Con muchas y manifiestas lagunas

Vuelve al verano gaditano la miniferia de Arte Contemporáneo que organiza el área de Cultura del Ayuntamiento y que, de nuevo y desgraciadamente, arrastra los males de ediciones anteriores. Quizás, en esta edición, aumentados y hechos más evidentes. Los que tengan memoria - no de mis escritos - se acordarán que tanto el año pasado, como el anterior - cuando se celebró en el Palacio de Congresos y Exposiciones -, la feria pasó muy de puntillas - por decir algo - debido a la nula difusión que tuvo, sin apenas llegar a la ciudadanía, que casi no se enteró de su existencia, y también por un rocambolesco horario, alejado absolutamente de las exigencias veraniegas, y que dejó abandonados a su suerte a los probos galeristas que veían cómo por los espléndidos espacios del Castillo de Santa Catalina no pasaba nada más que algún despistado muy al margen de lo que allí se cocía. La protesta de los participantes me consta que se hizo notoria, pero con nula repercusión a juzgar por lo que, de nuevo, ha ocurrido en esta edición: se ha repetido el inadecuado horario con sus nefastas consecuencias para los que allí exponen que ven, un paisaje descorazonador por asolado y a unas horas intempestivas. Pero, los errores no sólo se quedan en la escasa difusión y en las incongruencias horarias. Tampoco se han tenido demasiado en cuenta las opiniones de los interesados - galeristas y aficionados - que abogaban por una dirección técnica que seleccionara participantes y pusiera un poco de orden. Desde estas páginas ya dimos ciertas claves que sólo pretendían que una Feria de Arte tan necesaria como esta, en un lugar y en tiempo privilegiado, no tuviera el triste desenlace que se observa en la que ahora se presenta en este comienzo del verano gaditano. De nuevo hemos asistido a un acontecimiento sin interés donde todo tiene cabida, donde se echan en falta unos planteamientos artísticos adecuados y donde todo cabe, sin orden y concierto, con una más que dudosa finalidad a juzgar por los escasos planteamientos mediáticos con los que se ha presentado.

Como novedad se ha invitado a la Fundación Municipal de Cultura de La Línea y a una galería foránea, la sevillana Full Art; lo demás todo queda como estaba, con la notoria ausencia, por su definitiva desaparición, de la galería Islahabitada, de Cádiz. Queda un más que discreto contenido que no es más que el reflejo del pobre panorama plástico que actualmente existe en la provincia de Cádiz y que muy poco tiene que ver con los esplendores de hace unos años, donde el dinamismo artístico era todo un referente. Pero vayamos por orden. Lo primero que el visitante se encuentra es la presencia de parte de lo que nuestro recordado Manolo Alés dejó en vida, pero que no tienen nada que ver con la esencia de lo que con él existía. Tampoco nos explicamos muy bien qué pintan en un lugar como este las obras de Cruz Herrera. De muy poco interés resulta la exposición "Andalucía galería y artistas", que no es nada más que la presencia aparente de las galerías andaluzas con autores muy poco representativos de las mismas y con obras, algunas de muy dudosa calidad. Mucho más se podía haber hecho si se quería una representación auténtica del Arte que se hace en Andalucía. En cuanto a lo que es la realidad de las galerías gaditanas, no mucho nos encontramos en el contexto general de lo presentado en el Castillo de Sana Catalina. Me quedo con el conjunto de la jerezana Belén - soberbias las obras de Sylvain Marc, Pepe Cano, Paco Peinado, Juan Romero, Manolo del Valle, Lorenzo Saval y Carlos Laínez, además de los bellísimos retratos de Carmen Guerrero -; muy buenos los Guillermo Mora, González de la Calle, Fernández Pujol, Manolo Cano y Galán Urréjola, en Benot; con criterio y llenos de solvencia creativa los Manolo Quejido, David López Panea, Ramón David Morales y Alonso Gil, en Neilson Gallery de Grazalema; extraordinarios los Antonio Vela, de GH40 de San Fernando; con interés la obra de Fran Ramírez y Fátima Conesa, en Gades de Chiclana; sobrio el Jesús Micó presentado por Alfonso Arenas; muy importante y diciendo mucho del buen lugar que ocupa en el arte andaluz lo que Julio Criado nos trae desde la galería Full Art, con obras llenas de expectación de Paco Almengló, Garikoitz Cuevas, Emilio Gañán, San Mackaqui, Martín Freire, Rosa Muñoz y Jorge Yeregui. Lo demás para olvidar. Ni siquiera la recurrente instalación de Miguel Ángel Valencia nos pone en sintonía con un arte hacia delante.

Si queremos que esta Feria tenga trascendencia habrá que dar pasos con mucho más sentido; de lo contrario mucho me temo que el final se encuentre demasiado cercano. Para constatar lo manifestado, no había nada más que escuchar lo que allí se decía para comprender que por ahí no se va a ninguna parte. Un año más perdido. Antonio Castillo debe saberse rodear de los que, verdaderamente, tengan algo que decir en todo esto. Las opiniones interesadas de algunos, sólo sirven para fomentar sus particulares expectativas. Aquí, el que no corre, vuela.

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