La pesadilla encarnada

  • 'Alien, el octavo pasajero' regresa a las salas 35 años después en versión digital y con 'el montaje del director'

Cualquier cosa se podía esperar de un casi principiante como Ridley Scott en 1979, cuando sólo había facturado un largometraje (el, eso sí, muy aclamado Los duelistas, adaptación de la novela de Joseph Conrad protagonizada por Harvey Keitel y Keith Carradine, rodada en 1977 y premiada en Cannes). Cualquier cosa menos Alien, el octavo pasajero. Aquel filme encarnaba las peores pesadillas de Lovecraft en un ambiente único que componía un monumental canto a la imaginación. El cine, al igual que la ciencia-ficción, ya no volvió a ser el mismo, pero nunca había quedado tan claro de lo que era capaz. Ahora, tan legendario título regresa a la gran pantalla en la nueva remesa de estrenos a cuenta del 35 aniversario de su Oscar a los mejores efectos visuales (la leyenda, claro, dio para mucho más), con el gancho del consabido montaje del director, la inclusión de escenas eliminadas y la proyección de copias digitalmente remasterizadas y en versión original subtitulada. Eso sí, la oferta para la gran pantalla es extraordinariamente limitada: su distribución en salas se limita a una semana, y en toda la provincia de Cádiz únicamente se podrá ver en Cines Bahiamar de El Puerto, el próximo miércoles día 11 a las 20,30 horas. Tan reservada ocasión contribuye, eso sí, a cimentar el mito.

El éxito de Alien se debió, como casi todo lo que concierne al género humano, a la combinación de trabajo y talento. Scott contó con un reparto extraordinario, encabezado por una entonces casi desconocida Sigourney Weaver como primera protagonista femenina de una película de acción y completado por, ahí va eso, John Hurt, Tom Skerritt, Veronica Cartwright, Harry Dean Stanton, Ian Holm y Yaphet Kotto. Pero el alumbramiento de la pesadilla se debe, principalmente, al maestro del cómic Moebius, que diseñó los trajes espaciales y buena parte de los ambientes; y al artista suizo H. R. Giger, que se encargó de parir a la criatura. La historia, en este sentido, se remonta bastante más atrás: para dar forma al parásito, Giger se inspiró en los hombres con cabeza en forma de pene que algunos años antes había creado Moebius para la mastodóntica adaptación de Dune que nunca llegó a rodar Alejandro Jodorowski. Semejante confluencia de genio sólo podía concretarse en una obra maestra, que el tiempo mantiene muy por encima de las meritorias secuelas que dirigieron James Cameron, David Fincher y Jean-Pierre Jeunet. Cuando el mismo Ridley Scott volvió a la pesadilla con Prometheus, hace tres años, ya nada podía ser lo mismo. Ni siquiera él podía expulsar al invasor.

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