"Le interesaba todo lo humano"

El autor de Elogio de la ternura (Almuzara) compartió lides científicas y académicas con ese "excelente pensador y memorialista, siempre atento al increíble espectáculo de la mente humana" nacido en San Roque.

-¿Cuál fue su gran aportación al estudio psiquiátrico?

-Castilla del Pino, con más de treinta libros publicados, ha sido un pensador de una enorme influencia en la historia de España. Sus lúcidos ensayos sobre los sentimientos, la depresión y la culpa han sido más decisivos que sus libros científicos (en 1980 publicó su Introducción a la psiquiatría y tiene otro libro sobre alucinaciones y delirios). Le interesaba todo lo humano desde una dimensión social. En ese sentido, sus títulos de mayor impacto fueron Un estudio sobre la depresión (1966), La culpa y La incomunicación (ambos, de 1969) y, recientemente, su Teoría de los sentimientos (Tusquets), que obtuvo gran relevancia y contribuyó enormemente a su ingreso en la Real Academia.

-Como compañero de profesión, ¿qué le interesaba más de él?

-Carlos entendía las pasiones del alma como modulaciones del deseo. Fue un hombre curioso, polémico siempre, apasionado en la defensa de sus ideas, por las que estuvo muchas veces excluido del ámbito académico. Fue un defensor clave de la integración de los enfermos mentales en la sociedad, de la humanización de sus tratamientos. Un tema muy debatido que aún hoy no está resuelto. Al principio, Carlos se preocupó de aspectos neurosiquiátricos, sobre todo desde que en 1949 dirigiera el Dispensario de Psiquiatría de Córdoba, pero con el tiempo sus ensayos se dedicaron más a estudiar y defender los aspectos más controvertidos de la persona.

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