CINE de salón

Está pasando, lo estás viendo

QUINCE minutos de zapeo son suficientes para pulsar el ambiente mefítico e insano que se respira en las diferentes franjas horarias que conforman las parrillas de las televisiones públicas y privadas del país. Con semejante diagnóstico en la mano y sabiendo que pasará todavía mucho tiempo antes de que Internet engulla a la vieja 'caja tonta' -por muy plana que nos la quieran vender ya es un invento del siglo pasado-, los cineastas catalanes Jaume Balagueró y Paco Plaza han edificado, aunque no lo reconozcan abiertamente, el sustento que da cuerpo a [REC], la más barata -apenas seis millones de euros de presupuesto- y la más seria y aceptable de todas las producciones de esa fábrica de bodrios denominada Fantastic Factory.

En el segundo 'largo' que dirigen al alimón, tras el experimento 'sociológico' que les supuso OT. La película, consiguen armar una plausible reinvención del género de terror -especialmente en España, donde deambulaba cual muerto viviente- y una alimenticia radiografía de unos massmedia tan vampíricos como carroñeros, que penetran en la vida y la privacidad de las personas sin pudor ni reserva alguna.

Como el mundo no se detiene y, orgullosos de ello, seguimos manteniendo la capacidad de sorpresa, el otro día, estupefacto, comprobaba como en un programa de la tele pública nacional una joven reportera se adentraba hasta un quirófano para entrevistar al cirujano durante una intervención anodina. Se ve que el paciente estaba anestesiado, pues en su afán de llegar al tuétano de la realidad (o lo que nos quieran vender) también éste hubiera servido de buena fuente.

Vaya al caso la anécdota a raíz del visionado de la hiperrealista [REC], en la que una periodista de un programa del tipo España Directo plantea un reportaje consistente en pasar una noche de guardia con los bomberos de Barcelona. Todo parece demasiado tranquilo hasta que acuden a un inmueble del Eixample para atender las llamadas de sus vecinos, pues al parecer una señora mayor no deja de gritar y dar golpes. En primera persona, como si de El hombre con la cámara de Vertov se tratase, Plaza y Balagueró construyen una película en tiempo real donde la experiencia de terror y perturbación adquiere una nueva dimensión al ser revivida y evocada en la subjetividad más absoluta de un espectador desprotegido. Un espectador que, como el lema de CNN, asiste a sucesos que están pasando y los está viendo. Ahí radica una de las claves del éxito de los videojuegos que acertadamente los realizadores han sabido trasvasar a un filme con actores no profesionales (lo que refuerza la credibilidad) y que en muchos momentos, según han comentado en diversas entrevistas, ni tan siquiera conocían el guión.

[REC], como una revisitación ampliamente mejorada de la infumable El proyecto de la bruja de Blair y al hilo de docudramas como Open water, surge, bajo su estridente y singular manejo del fantastique y el horror, twist final incluido, como reacción a la tele-realidad y, en general, a la sociedad voyeur y chismosa que nos inunda. En la línea lógica de lo que planteó hace décadas Cronenberg con Videodrome, su inusual y atroz cima en la que la exposición prolongada a la violencia televisada devolvía horribles transformaciones.

Tras lo dicho, no puede uno más que recurrir a Groucho y aceptar que la televisión es de lo más educativa: cada vez que la enciendo me dan ganas de leer un libro.

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