Jonás Trueba. Director

"La literatura es para mí una inspiración mayor que el cine"

  • 'Los exiliados románticos' inicia hoy en Granada una gira por cines de verano que recala el 21 en el Cicus En septiembre llega a las salas convencionales

Acercar un verano fílmico a la estación de la ola de calor o a lo que algunos llaman buen tiempo. Ése era el propósito del director Jonás Trueba (Madrid, 1981) cuando se acordó preestrenar su tercera película, Los exiliados románticos, en cines de verano antes que en las salas de cine convencionales, adonde llegará el 11 de septiembre. Se trata de una cinta que parte de un viaje del director madrileño junto a un grupo de amigos. Una película alegre "hecha a sí misma", sobre la marcha, que ganó tres premios en el Festival de Málaga.

-¿De dónde nace la idea de estrenar 'Los exiliados románticos' en cines de verano?

-Entre las risas del rodaje, empezamos a especular y a imaginar todos que la película estuviera sólo en los cines de verano. La verdad es que hemos tratado de tomarnos en serio todas las bromas que nos lanzábamos durante el rodaje. Esta es una película muy de verano. Nos parecía que podía entenderse y llegar mejor con la idea de lo ligero y al aire libre.

-Esta película se rodó en 12 días y da la sensación de que ha sellado una amistad entre los que forman parte de ella.

-Sí, la amistad venía de antes. Partimos de viaje con la ventaja de que ya éramos un grupo unido y habíamos trabajado previamente juntos. Eso hizo posible la película porque rodar 12 días sobre la marcha, así un poco a lo loco, de una forma tan inconsciente, sólo se consigue con un grupo donde nos entendemos tanto, ya casi por lenguaje de signos.

-¿Cuánto cambió la película desde que la planteó hasta el resultado final?

-Normalmente en el proceso de cualquier película suele haber un cambio grande. En el caso de esta película tan particular (hecha de una manera tan inmediata) ha cambiado mucho porque en realidad no había una idea previa. La película se fue construyendo sobre la marcha, la escribíamos durante el viaje: hablando unos con otros, pensando cuál iba a ser la siguiente secuencia. No sólo es que la película se haya transformado, siento más bien que la película se ha ido haciendo a sí misma a medida que avanzábamos.

-Puede interpretarse como una película que habla de la levedad: desde las relaciones a lo político...

-Siendo una película poco premeditada, sí que me fui sorprendiendo porque sentía que era una película que sí que la llevaba dentro. Había algo que me gustaba contar y tenía que ver con mi manera de estar en el mundo y no olvidar que tenemos que construir espacios de disfrute. Incluso cuando los tiempos vienen tan mal dados, en el contexto en el que estamos, creo que un cineasta tiene que poder ofrecer películas donde uno se encuentre a gusto. Es decir, proporcionar el recuerdo de que ahí están esas risas y gestos de amistad y de amor, que no tenemos que perder nunca del todo.

-¿Qué le preguntan más: por su segundo nombre, Groucho, o por el apellido Trueba?

-Me preguntan bastante por las dos cosas (risas), cada vez menos porque se van adaptando. Me gusta mi nombre, mi segundo nombre y mi apellido. Luego estás tú; los nombres te definen más de cara a los que no te conocen. Lo que intento es darme a conocer por las películas que hago.

-El título de la película viene de un libro de E.H. Carr. ¿Cómo se entienden el cine y la literatura?

-La película tiene un título prestado. Es un libro maravilloso que habla de los prerrevolucionarios rusos, o sea que no tiene nada que ver con la película. Pero bueno, para mí siempre la literatura y el cine se han mezclado bien. Hay quien considera que el cine siempre tiene que buscar su propia indepencia, pero yo siempre he pensado que el cine es más como un contenedor de basura de las artes. Puedes remover de cualquier lado. Para mí la literatura es una fuente de inspiración cinematográfica más grande que el cine.

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