Sobre "nuestro hombre en Jerez"

  • La Sala Compañía dedica una emotiva mesa redonda al fotógrafo jerezano Adrián Fatou en la que una serie de amigos desgranan su amistad con el autor, fallecido en diciembre

Muchas de las cosas que se contaron ayer en la Sala Compañía no le hubieran gustado nada de nada a Adrián. Y no porque se hablara mal de él, todo lo contrario, sino por el nivel de protagonismo del homenajeado. Con su fino sentido del humor, se hubiera negado a tanta alabanza: "todavía es que no he mostrado mi lado oscuro", reiría. Un hombre discreto, tranquilo, bueno. No le gustaba llamar la atención. Pero la llamaba, porque no se podía ser más buena gente. Lo sabe bien su familia, sus compañeros de trabajo, sus amigos, su colegas fotógrafos... Adrián Fatou, fallecido el pasado diciembre, recibió ayer de los que le querían un homenaje con palabras, en una mesa redonda que forma parte del programa del Festival 'FotoJenia' 2016, que este año está dedicado a los miembros fallecidos de la Agrupación Fotográfica San Dionisio, organizadora de la cita.

Un acto complicado, cargado de emoción, demasiada para aguantar tanto trago. "Hablar de la persona es muy difícil. Hablar de él por la ausencia y desnudar en público una relación de 40 años...", dijo su amigo Javier Sánchez Rojas, presidente de la CEC. "Un hombre del renacimiento, apasionado, entregado, generoso. Nos conocíamos de memoria y nos reíamos de las reacciones del otro. Nos parecíamos en gustos y preferencias". Se conocieron en el curso 76-77 de La Salle Buen Pastor, y la amistad creció. "Uno de nuestros secretos es que no hablábamos de trabajo para disfrutar así de la compañía". Son muchos sentimientos, muchas anécdotas que sólo caben en el corazón, no en una página.

Otro amigo, y como miembro de la Academia San Dionisio, Juan Salido Freyre, recordó el énfasis de Fatou en la publicación del libro '175 años de historia de la fotografía' y en la exposición que hizo sobre Hernández Rubio en Pescadería, en la que colaboró la Academia. "Era una persona que arrastraba a la gente con cualquier propuesta. Tenía estas características principales: era un entusiasta, movido por la fuerza y certeza de sus acciones; una persona equilibrada, estable, daba gusto hablar con él. No se enfadaba nunca, amable, sin ninguna crítica hacia los demás. Y era positivo, dispuesto a ver lo mejor en los demás".

Más amigos, Rafael Garófano, otro amante de la fotografía. Y aunque el encuentro fue tardío, "cuando terminé conociendo a Adrián y sus trabajos, no solo lo valoré y lo introduje en mi grupo de historiadores andaluces de la fotografía, sino que rápidamente vimos que, por su formación, conocimientos y dedicación, felizmente volvíamos a tener 'nuestro hombre en Jerez'". Pronto surgió una gran sintonía. "En algunos viajes que hicimos juntos nunca había tiempo suficiente para contarnos cosas, como si quisiéramos recuperar el tiempo que estuvimos sin conocernos. Por delante, proyectos juntos y segura satisfacción de ampliar nuestra amistad. Pero en un brusco quiebro de la vida nos quedamos sin "nuestro hombre en Jerez" y sin un gran amigo".

Para Carmen Oliva, presidenta de la Agrupación, Fatou era "uno de los pilares más importantes dentro de la entidad. Fue presidente durante dos años y levantó la sede desde la decadencia. Gracias a él tenemos la Torre del Agua. En cada uno de los proyectos donde él estaba presente siempre nos involucraba y el nombre de la Agrupación aparecía en todos ellos. Sabía perfectamente dónde había una gran persona y un gran fotógrafo. Soñaba y creía en 'FotoJenia' (fue el comisario de la primera edición, en 2014). Incansable en su trabajo de investigación, todo lo relacionado con la fotografía le apasionaba".

El delegado de Cultura, Francisco Camas, también tuvo palabras sobre Fatou. Dijo de él que fue un hombre "que caminó la vida por un sendero recto. Sin descuidar los márgenes ni los obstáculos, consiguió calar en el conocimiento de valores y creencias con la elegancia que se adquiere cuando la construcción personal se alcanza desviando la mirada a resquemores vanos. Tendría sus fallos y sus debilidades, pero sabía obviar lo sabido y era inflexible con las experiencias inútiles. Apuntó hacia objetivos ciertos y bellos que vivía con pasión y con criterios universales. Puedo contar que fui testigo y receptor de su amistad, sin esfuerzo, para siempre".

Y sigue Manuel Barea. "Los archiveros trabajamos para el futuro, conservando y gestionando los documentos, testigos ineludibles de las actividades humanas, siendo las fotografías, documentos de archivo emergentes por su cercanía, por su valor, pero sobre todo porque retratan la realidad y la memoria. Pues en este devenir archivístico, he tenido el honor de encontrarme con un fotógrafo, no, me quedo corto, con un fotógrafo historiador, sigo quedándome corto, con un amante de la Cultura, eso sí, pues Adrián Fatou era un amante de la Cultura, en sus manifestaciones fotográficas sobre todo, y tuvo la generosidad de iniciar un proyecto vital, que bien podríamos nombrarlo como Archivo Fotográfico Histórico de Jerez, siendo no sólo la ciudad su campo de acción sino que afecta a una introspección intelectual desde los orígenes de la fotografía".

"Conocí a Adrián en 2004 cuando fue nombrado director del Zoo. Desde un primer momento me di cuenta de que estaba ante una persona con la que era muy fácil entenderse y poner en marcha proyectos comunes". Esa relación profesional fue dando paso poco a poco a la personal. Descubrió entonces Rafael Navas, director de este Diario, "al Adrián fotógrafo. Lo que un día me llevó a proponerle que escribiese una página sobre fotografía en el Diario. Aceptó el reto no sin advertirme, desde su modestia habitual, que no sabría si sería capaz de hacerlo. Y no sólo lo hizo, sino que estuvo 11 años ininterrumpidos publicando su página 'La otra mirada'". "Muchas veces pienso -concluyó- qué canciones hemos dejado de oír por la muerte repentina de un autor, de cuántos himnos nos privó la trágica y prematura desaparición, por ejemplo, de John Lennon. Desde el pasado mes de diciembre, cada día, pienso en cuántas páginas, cuántas fotografías y, sobre todo, cuántos buenos momentos dejaremos de disfrutar con la marcha de Adrián. También Jerez ha perdido mucho. La imagino con los muchos proyectos de patrimonio que tenía en mente hechos realidad. ¿Cómo habría sido el Jerez que nos iba a dejar una persona como él? Y es entonces cuando pienso que el mejor homenaje que le podemos hacer hoy es trabajar, cada uno a nuestra manera y con nuestras posibilidades, por un Jerez mejor". Así que, va por ti. Adrián.

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