Los olvidados

  • Algunos más apreciados que otros por la crítica, pero todos reyes efímeros

 ME he topado casualmente con un libro, Tánger, de Tomás Salvador. Recordaba vagamente a este autor que hace décadas ocupaba en el panorama literario español de los años sesenta y setenta del siglo pasado, el equivalente a un Pérez Reverte  o una Julia Navarro entre los lectores actuales. Y todo por una serie de relatos que le dieron fama y dinero,  protagonizada por un tal Manolo,  simpático y gorrón personaje que alegró la gris realidad de millones de lectores en aquellos años del desarrollismo. Tomás Salvador, fue sin embargo, algo más , aunque hoy haya pasado al más cruel de los olvidos, pues quizás nadie como él en España  se  introdujera en la ciencia ficción con tanto acierto y calidad, dejándonos esa serie  de buenas novelas, -Y, T, K, y La nave-, que hoy son difíciles de encontrar en librerías de viejo y hace años que desaparecieron de los estantes de la mayoría de las  bibliotecas públicas (Alfredo Benítez, un jerezano ya desaparecido, y gran conocedor del género, nos dejó quizás el único  estudio sobre el personaje). Como Tomás Salvador muchos nombres que ocuparon un puesto relevante en la literatura popular de entonces, fueron pasando al olvido, Torcuato Luca de Tena, Fernando Díaz Plaja, García Pavón, Baltasar Porcel… Algunos más apreciados que otros por la crítica, pero todos reyes efímeros entre los autores más vendidos de la  España preconstitucional. Hoy, como les decía unas líneas más arriba, si tuviéramos que nombrar a los herederos de los Tomás Salvador y compañía, seguramente pensaríamos en Matilde Asensi, la ya mencionada Julia Navarro, en María Dueñas, pero sobre todo en Santiago Posteguillos. Ahora bien, si  entre aquellos autores de antaño algunos lograron, como Tomás Salvador, un reconocimiento por encima del aplauso popular, como fue el Nacional de Literatura, sus herederos, y, sobre todo, herederas de hoy se conforman con arrasar en las listas de ventas –lo que no es poco-, pues sus historias de costureras y gladiadores aún no dan para más, ni para menos. Ramón Clavijo Provencio

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