Un momento mágico de hora y media

No se limitó el cantaor al repertorio de los flamencos-cancionistas, como su admirado Rafael Farina. Poveda hizo calas en casi todas las reinas de la copla: la Piquer (Ojos verdes), Imperio Argentina (Rocío), Miguel de Molina (Bien pagá) y, por supuesto, doña Juana Reina, de la que hizo una soberbia versión de Tu boca con la mía, fiel al espíritu trascendental del original, y alejada por tanto de la parodia que Martirio llamó El productor. Sin embargo el espíritu de Maribel Quiñones sobrevoló la noche del martes el Lope de Vega porque la fórmula empleada por Poveda y Joan Albert Amargós es la misma que Martirio ensayó junto a Chano Domínguez. Arreglos cercanos al tango porteño y al jazz (sobre todo en la polirritmia de Coronel y en la trompeta ensordinada de Sánchez) y alguna que otra cala en el bolero. Mucha tensión rítmica, como es habitual en Amargós, lo que hizo que a veces no se escuchara bien la voz de Poveda, sepultada por la contundencia del grupo.

En lo que se refiere a su interpretación, el catalán abordó el repertorio a la forma aflamencada de posguerra, es decir, olvidándose del desenfado lúdico de preguerra, de la frescura y jovialidad de Imperio Argentina o Raquel Meller. La influencia flamenca en la copla comienza con Angelillo, el primer cantaor que grabó con orquesta según las crónicas, y se acentúa en la posguerra con los Valderrama, Niña de la Puebla, Caracol y Farina, que tienen que refugiarse en este género dadas las duras condiciones artísticas del momento, influyéndolo de manera indeleble. Así Rocío sonó lejos del libre desenfado de su creadora, Imperio Agentina.

No quería olvidarse Miguel Poveda de los Perelló/Mostazo/Solano/Quintero/León/Quiroga/Gallardo, etcétera, y no me olvido yo, de los compositores de este repertorio de amores frustrados, desesperaciones, glosas al autoengaño y puros cantos vitales. Pero está claro que sus intérpretes dieron su sello a este repertorio y esa es la razón de que este cantaor introduzca sus característicos melismas flamencos en sus coplas. No obstante, es en el colchón armónico de la guitarra donde más cómodo se encuentra el cantaor, como demostró el interludio estrictamente flamenco que llevó a cabo con Chicuelo, González y los palmeros, cantando por Farina, la Piquer y Reina a ritmo de tarantas, granaínas, tientos y bulerías. Acostumbrado a la enea, todavía le cuesta al cantaor moverse en el escenario. Pero está claro que en este repertorio se encuentra cómodo y con su voz dúctil y su simpatía se metió en el bolsillo a un público que también se encuentra cómodo en estos "momentos mágicos".

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