"El novelista es como un historiador que le pone emociones a los hechos"

  • Juan Gabriel Vásquez explora la vulnerabilidad de los colombianos ante la violencia del narcotráfico

Hace un par de años, unos francotiradores mataron a un hipopótamo escapado de un zoológico que había poseído Pablo Escobar. Aquella "mole oscura y rugosa", como "un meteorito recién caído", una pieza que sería descuartizada de inmediato -las vísceras serían enterradas en el mismo lugar donde se acabó con el animal, la cabeza y las patas irían a un laboratorio-, activa la memoria de Antonio Yammara, el protagonista y narrador de El ruido de las cosas al caer, la novela con la que el colombiano Juan Gabriel Vásquez ha ganado el Premio Alfaguara de Novela. La imagen poderosa y brutal del hipopótamo sacude los pensamientos del personaje, que rememorará su experiencia junto a Ricardo Laverde, un piloto del que se hizo amigo tras conocerlo en unos billares a los que acudía y que fue asesinado en su presencia. El recuerdo de éste pasará "de ser un asunto casual, una de esas malas pasadas que nos juega la memoria, a convertirse en un fantasma fiel y dedicado, presente siempre"; y a partir de ahí Yammara evocará el pasado, un tiempo marcado por el terror y la violencia del narcotráfico.

Vásquez reconoce que era "muy difícil" el propósito de su libro, porque "el tema se ha tratado mil veces, hasta el punto de que la narconovela se puede considerar un género. Se han hecho cosas interesantes, pero también otras muy baratas, muy maniqueas". El escritor inició la escritura movido por una preocupación que "siempre" había tenido, la de otorgar algo de calidez a unos hechos que recogidos en las crónicas periodísticas carecían de sentimiento. "Los periódicos han dejado constancia de todo lo que está en nuestro pasado, pero en ninguna parte están las emociones. Siempre he defendido que, en esto, el novelista tiene algo que decir, que es como una especie de historiador de las emociones", asegura.

El autor de Los informantes quería explorar "la vulnerabilidad" a la que se habían visto sometidos los colombianos. "Mi generación tuvo una niñez tranquila en una ciudad en la que no pasaba nada, la Bogotá de los 70, y, de repente, en la vida adulta, nos enfrentamos a una violencia que nunca antes se había vivido. Se ponían bombas en los aviones, en los centros comerciales, y te aterrabas con la perspectiva de que le había ocurrido algo a un familiar si tu madre, o tu hijo, te decía que iba a llegar a una hora y se retrasaba". El ruido de las cosas al caer debe su título a la caja negra de un avión siniestrado, una pieza decisiva en la investigación que emprenderá Yammara, pero también tiene intenciones metafóricas, habla de "una familia que cae, y un país que se derrumba".

Vásquez cree que uno de los elementos que más sorprenderá a los lectores españoles de su obra es "esa relación rara" que sus paisanos tuvieron con Pablo Escobar, "una figura tristemente célebre en todo el mundo, cuando lo mencioné en la primera página supe que no tenía que poner un pie de página ni ningún paréntesis aclaratorio, esos recursos que utilizamos los escritores cuando hablamos de alguien que no se conoce". El narrador sostiene que interesará "esa mezcla de fascinación y repulsa" con que Colombia permitía "la presencia del narcotraficante en la vida cotidiana, como en ese zoo que yo visité de pequeño sin que mis padres lo supieran". Otro de los detalles llamativos de esta ficción es la imagen que se da de los Peace Corps, la agencia federal de Estados Unidos para promover "la paz y la amistad mundial". Vásquez revela que "no aparece en los libros de Historia, pero en Colombia es un secreto a voces que en los Cuerpos de Paz había mucha gente salida de la contracultura hippie, que en sus estancias en México, Jamaica y Guatemala, o en California, había aprendido técnicas de cultivo de la marihuana y transmitió esos conocimientos a los campesinos colombianos. Me divierte mucho la gran ironía de que los estadounidenses fueran partícipes indirectos del narcotráfico", opina.

Vásquez, un prosista amante de los clásicos, biógrafo de Joseph Conrad y traductor de Dos Passos, Victor Hugo y E. M. Forster, admite que El ruido de las cosas al caer tiene una deuda con El gran Gatsby, deF. Scott Fitzgerald. "Siempre me pareció que era una novela en clave sobre el narcotráfico en Colombia. Lo que cuenta, al fin y al cabo, es la vida de un personaje que se hace misteriosamente rico y que se dedicaba al contrabando de una sustancia ilegal como era el alcohol durante la ley seca", argumenta el novelista.

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