El hombre que supo reírse con Poe

  • El gaditano José Manuel Serrano Cueto recuerda en 'El villano exquisito' la figura de Vincent Price en el centenario de su nacimiento · Selecto coleccionista de arte, para Price el cine era "una expresión menor"

Vincent Price ha sido, para José Manuel Serrano Cueto, un icono recurrente. "Uno de los actores -afirma- que más admiración me ha producido, especialmente en las películas de Roger Corman. Fue un actor extraordinario, no tan bien considerado por su encasillamiento en el género de terror".

Serrano Cueto ya se acercó a la figura del actor estadounidense hace unos años en Vincent Price. El terror a cara descubierta: "Un título que ha quedado descatalogado y que era una pequeña introducción al personaje -comenta el autor-. Y pensamos que la celebración del centenario podría ser una buena oportunidad para ampliarlo".

Así, Vincent Price. El villano exquisito (T&B) repasa la trayectoria de un actor "atípico" -en palabras de Serrano Cueto-, un promotor y coleccionista de arte que consideraba el cine una "expresión menor": "Comenzó como actor de teatro clásico, trabajando con Orson Wells en el Mercury Theatre -comenta el experto-. Se aficionó a la interpretación al ver a Lawrence Olivier en Londres, y trabajó con los grandes directores de cine de la época, con Otto Preminger o Fritz Lang, en títulos como Laura, Mientras Nueva York duerme o El castillo de Dragonwyck, en un papel que antecedería lo que iba a hacer luego".

Su interpretación en Los crímenes del Museo de Cera lo catapultó, y fue a raíz de ahí, y de sus colaboraciones con Roger Corman sobre la obra de Poe, que comenzó a encasillarse en el género gótico. "Un apartado -apunta José Manuel Serrano Cueto- en el que no se sentía demasiado a gusto. De hecho, en los últimos años, estaba cansado de que los periodistas insistieran en seguir preguntándole sobre el cine de terror".

"Vincent Price -continúa- se quedó con la espina de dar todo lo que podía como actor dramático. Para mí, la gran opción que tuvo la Academia de premiarle con un Oscar fue cuando estuvo nominado por Las ballenas de agosto, que fue una de sus grandes interpretaciones. Ahí tenían que haberle dado algo pero, como suele ocurrir en el cine de género, los iconos jamás reciben los galardones oficiales. Menos mal que era muy inteligente y tenía otras inquietudes que le sirvieron para contrarrestar".

Pocos saben, por ejemplo, que el protagonista de La caída de la casa Usher nació en el seno de una familia acomodada, nieto del dueño de una fábrica de dulces en Saint Louis, y con una madre amante de las Fine Arts, que hizo que sus hijos se interesaran por la música y la pintura. En uno de sus primeros viajes a Europa, de adolescente, llegó incluso a comprar un aguafuerte de Rembradt.

"No sólo entendía de arte -completa Serrano Cueto-, sino que era un profesional de la materia. Fundó varias galerías de arte, compraba y vendía piezas, era todo un experto. También le encantaba viajar y le gustaba la gastronomía, y llegó a publicar libros y presentar programas de cocina..."

Detestaba París tanto como le fascinaba Londres -era un declarado anglófilo: no son pocos los que piensan que Vincent Price era británico-, y le gustaba mucho España. "De hecho, una de sus casas en Estados Unidos era de inspiración española -indica el autor-. Una anécdota que dice mucho de sus aficiones y carácter es que, una de las últimas veces que estuvo en Madrid, en un festival de cine fantástico, la única condición que puso respecto al hotel fue que estuviera cerca del Museo del Prado, para poder ir andando".

"En el fondo, él decía que el cine era un arte menor, que el arte de verdad era el otro -comenta José Manuel Serrano Cueto-. Quizás aquello que le faltó en el cine, que era hacer grandes papeles, lo compensó un poco con su pasión por las bellas artes y por lo social".

Sin embargo, aunque le hubiera gustado dejar huellas en otros registros, Vincent Price sabía que si era un referente popularísimo, esto se debía al cine de terror y fantástico: "De hecho, cultivo el género hasta el último momento de su vida -indica José Manuel Serrano Cuento-. Una de las piezas de las que estaba más orgulloso era, precisamente, su declamación en Thriller. Igual que el entrañable papel del viejo inventor en Eduardo Manostijeras, que es un papel homenaje, porque Tim Burton lo tenía como un ídolo, como demuestra que uno de los primeros cortos del director, Vincent, lo protagonice un niño que es un admirador de Vincent Price".

Observando cualquiera de los papeles de género de Vincent Price, con su -si es posible- flemático histrionismo y su característico engolamiento, es difícil no darse cuenta de que el hombre está disfrutando, pero mucho muchísimo. Que es el mejor divertimento que ha podido encontrar: "Se lo pasaba muy bien -confirma el biógrafo-, se lo tomaba todo con gran sentido del humor. Si lo piensas, la única manera de poder adaptar a Poe es mediante el humor: si se hiciera en serio, sería absurdo. Casi todos sus papeles tienen ese toque irónico, ese intento de no querer darle tanta transcendencia a lo que estamos haciendo. Y Vincent Price era un hombre muy responsable en su trabajo, pero no tiene que ver con esto... Intentaba quitarle pretenciosidad al asunto".

Para Serrano Cueto, Price fue un actor "totalmente atípico, libre de las excentricidades que solemos achacar al gremio: era un hombre normal, caballeroso, afable, simpático, cultísimo... La antítesis pura del actor norteamericano. Lamentablemente, yo no llegué a conocerle, pero sí he hablado con mucha gente que lo hizo, en distintas facetas, y es casi imposible encontrar a nadie que diga algo malo de él".

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios