La identidad es frágil

A Carmen de la Calle se la lleva tres años fuera de ARCO. Ya se ha hecho suficiente referencia a las injusticias que tienen lugar en los espacios de IFEMA, auspiciadas por los santones de una profesión que imponen sus leyes y no admiten injerencias en sus estamentos ni competencias en asuntos de los que quieren ser dueños absolutos. A pesar de ello la galerista jerezana subsiste en medio de una selva inhóspita con fieras carroñeras imponiendo sus leyes. Además lo hace con una programación seria y llena de atractivos.

Carmen de la Calle no ha estado presente en la Feria, pero su nombre ha resonado en el febrero madrileño con una importante muestra de uno de sus más fieles artistas, José María Báez, caballero donde los haya y pintor grande, cuya obra siempre plantea los máximos postulados de verdad.

El pintor jerezano-cordobés nos ofrece una cuidadísima selección de obras que ponen de manifiesto la trascendencia de un trabajo personalísimo donde los guiños semánticos invaden una escena, por otro lado, construida desde los más pulcros parámetros. Y es que José María Báez juega con el lenguaje - nunca mejor dicho -, sus textos pintados abren caminos de infinitas perspectivas. La palabra imprime un carácter especial a una obra que ofrece guiños de cómplice ambigüedad entre lo representado y su traslación conceptual.

En la galería madrileña los dos campos tradicionales en la pintura de Báez se hacen más que presentes. Por un lado el espectador se siente invadido por la literalidad de la palabra, por el mensaje de un texto sobriamente transmitido en el soporte pintado. Las referencias escritas nos sitúan ante un mensaje literario, aquí también, cómplice, ante un verbo que transcribe ofertas infinitas. Pero, al mismo tiempo, el desarrollo pictórico juega su poderoso papel plástico. El artista manipula la escena y desarrolla unos esquemas artísticos llenos de trascendencia. La pintura se vuelve más pintura y abre un campo de opinión nuevo en el contexto general de la obra. Se crea una tensión entre lo que se ve y lo que se lee, entre lo que se representa y lo que se asume como proyecto conceptual. De esta manera, una impresionante imagen del torero Manolete, pintada minuciosamente y con un rigor impresionante, lanza guiños de inquietud desde un mensaje escrito "La identidad es frágil" que nos sitúa en esa arbitraria ambigüedad que caracteriza la bella pintura de uno de nuestros más comprometidos artistas.

En definitiva, el tándem Carmen de la Calle, José María Báez vuelve a situarnos en unos de los proyectos expositivos que más pueden atraer en este universo de sinrazones y de medianías.

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