En la memoria

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Se ha ido. Se ha ido pero tiene gente importante esperándolo arriba. Desde sus guías espirituales del toque, como Javier Molina y más cercanamente Rafael del Águila, hasta su padre Tío Parrilla, su hermana Ana, tan injustamente olvidada como rabiosa y enorme sobre el escenario, su amigo Diego Rubichi, cabal de los cabales, y su querida Paquera, la diosa del Olimpo. Se ha ido Manuel Fernández Molina 'Parrilla de Jerez' (1945-2009). Se ha marchado joven, 63 años, pero dejando tras de sí la estela fulgurante de un legado musical que sólo el tiempo, el inexorable tiempo, pondrá en el sitio que corresponde. Se va el Parrilla físico, pero nos deja una herencia profusa, abundante, en la que aparece como pieza maestra la recuperación de infinidad de villancicos y letras populares de la zambomba jerezana, de la mano de la mítica serie 'Así canta nuestra tierra…', la cual inició la Caja de Ahorros de Jerez y ha continuado Cajasol. Y Manuel nos ha legado composiciones magistrales, himnos de Semana Santa que a día de hoy siguen sin ser registrados en Autores, como esa emocionante marcha a 'su' Virgen del Valle o a La Piedad; y Parrilla nos ha regalado acompañamientos inolvidables y aquellas legendarias vueltecitas por bulerías cuando, sin hacer ruido, terminaba de escoltar al cantaor de turno, ya fuese en tablaos, fiestas particulares y festivales.

Parrilla deja grabados medio centenar de discos acompañando a los más grandes, como 'su' Paquera de Jerez, Manuel Agujetas, José Meneses, Curro Malena, Pansequito, Enrique Morente, Tío Borrico, Anica la Piriñaca, Manuel Moneo, Rubichi, Juanata, Fernando Terremoto… Y quedan en su discografía personal cuatro grabaciones como solista: dos españolas, una norteamericana y otra más producida en Suiza. Viajes por todo el mundo junto a su inseparable sonanta, reconocimientos dentro (la Cátedra de Flamencología de Jerez le otorgó en 1973 el Premio Nacional de Guitarra) y allende nuestras fronteras, homenajes en la Universidad de Cádiz…

El patrimonio personal y artístico que queda en la tierra es inabarcable tras más de cuarenta años de carrera flamenca, desde que se dejase oír por vez primera en una Feria de Sevilla de finales de los 50. Autor de un lenguaje propio, flamenquísimo. Prócer de la escuela jerezana del toque junto a otro enorme como Manuel Morao, uno de los últimos mitos vivientes. 'Plazuelero' y compositor que, aún sin saber solfeo, fue capaz de idear una gramática musical propia, a base de puntos y otros recursos con los que trazaba partituras y falsetas geniales. Se ha ido Parrilla. No le ha dado tiempo de ver a su Xerez en Primera. En cambio, sí ha tenido tiempo más que suficiente para sentar cátedra del toque, para labrar una trayectoria artística envidiable y para recibir honores y distinciones dentro y fuera. Tuvo tiempo, como él decía de la labor del guitarrista, de "dar a cada uno lo suyo" y de trabajar siempre en contra de todo lo que fuese prostituir el arte. Aficionado al cante, de lo que no pueden presumir todos los tocaores, Parrilla cultivó su amor por la raíz y defendió las pulsaciones gitanísimas y personales aunque desde la sobriedad y la contención.

Atento a la evolución del flamenco, formó parte de la revolución de la guitarra de casi las tres últimas décadas y tuvo tiempo incluso de dejarse seducir, inquieto como era, por eso de Internet y las nuevas tecnologías. Se ha ido el maestro de la calle Sol. El pariente de Frijones y Juanichi el Manijero descansa ya en paz en su viaje a la eternidad, dejando a los que aquí se quedan un testamento pleno de soniquete, compás y amor por el flamenco, en particular, y por la música, en general. Sus amigos de Los Cernícalos le habían dedicado el Certamen Internacional de Guitarra que acogerá Villamarta el próximo sábado. Pero se ha ido Parrilla. Queda por siempre en nuestra memoria.

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