"La poesía me salva de mis miedos"

  • El autor jerezano presenta hoy, a las ocho y media de la tarde en la fundación que lleva su nombre, 'La noche no tiene paredes'; le acompañarán Felipe Benítez Reyes, José Ramón Ripoll y Paco Cepero

Al escritor jerezano le "agobia" hablar o "discutir" de literatura. "Y cada vez más", apunta. Prefiere enfrentarse con el papel a solas, los dos, y decirle cara a cara lo que piensa, cuando llega la inspiración. Así lo ha hecho en su última obra, 'La noche no tiene paredes', hecha con un estado de ánimo especial y con una absoluta fe en la poesía, "más que en la novela". Un libro que su autor asegura ha "cuidado mucho" y que se ha llevado a cabo "por acumulación, ya que es una producción extensa". Y reconoce además que ha sido "puntilloso" con este nuevo trabajo, casi hasta "la histeria juanramoniana".

- ¿Cómo es la noche para Caballero Bonald?

- Siempre he pensado que la noche es como una metáfora de la aventura, de la libertad, de esa parte oscura de cada uno... Ahora ya, con los años, todo eso se ha ido quedando un poco a trasmano. Ni yo soy el mismo ni las noches disponen ya de las mismas tentaciones.

- ¿En qué se parece su autor a este libro de poemas?

- En muchas cosas. Yo soy exactamente el personaje o los personajes que circulan y dialogan en estos poemas. Con unos me llevo mejor que con otros, claro. Incluso puedo llegar a ser un serio adversario de algunos de esos personajes.

- Hay muchas sustancias del recuerdo en su libro, ¿cualquier tiempo pasado fue mejor? ¿Es como un 'ubi sunt' a los vivos?

- La memoria es para mí, cada vez más, la materia prima del poema, el factor desencadenante de la acción poética. Aunque luego, a través del propio proceso creador, se modifiquen esos recuerdos, se adapten a esa verdad que se genera en el poema a medida que se escribe.

- Usted ha dicho en alguna ocasión que ya no tiene ni tiempo ni ganas de escribir novelas. ¿Acaso la poesía es más ligera o le ocupa menos tiempo?

- Aparte de que la actividad novelística exige su tiempo, el caso es que he ido perdiendo mi interés por la novela. En absoluto me apetece escribir una nueva novela y ni siquiera soy ahora un buen lector de novelas.

- Por las referencias y guiños que hace en este libro a autores como Baudelaire, Ángel González... ¿siente nostalgia de la rebeldía, de la desobediencia quizás?

-No, qué va... No siento nostalgia de nada de eso porque no he dejado de ser un transgresor, un desobediente. Sigo detestando a los gregarios, a los sumisos, a los integristas. Y cada vez andan por ahí más adictos al franquismo, al catolicismo de guardarropía, a las podredumbres del pasado... Frente a esos pues sigo siendo un rebelde, un desobediente.

- ¿Este libro está escrito con un nudo en el estómago o con la cabeza bien fría?

- Pues no sé, quizás con las dos cosas. Y con algunas otras. Este libro me justifica y me enorgullece. Cuando caigo en la tentación de releerlo pienso que he estado a un paso de la locura, pero que he logrado mantenerla a raya.

- Con este libro, ¿ha recuperado la fe en la poesía que perdió hace unos años según comentó el pasado verano a este Diario en una entrevista?

- Sí, sí, he recuperado esa fe, sobre todo porque sigo creyendo que la poesía es un método de conocimiento, un hecho lingüístico que te permite conocerte mejor y, de paso, conocer mejor a los demás.

- ¿Qué ha temido de la vida durante estos años? ¿Y de la muerte?

- He tenido muchos miedos, miedo al avance de la ultraderecha, miedo a la ignorancia, a la estupidez, al dogmatismo de los ultramontanos, miedo a perder la memoria... Lucho contra todo eso con mi poesía. Y pienso además que la poesía también me salva de alguna que otra crisis personal.

- ¿Le sirve entonces la poesía para defenderse de la vida?

- También me sirve para eso, claro. Ya lo dijo Pavese: la poesía es una forma de defensa contra las ofensas de la vida. Lo que no quiere decir que la poesía no tenga también mucho de celebración, de ceremonia secreta de la felicidad y hasta de bandera reivindicativa.

- Ahora que este libro ha visto la luz en primavera, ¿con ganas de qué se siente ahora?

- Creo que he conseguido todo lo que pretendía, en la vida y en la literatura. De modo que de lo único que tengo ganas es de ver pasar los días desde donde ahora estoy, en la desembocadura del Guadalquivir, frente al Coto de Doñana. Esa es una recompensa inmejorable. La patria es lo que se ve desde la ventana de la casa donde uno vive a gusto.

- ¿Sabe ya quién es Caballero Bonald?

- No sé, quizás tenga alguna idea aproximada. De lo que sí estoy seguro es de lo que no soy. Basta con leer 'La noche no tiene paredes'.

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