"El poeta tiene que resultar incómodo al poder"

  • El escritor de La Línea presenta hoy 'La edad ligera' en la Escuela de Hostelería

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El poeta José Lupiáñez regresa a Jerez, tras diecisiete años de ausencia, para presentar su libro 'La edad ligera'. El acto, que será introducido por el profesor José López Romero, tendrá lugar hoy, a las 20,30 horas, en la Escuela de Hostelería. El poemario, publicado por EH Editores, constituye el número 15 de la colección Hojas de Bohemia y cuenta con un prólogo de Fernando de Villena. Lupiáñez nació en La Línea en 1955 y está considerado uno de los poetas esenciales españoles. Su trayectoria ha sido reconocida con los premios Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Luis de Góngora y Emilio Prados, entre otros.

- Fernando de Villena sugiere en el prólogo a 'La edad ligera' que este libro señala el fin de una etapa y el comienzo de otra en su trayectoria.

- No estoy muy seguro. A mí me cuesta trabajo clasificar mi obra en etapas. Los versos de este libro forman parte de una corriente que yo veo emparentada con títulos anteriores. Sí persigo una mayor depuración; los versos y los poemas son más cortos, pero el trasfondo vivencial es similar al que se percibe en otros libros míos, así como el tono de premonición y de desencanto.

- ¿En la edad madura aceptamos la derrota existencial?

- Qué duda cabe: la realidad impone su tiranía y el tiempo pasa y casi todo sigue por hacer y nos da vértigo comprobar que ha pasado la vida como un espejismo. La edad madura propicia la reflexión y la contemplación, los balances y los ajustes de cuentas. Al poeta le resulta inquietante explorar esos estados espirituales y buscar en ellos lo trascendente de la condición humana. Algo de eso he intentado con 'La edad ligera'.

- ¿Ya no tiene esperanza ni tampoco ideal?

- Bueno, no hay que ponerse estupendo. El poema al que pertenece ese verso es un homenaje evidente a la sensibilidad manuelmachadiana a la que he rendido tributo en varias ocasiones. Lo que ocurre es que, de paso, me sirve para dejar entrever mi sentimiento de adhesión y de simpatía por esa forma de protesta decadente y egregia.

- ¿De qué modo ha influido Jerez en su vida y obra?

- Jerez abraza dos etapas esenciales de mi vida: mis años de infancia y los comienzos del Bachillerato y los de cumplida juventud. Es una ciudad que he entrañado y querido de forma natural y que desde mi partida, hace ya diecisiete años, no ha dejado de ser motivo de nostalgia. Desde el 85 al 90 viví y trabajé en Jerez y puede disfrutar de la ciudad como un jerezano más y esa experiencia me acompaña siempre. Tengo muy vivos en mi memoria estos paisajes, esta luz, estas calles y, especialmente, a mis amigos jerezanos por los que brindo a menudo, desde la distancia.

- Usted ha desempeñado un importante papel como editor literario. ¿Cómo ve la edición en Andalucía hoy?

- Últimamente no sigo tan de cerca el mercado editorial. Pero cada vez es más notorio que una serie de proyectos pequeños o medianos de gran calidad van abriéndose paso en el todavía impreciso mundo de la edición andaluza. Faltan redes de distribución y mayor atención a los grupos independientes. En Internet se están ganando parcelas a los grandes grupos editoriales que hoy siguen marcando la hora en nuestro entorno, pero por el momento competir con ellos es muy difícil.

- ¿Qué supuso el suplemento cultural 'Azul' en la prensa literaria?

- Un espacio de libertad y de encuentro. Frente a las asfixiantes capillitas eminentes y suficientísimas una oleada de colaboradores diversos, con puntos de vista diferentes, y con propuestas nuevas y provocadoras logró conquistar a muchos fieles que seguían el suplemento con verdadero cariño. Era tan dispar, tan imprevisible, tan anárquico y rebelde que resultaba emocionante componer cada número. No olvidaré las noches en que nos quedábamos hasta altas horas en la redacción, para asistir luego a la impresión material del número con el que marchábamos llenos de felicidad, ensordecidos por el tronar de las rotativas; de aquella felicidad, digo, que tan fácilmente justificaba cualquier desvelo.

- 'La edad ligera' parte de una cita de Garcilaso de la Vega. ¿Están vivos los clásicos en la poesía actual?

-A veces yo diría que hasta más vivos que nosotros mismos. Pero para encontrarse con ese torrente de vida hay que frecuentarlos. El problema radica en que no se frecuentan lo conveniente. Incluso se han arrancado de los temarios de los libros de texto y han quedado reducidos a sombras y a nombres en los que no se repara y sobre los que está permitido disparatar sin tasa. Qué otro país seríamos si se diera por sentado que es algo normal aprender del legado de los clásicos y que plantearse su vigencia es casi un disparate. Qué país tan distinto si este hecho no fuera ni siquiera motivo de cuestión o de pregunta.

- ¿En qué consiste la llamada poesía de la diferencia? ¿Se siente vinculado a ella?

- Se dieron distintas corrientes en ese movimiento. De hecho quiso ser una llamada de atención sobre el pensamiento único que se estaba imponiendo en materia de literatura en nuestro país. Por ese motivo se dieron cita sensibilidades muy distintas. La diferencia no era una estética en sí, sino la manifestación de una realidad mucho más rica, plural y compleja que la que pretendía representarnos a todos. Entre esas voces disidentes estuvo la mía y mi manera particular de entender la literatura.

- ¿Cómo se llevan la poesía y el poder?

- Muy bien, al parecer, para los poetas oficiales que aplauden al sistema sin ponerlo en cuestión. Pero si la poesía es verdadera recela del poder por naturaleza. No me cabe duda. El poeta tiene que resultar incómodo al poder.

- ¿Qué importancia le concede a los premios literarios?

- No pienso en ellos. Endulzan cuando llegan, a qué negarlo, pero no es algo que me quite el sueño. Prefiero el premio de ese estado inefable que nos propicia la creación o la emoción de un poema bien resuelto que pueda perdurar en la memoria o en el corazón de un lector anónimo. Prefiero mantener despierta la conciencia que nos empuja a transformar la palabra de todos en palabra poética. Cuando trato de hacer esto no se me ocurre pensar en recompensa alguna, que no sea la de compartir lo escrito con los demás. Dejo para otros más proclives a ello el merchandising de lo poético, que tanto se practica en este tiempo.

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