Un icono en tiempos difíciles

  • ‘Enemigos públicos’, que se estrena hoy, retrata al atracador de bancos John Dillinger · Johnny Depp interpreta a este delincuente que fascinó a la sociedad

Relatan los testimonios que, cuando la policía logró poner fin a la carrera criminal de John Dillinger, el atracador de bancos que hasta entonces había desafiado al Gobierno estadounidense con una pericia asombrosa, los ciudadanos mojaron sus pañuelos en la sangre del ladrón para conservar un recuerdo de aquel hombre. El carismático Dillinger se había convertido en un icono, en un insólito representante de una América castigada por la Gran Depresión. Y el delincuente cuidaba su personaje de hombre encantador ante sus rehenes: evitaba las palabrotas delante de las señoras y entregaba dinero a los ciudadanos que se hallaban en el banco. Para J. Edgar Hoover, era el enemigo público número 1, pero para la sociedad era un héroe capaz de escapar una y otra vez de sus captores y salir airoso de persecuciones, tiroteos y encarcelamientos.

Michael Mann ha sido el último cineasta fascinado por esta figura mítica: hoy llega a los cines Enemigos públicos, en la que el realizador aporta su visión del personaje. En una reciente visita a Madrid, el director de El dilema confesaba que se decidió a hacer la película cuando pensó en “el misterio” que Dillinger representaba. “¿Cómo puede alguien inteligente, el mejor atracador de bancos de Estados Unidos, carecer de sentido del futuro?”, se pregunta. “No se le ocurre robar 500.000 dólares e irse a Brasil”, añade, “vive el momento. Se sumerge en un intenso ahora y punto, como si el momento durara eternamente”, mantiene Mann.

El director vuelve a apostar por el formato digital para trasladar a los espectadores, con mayor intensidad, a aquel violento periodo. Enemigos públicos no quiere ser, expone su artífice, “una película de época”, sino una experiencia emocional a la que contribuye la alta definición. “Usar cámaras digitales me permite llevar al público al momento mismo de la acción, no es un mero espectador”, defiende Mann. “Además, tomé una decisión desde el principio: no explico quién es Dillinger. La película no empieza con Dillinger a los tres años enterrando a su madre. Nos metemos en la historia de golpe, y por eso era necesario usar alta definición. La conexión con lo que ocurre en la pantalla es más verosímil”.

Mann sabía que Johnny Depp, habituado a personajes con matices, aceptaría los contrastes de un protagonista como Dillinger. Su intuición no iba desencaminada: de hecho, el intérprete sentía curiosidad por el bandido desde niño. “Tenía la impresión de que éramos de la misma familia, que corría la misma sangre por nuestras venas. Me recordaba a mi padrastro y aún más a mi abuelo”, ha declarado el actor.

Christian Bale también se siente cómodo en su papel, el de Melvin Purvis, un agente del FBI que sabe que se ha ensuciado las manos en el cerco que despliegan contra Dillinger y alberga dudas sobre los métodos seguidos. “Tal como lo veo, cuando por fin su rival dejó de ser una amenaza, Purvis había transigido tanto, había dejado tantos valores atrás, que probablemente se preguntó quién era el auténtico perdedor”, opina Bale, embarcado ahora, antes de un nuevo Batman, en la filmación de The Fighter, a las órdenes de David O. Russell y con Amy Adams y Mark Wahlberg como compañeros de reparto.

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