La obra 'Mujeres' llega a El Puerto

Ignoro cuál es la agenda de esta producción, pero puede que los aficionados gaditanos estén ante una de las últimas oportunidades de presenciar una de las obras de baile más luminosas que se han llevado a escena en los últimos años. Concebida para el USA Flamenco Festival, Mujeres estuvo en la pasada edición del Festival de Jerez, y en el mes de junio de este año en el Gran Teatro Falla. Recientemente, también pudo ser vista en la Bienal de Sevilla, apenas dos semanas antes de que su director artístico, el bailarín y coreógrafo Mario Maya, falleciese en la capital hispalense. Su llegada a El Puerto cobra, pues, un valor añadido, el del recuerdo y homenaje que, de seguro, van a tributar al gran artista sus tres protagonistas.

Porque Mujeres reúne a tres grandes bailaoras que representan a tres distintas generaciones del baile de mujer: Merche Esmeralda, la excelsa representación de la escuela sevillana, Belén Maya, renovadora en su momento de la tradición, y Rocío Molina, la más joven de la tres y brillante exponente de este arte. Cuando se le preguntaba a Mario Maya qué era lo que él había puesto en la obra, respondía que solamente sus años y un poco de orden, respuesta noble e inteligente, pues, ante la fuerte personalidad de las artistas, cierto es que poco se puede añadir.

Las tres bailarán en grupo al principio, sobre un texto de Lorca, y, al final, con una espléndida coreografía sobre cantes por caracoles. En medio, se sitúan sus bailes en solitario y dos interesantes pasos a dos. El primero de ellos lo protagonizan Merche y Rocío sobre una granaína con jabera, y es asombroso observar el diálogo de dos cuerpos tan distintos y dos edades también distantes. El segundo, entre Belén y Rocío, supone uno de los momentos más impactantes de la obra. Sobre unos viejos romances gallegos, las dos componen una danza gemela en fascinación y densidad. En solitario, cada una de ellas deja su especial huella. La de Merche es la de la canónica soleá con bata de cola, la de Rocío va por unos tangos que conservan su esencia de mujer asomándose, a la vez, a la vanguardia. Por último, Rocío se entrega en una profunda e intensa seguiriya.

No hace falta ser un gran aficionado y mucho menos un especialista para apreciar la belleza de esta obra. Allá por donde ha ido, el público la ha apreciado como lo que es: un espectáculo redondo que nadie con sensibilidad se debe perder.

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