En mi hambre mando yo

l Chocolate. Centro Andaluz de Flamenco Vol. 3. Con la guitarra de José Cala 'El Poeta'.

EL título que hoy hemos a dado a nuestro artículo es en realidad una célebre frase acuñada por Antonio Núñez Chocolate, toda una declaración de intenciones que refleja a todas luces toda una filosofía del ser y del estar de este jerezano afincando en Sevilla, como también lo fue quien le acompaña, José Cala 'El Poeta'. Nos hallamos pues ante dos figuras jerezanas que como muchos artistas de esta tierra tuvieron que emigrar a otra tierra de oportunidades, Sevilla, acogedora por excelencia muchos fueron los intérpretes de nuestro arte que decidieron, desde el siglo XIX, asentarse en los muchos espacios que la ciudad brindaba a los flamencos, desde Triana a la Alameda de Hércules. Este registro que presentamos pertenece a los fondos del Centro Andaluz de Flamenco habiéndose grabado en directo en los años 1977 y 1978 , es pues una grabación que presenta a dos artistas al desnudo, donde como una buena faena taurina queda lo que queda, de hecho Chocolate lo testimonia ante el público trianero al que le dice que "el cante pasa, no es cuadro que se pinta y en el que se recrea uno" por eso se muestra celoso de su quehacer artístico y reclama sus espacio: que es el silencio del público y, aunque no quede explícito en la grabación, tampoco eran de su gusto los guitarristas que le restaban protagonismo, no aceptaba discrepancias participatorias.

Antonio Núñez Montoya 'Chocolate' fue un intérprete hecho a sí mismo y, por mucho que lo queramos hacer jerezano en el sentido más amplio del término, tenía mucho de la escuela sevillana, pues Sevilla lo acogió a una temprana edad, en Sevilla se crió y … Sevilla lo hizo suyo.

Las geografías excluyentes son unas de las particularidades que más definen al flamenco, esas adscripciones, como los árboles, muchas veces no nos dejan ver el bosque. De alto valor son estas grabaciones por cuanto nos presentan otra manera de concebir los espacios del flamenco, esta grabación se registró en pleno momento de efervescencia de los festivales y en un momento histórico en la sociedad andaluza de entonces: democracia, autonomía, reafirmación de identidades, etcétera.

Se habla hasta la saciedad de lo parco que era Chocolate a la hora de interpretar los cantes festeros, como si fuera una asignatura pendiente en su curriculum, particularmente tengo dudas de esa supuesta incapacidad a la hora de ejecutar los cantes festeros, más bien y teniendo en cuenta su acusada personalidad se deduce que no eran de su gusto y por lo tanto rechazaba su interpretación, lo que no era óbice para que los conociera. La historiografía flamenca también cuenta con intérpretes que tienen un corpus muy específico de cantes cuyo modelo expresa también una actitud ante la vida y porqué no ante los públicos.

El disco consta de diez cortes en los que no faltan sus conocidos fandangos; un más que interesante Taranto; dos seguiriyas de clara ascendencia sevillana y un majestuoso trío de martinetes. Un magnífico trabajo que revela cuan importante es que se saquen a la luz este tipo de grabaciones donde lo fresco y espontáneo es ante todo una virtud.

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