El lector paciente

  • Me dio cuenta de una historia fascinante; soy lector, así como suena, lector por cuenta ajena aunque parezca raro

NO es el lector que aparecerá en las líneas que siguen aquel Michael, fruto de la imaginación del escritor alemán Bernhard Schilink –luego llevado al cine por Stephen Daldry- que vivirá atormentado por  el recuerdo de  Hanna, la mujer de pasado tenebroso y a la que leía libros clásicos como la Odisea o La señora del perrito de Antón Chejov, entre otros. Aunque  hay un detalle que los une y es la de leer, por razones bien distintas eso es cierto, para otros. Me topé con él en el laberinto de calles que rodean la plaza del Mercado. Hacía años que no nos veíamos, entonces él  era un recién licenciado y escritor en ciernes que apuntaba maneras en la prensa local o en algunas ediciones colectivas de jóvenes promesas literarias. Tiempos que no volverán Ramón, me contestó, y menos tras esta crisis devastadora que parece no hace distingos a su paso. Pero aquel viejo conocido luego me dio cuenta de una historia para mi fascinante y de la que él mismo era protagonista. Soy lector, así como suena, lector por cuenta ajena aunque parezca algo raro. Ahora mismo vuelvo de una lectura de este libro, Dersu Uzala de Arseniev, para una señora ya muy mayor, y que fue uno de esos niños  a los que la guerra hizo exiliarse en  Rusia. En este caso ella volvió, y ahora, cuando hasta la vista le falla, lo único que la consuela es que le lean pasajes de autores rusos. Y como a ella, Ramón,  tengo otros muchos llamémosle clientes que, no sólo en Jerez, por diversas circunstancias siendo grandes lectores en otro tiempo, ahora no pueden o prefieren que otros lean por ellos. He pasado, Ramón, de ser el escritor impaciente al lector paciente. Reímos la ocurrencia y quedamos para tomarnos un café en otra ocasión y hablar con más calma sobre su actual y singular tarea, que por lo visto no solo le ocupaba materialmente el tiempo sino que  colmaba todas sus aspiraciones presentes y futuras, algo que me sorprendía en alguien que apenas unos años antes ardía en deseos de alcanzar la ‘gloria’ literaria. Este lector paciente y sus mil historias pequeñas y grandes que va conociendo al ritmo que le abren la puerta de sus casas oyentes, antiguos lectores,  es una novela en ciernes  sobre la que él, por razón de las circunstancias, va   avanzando día tras día, y que quizás en algún momento  decida contarla. Seguramente la historia no desmerecerá de la de aquel otro lector memorable, aunque ficticio, de Bernhard Schilink. Ramón Clavijo Provencio.

Lectura recomendada:

Lo que mueve el mundo

Kirmen Uribe. Seix Barral, 2013.

En palabras del autor es esta novela la historia, o mejor dicho, fragmentos de la historia de un héroe, el belga Robert Mussche. Precisamente con ese título, Mussche, salía publicada en euskera el pasado diciembre, teniendo un éxito fulminante que seguramente tendrá en esta edición castellana. Y es que la sensibilidad, calor y hondura con que Uribe trata las historias que cuenta son la mejor garantía de éxito. La novela sigue el exilio de una niña vasca en 1937, que huyendo de las penurias de la guerra civil es acogida en Gante en casa de Robert Mussche. La relación entre estos dos personajes, y sobre todo la transformación que sufre este belga en su vida a partir de ese momento, es el eje sobre el que gravita la novela y que profundiza con acierto en como algunas decisiones pueden marcar toda una vida. R.C.P. 

Música de cámara

Rosa Regás, Seix Barral 2013.

Novela galardonada con el Biblioteca Breve y en la que la autora trata de acercarse a la realidad de lo que fue la postguerra española. Quizás en esa descripción de la Barcelona de 1949, y no me refiero solo a esos lugares emblemáticos que se describen en la novela, sino a los hábitos, costumbres, normas que diez años después del término de la guerra envuelven a sus habitantes con una atmósfera asfixiante, sea el mayor valor del libro. Para introducirnos en este ambiente se valdrá de la joven Arcadia que vuelve a la ciudad tras una década de exilio, y allí iniciará una relación con un joven perteneciente a una familia de la alta burguesía catalana enriquecida con el estraperlo. Relación imposible que aprovecha Regás para dejar un retrato de esa burguesía barcelonesa  que llegó a convivir muy bien con el franquismo. R.C.P. 

Novela de ajedrez

Stefan Zweig. Acantilado, 2009.

Para los lectores que tenemos a Stefan Zweig como escritor de mesilla de noche, una de las líneas editoriales que más podemos agradecer a  Acantilado es la colección de obras de este gran intelectual, y especialmente sus novelas, que han ido apareciendo en volúmenes sueltos y que hace apenas unos meses ha reunido en uno solo. Entre ellas, Carta de una desconocida y Novela de ajedrez son verdaderas joyas literarias, novelas cortas que sin duda están en la corriente de la mejor tradición de este género. Bajo la excusa de una partida de ajedrez para entretener a los pasajeros de la travesía de Nueva York a Buenos Aires, aprovechando la presencia del campeón del mundo, Mirko Czentovic, Zweig nos cuenta la historia del otro contrincante: un caballero que a causa de las torturas de la Gestapo termina por obsesionarse con el ajedrez. J.L.R. 

Antigua luz

John Banville. Alfaguara, 2012.

Pertenece John Banville, escritor irlandés, a esa generación o corriente de narradores en lengua inglesa (de uno y otro continente), que siguen dando brillo al género novelístico. Escritores que se inscriben en la mejor tradición cuyos referentes son sin duda Henry James, Joyce o Virginia Woolf, o los grandes nombres de la generación perdida (Dos Passos, Faulkner, Hemingway, Steinbeck o Scott Fitzgerald). Con una prosa limpia, cuidada, elegante Banville centra el relato en el protagonista Alex Cleave, veterano actor de teatro, que va desgranando sus recuerdos juveniles, cuando mantuvo una relación amorosa con la madre de su mejor amigo, Celia Gray, al tiempo que hace su primera incursión en el cine. Es esta novela la tercera entrega de una trilogía, que completan Eclipse e Imposturas. Escritor también de novela negra bajo el seudónimo de Benjamin Black. J.L.R.   

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