Los paisajes metafísicos de referencia, en Sandunga

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EL nombre de Pablo Sycet sugiere algunas asociaciones y referencias. En primer lugar, es uno de nuestros artistas más consolidados, presente en muchos de los acontecimientos artísticos que han ocurrido en España desde aquellos, ya lejanos, tiempos en los que se ansiaba con fruición la conquista de la Modernidad; nosotros lo tenemos como artista andaluz sabedor de lo que se ha cocido en un universo con muchos registros, a los que él ha sabido poner intensidad creativa; también lo hemos relacionado con aquella Granada iniciática de la galería Palace que después, afortunadamente, llegó a convertirse en uno de los claros referentes de nuestro sistema creativo. Pablo nos ha introducido en lo mejor del diseño y, por fin, lleva siendo durante mucho tiempo un pintor muy presente en todos los circuitos y con una obra particular cuya autoría no presenta la menor duda.

Vuelve, por tanto, Pablo Sycet, a su galería de siempre -sólo ha cambiado ciertas situaciones, siendo la más llamativa, la ubicación espacial-, allí donde él ha tenido mucho que ver a lo largo de este tiempo y cuya obra ha estado presente enfatizando un compromiso artístico con bastante trascendencia.

Varias cosas se ponen de manifiesto en el discurso pictórico del artista de Gibraleón: su personalidad, su claro sentido expresivo, su potencia creativa, el patrimonio colorista y, sobre todo, la ilustración de un paisaje mediato poblado de ciertas circunstancias representativas y desencadenantes de un universo de referencias pararreales. Su pintura nos conduce por escuetos escenarios donde se visualizan registros que plantean metáforas de una existencia presentida, aspectos sacados de los recovecos de la memoria, espacios metafísicos vacíos de humanidad donde anidan escuetamente territorios cromáticos patrocinados por unos determinantes rojos y azules que definen las situaciones y abren las perspectivas de un paisaje de imposibles con formas planteadas desde una existencia pretérita o protagonistas de un especial relato de especial compromiso conceptual.

Vuelve la pintura de Pablo Sycet a uno de sus espacios expositivos más queridos; allí donde ha protagonizado una historia intensa y ha dejado su imborrable huella. De nuevo nos encontramos con esos parajes silentes, poblados de formas, signos y símbolos que se dejan envolver en una atmósfera colorista y que nos sitúan en escuetos capítulos de un poemario metafórico, de esencial pureza creativa y profunda espiritualidad artística.

El autor onubense puebla los nuevos territorios de la galería granadina para dejar constancia, una vez más, de su particular posición pictórica, esa que no ha decaído a lo largo de los años y que ha dado sentido a una plástica de carácter.

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