agúndez presenta en el sello madrileño Enchiriadis un álbum dedicado a los dos Purcell, el genial Henry, 'Orfeo británico', y el casi ignoto David

Se formó en la Escuela Superior de Canto del Liceo de Barcelona con Carmen Bustamante a la vez que estudiaba musicología en la Universidad de La Rioja, pero fue después cuando Delia Agúndez se interesó por la música antigua, a la que dedica hoy casi todos sus esfuerzos: "Me siento muy cómoda en este terreno. Me identifico a la perfección con su lenguaje. Y me queda mucho por aportar, porque mi dedicación profesional a la música antigua es muy reciente, apenas llevo cuatro años".

-En realidad éste es su primer disco en solitario, el primero cuya producción controla musicalmente, ¿por qué se decidió por este repertorio?

-Me apetecía hacer algo del siglo XVII y repasando lo que tenía en casa empecé a descartar. Acababa de salir el disco de música francesa que grabé con La Bellemont. De música española estaba muy reciente también el disco con música de la época de Isabel de Castilla que canté con Cinco Siglos. Y en cuanto a música italiana, en los últimos años otras sopranos españolas como Raquel Andueza o Mariví Blasco han hecho cosas estupendas y no me quería poner a pelear con ellas, teniendo otros repertorios a mano. De pronto abrí un recopilatorio con música de Henry Purcell, y se me encendió la bombilla. En España nadie había grabado un monográfico con sus canciones de cámara, y eso me decidió definitivamente.

-¿Y por qué añadir a Daniel Purcell, qué encontró en su música que mereciera ponerlo junto al genio de su hermano?

-Yo sabía que este compositor existía, entre otras cosas por aquel añadido final que hizo a The Indian Queen, que Henry dejó incompleta, pero casi nada más. Me atrajo esa doble condición, su relación familiar con un genio como Purcell, pero a la vez el que sea tan desconocido; incluso aún no está tan claro que fueran hermanos, bien pudieron ser primos. A los inquietos por naturaleza, el misterio nos motiva. Y de cara al público podía ser también algo poco convencional. Me puse a buscar música suya, pero lo primero que encontré fueron algunas piezas teatrales en diversas recopilaciones, nada demasiado interesante. Pero luego llegué a un manuscrito de la Universidad de Cambridge que incluye seis cantatas para voz y bajo continuo escritas a la manera italiana. Y esa música sí me atrajo, podía ser un complemento ideal para Henry, la oportunidad de sacar a la luz a un hermano casi desconocido y hacer una comparativa de su trabajo.

-¿Puede resumir esa comparación?

-Son obras dispares, pero la influencia de Henry se aprecia en algunos aspectos. Daniel trataba de adaptar la música de cámara inglesa a las corrientes italianas que llegarían con posterioridad, sobre todo a partir de Haendel: uso de arias da capo, escritura de líneas melódicas más amplias, pero todo eso no puede desligarse nunca del texto y la búsqueda de la expresividad, de los acentos, del énfasis sobre determinadas palabras, que eran tan típicos de su hermano.

-¿Por qué se decidió por este acompañamiento de cuerda pulsada, teclado y violonchelo?

-Quería mucho color, variedad, instrumentaciones diferentes, pero a la vez un sonido potente, mediterráneo, con mucha personalidad y carácter. Por eso por ejemplo elegí un violonchelo en lugar de una viola da gamba, quizá más apropiada al contexto inglés. El cello podía dar un toque más apasionado a muchas de las piezas, y además podíamos sacar mucho partido de sus graves. En las introducciones, canta de una manera que me emociona, con ese sonido tan redondo y tan cálido. Hicimos también algunas piezas con órgano, buscando atmósferas y colores distintos a los que da el clave; usamos la guitarra barroca para piezas desenfadadas, pastorales, festivas; y los graves del archilaúd me vinieron fenomenal cuando necesitaba enfatizar el sentido de un poema con palabras muy duras o expresivas y quería más empaque en el bajo. El texto ha sido crucial a la hora de definir todo el trabajo de instrumentación. Yo ni podía ni quería hacer un disco de música inglesa como la tocan los ingleses; quería dejar muy claro que somos músicos españoles haciendo música inglesa.

-Su actividad es frenética. Colabora con muchos grupos diferentes en repertorios que van del medievo al Barroco. ¿Es fácil adaptarse al estilo de cada cual?

-Como músico creo que soy muy versátil y flexible, y me adapto bien a lo que cada uno pide. Cada vez hay más grupos en España y cada cual quiere aportar su idea musical, sea en sonido, técnica, interpretación o cualquier otra cuestión. Cuando yo busco mi propia forma de hacer quiero cosas muy concretas. Así que trato de contribuir a lo que quieren los otros, trato de adaptarme a lo que buscan. Cada cual quiere sacar su sonido, hacerlo de una manera diferente, y esa es la riqueza de la música. Yo aporto, pero también me enriquezco de esto. Lo que voy captando de los distintos grupos, junto a mi propio trabajo individual, lo he revertido en The Purcells, para el que pude tomar decisiones más personales. Yo creo que una misma partitura puede hacerse de mil maneras diferentes y todas son lícitas, aunque no tienen por qué gustarte todas. Los cantantes tenemos que ponernos al servicio de lo que quieren los directores, salvo que te pidan algo que vaya en contra de tu propia naturaleza o de tu voz, entonces tienes que pararte y negociar. Pero para mí es una motivación y un reto que me pidan cosas diferentes, siempre que respeten mi instrumento. Es motivador. Me pasó con La Bellemont: ellos querían que la voz fuera como un instrumento más de la textura musical. Fue muy duro, pero el resultado al que llegamos me encantó.

-¿Y entre sus proyectos no está formar su propio grupo?

-A medio y largo plazo, sí. De hecho, el planteamiento de este disco se hizo un poco con esa idea, aunque pensé que no era todavía el momento, por eso en el CD aparecen los nombres individuales de los intérpretes y no el de un grupo. En ese sentido, este disco ha sido algo más democrático, me lo tomé como una parte de mi aprendizaje. Mi prioridad principal es ampliar la cartera de grupos con los que trabajo para seguir empapándome de lo que se hace no sólo en España sino también en Europa. Enriquecer mis ideas, para hacerme una músico más completa. Pero sí, en el futuro me gustaría tener mi propio grupo en el que desarrollar mis ideas personales.

-Entre tantas cosas, ¿algún repertorio preferido?

-Me gusta todo. Aunque es cierto que a veces echo de menos la especialización. En España parece que los que hacemos música antigua tenemos que hacer cualquier cosa. A mí no me importa, porque estoy en una fase en la que puedo probar de todo. Pero creo que sería bueno que hubiera un poco más de especialización. En general creo que el espacio en el que más cómoda me siento es la música del siglo XVII. Me encantó hacer Couperin con La Bellemont. Pero, por ejemplo, también me veo fenomenal trabajando con Cinco Siglos en un repertorio sobre todo renacentista. También me gustaría hacer ópera barroca, pero a lo mejor es pronto todavía, no me importa esperar.

the purcells

Delia Agúndez y acompañantes. Enchiriadis (Sémele)

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