eduardo guerrero. bailaor

"Mi principal batalla en el baile ha sido que me dejaran expresar lo que soy"

  • El artista gaditano llega mañana al ciclo 'Flamenco viene del Sur' en el Central con su último espectáculo, 'Guerrero', por el que ganó el Premio del Público del pasado Festival de Jerez

El bailaor y coreógrafo gaditano Eduardo Guerrero, durante un ensayo en las salas del Centro Flamenco La Merced. El bailaor y coreógrafo gaditano Eduardo Guerrero, durante un ensayo en las salas del Centro Flamenco La Merced.

El bailaor y coreógrafo gaditano Eduardo Guerrero, durante un ensayo en las salas del Centro Flamenco La Merced. / KIKI

Eduardo Guerrero es el más pequeño de tres hermanos. Los mayores iban al fútbol y a él, por no dejarlo solo, su abuela lo llevaba a las clases de flamenco a las que asistía su prima. A los cuatro días quiso entrar y así, como una suerte de Billy Elliot del flamenco, el gaditano se enfrentó desde muy pequeño a los comentarios no siempre amables de sus compañeros de colegio por llevar a cabo su pasión de bailar.

Desde entonces no ha parado. Tras hacerse con el Premio Desplante de La Unión y recorrer teatros de todo el mundo en las compañías de Eva Yerbabuena, Rocío Molina y Antonio Canales, el artista inició en 2011 su carrera en solitario. Con Guerrero, su última obra, que presenta mañana en el Teatro Central, se hizo con el Premio del Público del pasado Festival de Jerez.

En este trabajo hablo de las mujeres de mi vida; con ellas descubrí el significado de los sentimientos"Intento no ponerle fronteras a mi baile, me dedico sólo a disfrutar y pensar en la libertad que me da el escenario"

-Llega a Sevilla con el aval de ese premio jerezano. ¿Cómo se siente?

-Con mucha responsabilidad y nervios, pero también con la ilusión y la alegría de poder presentar el espectáculo una vez más y además en un ciclo [Flamenco viene del Sur] por el que pasan tan buenos artistas.

-¿Es el de los espectadores el mejor reconocimiento que puede tener un artista?

-Para mí sí lo es. El público al final es el que compra su entrada y va libremente al teatro a ver lo que quiere, no lleva en la mente ningún pensamiento ni idea preconcebida, tan sólo la de disfrutar. Por eso, cuando me dieron la noticia de que mi espectáculo es el que habían elegido los espectadores de Jerez sentí una enorme emoción. Aunque, como decía, también la responsabilidad de seguir conquistando corazones.

-Guerrero se presenta como un homenaje a las mujeres luchadoras, ¿de dónde le surge la idea?

-La mujer siempre estuvo apartada a la hora de cantar al baile y yo quería y creía que ya teníamos que salir de esa misma estampa del cantaor en la escena y darle espacio a la imagen femenina acompañando al baile porque, además, pienso que están más que preparadas. Por eso decidí contar con las voces de Anabel Rivera, Samara Montáñez y May Fernández.

-De hecho, su trayectoria artística ha estado vinculada desde sus inicios a las mujeres. ¿Qué diría que ha aprendido de ellas?

-Por supuesto. Ellas son el motor y parte de la inspiración de esta obra. Comencé en Cádiz con mi maestra Carmen Guerrero, luego pasé a la compañía de Aída Gómez, Eva Yerbabuena, mi gran maestra, y Rocío Molina, que revolucionó mi cabeza. A cada una de ellas les dedico algo en esta obra. Entre todas me enseñaron cuál era el camino para que hoy pueda disfrutar de la carrera que tengo. Se lo agradeceré toda mi vida.

-La sinopsis hace referencia a El arte de la guerra, el libro del general Sun Tzu que se ha convertido para muchos en una filosofía ante la vida. Pero, exactamente, ¿qué podrá ver el público en el escenario?

-El público verá diferentes diálogos no sólo desde la danza sino también desde lo musical. Usamos fragmentos de palos muy diversos, desde saeteas a seguriyas, tangos, alegrías, cuplés o una nana. Además, la puesta en escena también tiene un toque muy conceptual, el escenario está acotado con un cuadrado blanco donde se desarrolla la lucha... Estoy seguro de que toda persona que vea el espectáculo podrá sentirse identificada con alguna de las escenas porque de lo que hablamos principalmente es de sentimientos.

-¿Es ésta, la guerra de los sentimientos, la más dura de afrontar?

-Claramente. Cuando la gente leía el título, Guerrero, y veía que aparecía con cantaoras pensaban directamente que sería una lucha entre hombre y mujer, algo violento. Pero no es para nada esto. Lo que reflejo es lo que he vivido con las mujeres de mi vida: mi madre, mis amigas, mis maestras, mis abuelas... Con ellas, en sus charlas, descubrí lo que significaban los sentimientos.

-¿Cuál ha sido su principal batalla como bailaor?

-El que la gente me dejara poder expresarme como yo sentía y como me quería ver en el escenario, con mi personalidad, sin tener que parecerme a nadie, o al menos no de una forma negativa. En cualquier caso, la mía es una batalla diaria conmigo mismo. Como bailaor siempre quieres más de ti.

-Por cierto, dice el general Sun Tzu que "la mejor victoria es vencer sin combatir". ¿Usted nunca ha sentido ganas de dar alguna patada?

-Sí, claro, lo he deseado muchas veces, pero mi estilo no es la violencia, prefiero la palabra antes que cualquier otra cosa.

-¿Y con qué cosas se pelea en el flamenco?

-Es una lucha continua. Lo que más me preocupa es el poco apoyo que hay en España a la cultura, pero esto no pasa sólo con el flamenco, sino con todas las artes. Estaremos perdiendo nuestra identidad...

-¿Se siente ahora más Guerrero que nunca?

-Hombre, lo he sido siempre porque lo llevo en el apellido pero ahora sí que es cierto que tras mi cuarto espectáculo me siento mucho más en la guerra, que es seguir en esta profesión que es mi vida y con la que soy feliz.

-Cuando baila, ¿dónde sitúa su frontera?

-Intento no ponerle fronteras ni muros a mi baile. Cuando estoy en el escenario no me paro a pensar dónde está el límite, me dedico sólo a disfrutar y pensar en la libertad que me da el escenario. Es algo mágico.

-¿Cuál sería su conquista como artista?

-No tengo ninguna conquista en mente. Sólo deseo seguir viviendo y compartiendo el arte con el mundo entero. Voy a seguir dando mucha pero que mucha guerra.

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