Se mantiene el éxito en el último 'Viernes Flamenco' de Jerez

  • El cante del 'Niño de la Fragua' y el de Montse Cortés agradaron al público, como ese buen baile que ejecutó la sevillana Adela Campallo en el patio del Alcázar

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Con menos asistencia de público que otras veces y con media hora de retraso, el pasado viernes se dio paso a la última sesión de los 'Viernes Flamenco', que han venido desarrollándose con éxito desde el 3 de agosto en el patio de San Fernando del Alcázar. Pedro Garrido 'El Niño de la Fragua', con la guitarra de su primo Domingo Rubichi, fue el primero en deleitar al público con un excelente repertorio de buen cante, ofreciendo en primer lugar los estilos de las tonás con la chica y la grande, junto con esos sentidos espacios del martinete, donde contó además con el apoyo del yunque, que bien le ofreció su pariente Jesús, uno de los herederos de la fragua del 'Tío Juane'.

Los cantes fueron muy bien acogidos por el público, como esos preciosos y rítmicos tangos malagueños que interpretó luego el joven artista Rafael Flores Nieto 'El Piyayo', con el arrope de esas palmas, las palmas a compás del Ali de la Tota y las de su primo José Rubichi.

Cante y guitarra se unieron de nuevo dentro de ese cante serio de las seguiriyas, que expresó con sentimiento y garra el 'Niño de la Fragua', con el pensamiento puesto en la regia figura de su paisano Manuel Torre. Estuvieron adobadas con las ricas falsetas de Domingo, que ahora vuela hacia Japón con su Eva para entregar el flamenco de Jerez durante los próximos quince días en las ciudades de Tokio y Fukuoka.

Unos fandangos valientes y por derecho le siguieron en turno al de la Fragua. Se despidió satisfecho el cantaor interpretando las clásicas bulerías de San Miguel, a las que añadió unas graciosas e improvisadas 'pataitas' de buen baile bajo el amparo de su fiel guitarra y el de los palmeros oficiales de esta última jornada, a los que se agregó con su simpatía flamenca su hermano Manuel.

El baile tuvo su protagonismo en la figura de la sevillana Adela Campallo, un torrente de alegría sobre las tablas que supo bracear con gusto y componer la figura a través de esos bailes que ejecutó por seguiriyas y soleá. Vestida de negro sobre el escenario, Campallo estuvo junto a los veteranos cantaores Enrique 'El Extremeño' y Juan José Amador, todos muy bien acompañados por las guitarras de David Vargas y Juan Campallo, y el percusionista José Carrasco. Sendos bailes de excelente compás y señorío fueron aplaudidos por el público, ése que despidió a los artistas puesto en pie.

Un obligado y agradecido descanso dio paso a la segunda parte que corrió a cargo de la cantaora catalana Montse Cortés, asistida en guitarra por Paco Heredia y en percusión de nuevo por José Carrasco. Esta cantaora compartió escenario con nuestra inolvidable 'Paquera', ya que tiene en su haber varias e interesantes grabaciones de cante flamenco. Se sinceró con el público aclarando estar enamorada de este Jerez y el de su familia flamenca, y con mucho respeto abrió su actuación con la agradable interpretación de unos tientos que ejecutó con valentía y bien acoplada por la guitarra amiga del Heredia.

Luego hizo subir al escenario a los palmeros jerezanos José Rubichi y Ali de la Tota, y con José Carrasco al cajón interpretó con sabia maestría una soleá-bulería con sabor de Jerez, pero a su 'aire'. Metida de lleno en el cante, le tocó al delicioso palo flamenco de los tangos con un buen sentido del ritmo y del compás, de los que hizo una actuación bonita, atractiva y larga.

Se despidió con la especial entrega de unos cantes por bulerías con el refrendo del público que dio paso a la gran fiesta flamenca para cerrar los 'Viernes Flamenco', donde se ha echado en falta la total ausencia de los profesionales del baile de Jerez.

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