La metamorfosis de Mercedes Ruiz

Cía. Mercedes Ruiz. Baile y coreografía: Mercedes Ruiz. Cante: Melchora Ortega, David Lagos, David Carpio. Guitarra y composición: Santiago Lara. Guitarra: Paco Lara. Palmas: Javier Peña. Percusión: Perico Navarro. Libreto, iluminación, dirección y espacio escénico: Francisco López. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: Sábado, 15 de septiembre. Aforo: Casi lleno.

El estreno de Perspectivas, en marzo de 2011, supuso un gran paso en la trayectoria de esta bailaora jerezana. Es su primera obra de madurez, donde se reconoce en sus curvas, en sus caderas, en su luz, en sus muñecas, en sus ganas de vivir, en su cabeza, en su alegría, en su feminidad. Hasta ese momento Mercedes Ruiz había bailado con enojo, pero esta vez se olvidó de la seguiriya. El cambio fue tan trascendente que, junto a la metamorfosis artística, asistimos a un cambio corporal, dejando atrás su físico adolescente para dar cabida a su curvas de mujer adulta. Y como una mujer adulta baila 100 minutos de fandangos, tangos, caña, rumbas, zapateado ... y el Twist del faraón. Mercedes bailó anoche además inspirada por su compromiso sevillano. En la caña se recreó en las mudanzas, supo darle su espacio a la bata de cola, supo echarse para atrás, tanto en su cuerpo como respecto al compás. Se recreó en los detalles y se paró.

Su domino rítmico, su familiaridad con el frenesí, que ayer demostró sobre todo en el zapateado, está fuera de toda duda. Su reto era acudir a los detalles y prestarle atención a lo que de verdad vale: caminar, cada vez más lentamente, hasta llegar a pararse. Darle su espacio a la respiración, darle su espacio a cada gesto, a cada movimiento del cuerpo. Eso es lo complicado. Ruiz ha aprendido la lección y su grupo está en ello, porque la partitura compuesta por Lara es una auténtica gozada, aunque todavía contiene algunos pasajes de frenesí gratuito, como pudimos escuchar en la serrana. La entrega de la bailaora llegó hasta el punto de acabar el recital cantando La guapa de Cádiz de Lola Flores. Eso sí, la puesta en escena contribuyó poco a este esplendor: ni las luces, ni los trajines de los músicos de unas a otras sillas, ni las proyecciones aportaron gran cosa. Más bien, todo lo contrario.

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