Crítica de Cine cine

Un nuevo bautismo

La orilla

Drama, Brasil, 2015, 83 min. Dirección y guión: Filipe Matzembacher, Marcio Reolon. Fotografía: João Gabriel de Queiroz. Música: Felipe Puperi. Intérpretes: Mateus Almada, Maurício José Barcellos, Elisa Brites, Francisco Gick, Fernando Hart.

La orilla, el primer largo de los brasileños Matzembacher y Reolon, se cierra con una imagen cargada de simbolismo y no menos memoria cinéfila: la de un joven caminando hacia el mar, como en aquella memorable escena final de Los 400 golpes de Truffaut.

Pero, a diferencia de Antoine Doinel, cuyo asendereado periplo juvenil encontraba en aquella imagen final congelada una suerte de liberación redentora, nuestro protagonista, un joven brasileño de clase alta que ha viajado hasta la casa familiar en la playa a cumplir un misterioso encargo de su padre, se adentra en el agua, recibiendo de paso una suerte de nuevo bautismo que tiene aquí unas connotaciones más identitarias que redentoras.

La orilla se propone así como un viaje doble a los orígenes familiares y a la búsqueda de la identidad (sexual), un viaje con acompañante (por tanto, con contraplano) que, trazado en los tonos y modos de cierto cine indie de corte sensorial y mirada etérea, se concreta antes en las texturas, los silencios, los detalles o los desplazamientos de la cámara sobre los cuerpos, que en una narrativa convencional o dramática.

El problema es que el asunto tiene también algo de rutina de fórmula festivalera. A saber, deja la sensación de una cierta afectación de estilo e impostura autorial ahí donde las cosas, importantes, sin duda, tal vez podrían haberse contado de una manera más directa o más frontal, y los símbolos, redobles y metáforas haber sido algo menos evidentes.

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