El rock se hace un hueco entre ferias con el estallido del Contrabando Freek

  • Los legendarios Long Ryders son hoy las grandes estrellas de un programa que abarca toda la jornada en Puerto Sherry Meanies, Money for Rope y James Hunter, en el cartel

Cuando esta noche salten los legendarios Long Ryders al escenario del Contrabando Freek, en Puerto Sherry, la jornada habrá sido muy larga. Esta mítica banda que se abrió paso a codazos en una escena ochentera de sintetizadores con sus guitarras de puro rock americano encontrarán un público enrojecido por el sol tras horas de parranda alejados de los recintos feriales.

El festival de El Puerto, el pequeño Monkey -porque son los mismos organizadores- como lo conocen algunos, ahora que el Monkey se ha ido a Sevilla, está planteado como una gran fiesta donde los conciertos son la guinda, una alternativa a la saturación de sevillanas de las dos ferias coincidentes, la de Jerez y la de El Puerto. De hecho, el Freek se reivindica como el sitio en el que empezó todo. Es anterior al Monkey y es el germen de la movida de las dos últimas décadas con la eclosión de numerosas bandas locales y de la provincia que encontraban en este foro un lugar donde mostrarse. Luego, es cierto, se pensó en algo más grande. Pero en el principio fue el Freek, aunque nunca el Freek tuvo un cartel con tanto ringo rango como el de este año.

Y es que los conciertos durante dos días no son poca cosa. es más, son mucha cosa. A los mencionados Long Ryders, que con Rain Parade y Dream Syndicate fue de lo mejor de la escena angelina en una década, la de los 80, a contracorriente, se le une un virguero llamado James Hunter, que es rhythm and blues en estado puro, de lo mejorcito sobre un escenario... Long Ryders, liderados por Sid Griffin, duraron unos pocos años y sacaron básicamente tres elepés. En muy poco tiempo se hicieron con una nutrida clientela de gente que añoraba a los Byrds y a Flyng Burrito Brothers, pero también encajaban con la música garajera que se movía en aquella época -Chesterfield Kings, Miracle Workers...- como alternativa a la dictadura del guardapolvos (que también tenían grandes bandas, como The Cure, pero Long Ryders y The Cure tenían poco que ver).

Eh, y dos joyas australianas: una que viene de un viaje en el tiempo, de los 90, los Meanies, y otros que son unos jovenzuelos, pero que ya dieron en el Monkey de hace dos años muestras de los que son capaces de hacer, Money for Rope. Sencillamente, es tontería perdérselos.

Además, está la representación nacional: los elegantes The Limboos, los ruidosos Miraflores, los incendiarios Losn Bengal, los volcánicos Los Vinagres, la pegada sónica de Beautiful señoritas, el aroma polvoriento de Sweet Hearts of America, ese dúo bien avenido y bien guerrero llamado Ramona y las melodías de corte clásico y altamente pegadizas de Nacho and the Browns.

Tali Carreto, portavoz de la organización y alma mater del sarao junto a los hermanos Guisado, afirma que "lo que hemos querido es conseguir las mejores bandas que estaban girando por los alrededores y lo hemos conseguido, pero, además, hemos querido dar una alternativa a las ferias en un puente tan señalado como éste. Por eso no sólo ofrecemos música, que creo que hemos logrado un cartel como pocos en esta séptima edición del festival, sino una alternativa integral de ocio".

De hecho, el festival no empieza a la hora de los conciertos, sino que arranca a mediodía, el sábado y el domingo, con piscina, coctelería y barbacoas. "Por favor, que nadie se venga sin bañador", recomienda Carreto. "Para nosotros es muy importante que el público lo vea como una fiesta en toda regla, y que puede disfrutar de dos días al completo, y en un recinto 100% rollo vacacional, con sus piscinas, su terraza con sofás y balinesas, etcétera. ¡A todo confort, jaja!", bromea el organizador.

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