"No es nostalgia, es vigencia"

  • Los Toreros Muertos celebran su 30 aniversario en el Falla con la grabación de un disco en directo el próximo sábado Mañana y el viernes tocarán en El Puerto

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"A ver, ¿dónde está Teófila?, ¿dónde está la alcaldesa? Si no está me voy, ¿eh?... " Hay cosas que nunca cambian. Una de ellas es esa expresión de chiquillo malo, la sonrisa de niño travieso que delata una secreta trastada, que aún hoy adorna la cara de Pablo Carbonell. Con ese gesto de ángel endemoniado, parapetado tras gafas, fular y parpusa, el gaditano hacía su entrada triunfal en el hall del Gran Teatro Falla junto con Guillermo Piccolini y Many Moure, Los Toreros Muertos "originales", como los bautiza el cantante, cineasta y showman, y los músicos Fernando Palaino y Antonio Iglesias, guitarra y batería, respectivamente, de la formación que ha vuelto a la vida, una vez más. En esta ocasión, con una excusa, el 30 aniversario del grupo, que encierra un motivo inapelable: "No es nostalgia, es vigencia". Porque las canciones y la propuesta escénica, entre punky y ska, de Los Toreros Muertos están más vivas que nunca.

"La sosería y ridiculez de la música actual y que Chabelita haya sido portada de Diez Minutos nos han hecho salir otra vez de nuestra cripta de cristal porque estamos sospechando que en el Centro Nacional de Inteligencia se ha creado una fábrica de camisas de fuerza musicales, allí tiene que ser donde se hacen esas canciones que hace que la gente se quede atontada, que no se rebele y que no parta cosas. Bueno, Antonio (Castillo), tú no te preocupes que el Falla se ve sólido y si no se ha caído en todo este tiempo no se va a caer el sábado..." Carbonell (de nuevo esa expresión maléfica asomando a sus ojos) llamaba la atención del concejal de Artes Escénicas del Ayuntamiento de Cádiz sobre el concierto que este fin de semana celebrará su grupo en el coliseo gaditano del que saldrá el nuevo disco de la formación, Los Toreros Muertos en Vivo, que dará lugar a una gira que comenzará en mayo en el Casi-Casi, "un bar enano de Madrid" donde "corría el alcohol, la droga, el sexo y el año 85", el lugar donde nació Los Toreros Muertos.

"Pero además de estar el sábado en Cádiz, el jueves y el viernes haremos en la Sala Milwaukee, en El Puerto, unos, podríamos decir, ensayos generales de lo que va a ocurrir en el concierto", informaba el artista que también se quejó "del frío" que está pasando en El Puerto, "chiquillo", que ha provocado que esté "algo preocupado por su garganta. Eso sí, Carbonell reconoce que hace ya tiempo "canta más con el corazón", reía para, ponerse algo más serio, para asegurar "sin ninguna modestia", que Los Toreros Muertos tocan ahora "mejor que hace 30 años".

30 años de éxitos, de hecho, fue su primer disco. "¿Profecía o un curarse en salud por si no llegabais?". "En ese momento, bueno, jamás, hubiéramos pensado que 30 años después íbamos a estar juntos... ¡y vivos!", exageraba el cantante de Los Toreros Muertos, entre risas, que volvió a inventarse una nueva historia para justificar la primera separación del grupo, "pues estaba yo en Mojácar, me comí un ácido y me dio por hacer canciones ecologistas y contemplativas abandonando el humor y éstos no quisieron acompañarme en ese viaje espiritual...", explicaba el músico que recordó también los diferentes proyectos en los que han estado y están embarcados sus compañeros en sus carreras en solitario.

Del concierto tanto Carbonell como Piccolini adelantaron que tocarán una selección de sus temas "cuatro o cinco canciones inéditas" porque "no somos como Police" ironizaba el artista que se ha metido por la vereda de estilos "que aún no había explorado" como "el flower power, algún tema espiritual, el country...", además de una "versión donde los acordes no importan", dice Piccolini, del himno de Andalucía, aprovechando que la actuación de Los Toreros Muertos se celebrará el día 28. "Yo soy incapaz de cantar el himno sin llorar, ¿a ti te pasa igual Antonio?".

Sin llorar tampoco podía escuchar Carbonell una chirigota en sus primeros años de exilio forzoso. "Cuando yo tenía 14 años mi padre se quedó sin trabajo así que nos deportaron a Huelva. Durante mucho tiempo no pude escuchar una chirigota sin echarme a llorar. Cádiz siempre ha estado en mi corazón, por eso me hace tanta ilusión tocar en el Falla, un escenario que sólo he pisado una vez, para presentar Atún y Chocolate", se lamentaba el intérprete que desearía que en el concierto del sábado "la gente nos gritara eso de "esto sí que es una chirigota" porque Los Toreros Muertos tienen mucho que ver con ello, tiene que ver con Cádiz y con su humor, el grupo es heredero, a su manera, del ambiente chirigotero y del espíritu iconoclasta que tiene Cádiz, nosotros también tenemos versiones de canciones a las que le cambiamos las letras así de cachondeo... De hecho, ¿alguien sabe dónde hay por aquí una imprenta? Es que vamos a repartir unos libretos en el concierto...". Los Toreros Muertos viven.

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