Tras la quimera de Jorge Loring

  • 'Huellas en el cielo' evoca el sueño del ingeniero andaluz que cruzó el Atlántico en los años 20 a bordo de un zepelín · Fundó la primera fábrica española de aviones

Podía haber vivido exclusivamente de su "posición familiar", pero su "espíritu aventurero" le llevó a emprender "el gran sueño de todo joven" en los años 20. Jorge Loring pudo hacer realidad el vuelo de un Ícaro afortunado que murió joven pero a tiempo de ver cumplido su sueño: cruzar el Atlántico a bordo de un zepelín. Ahora, un documental, Huellas en el cielo, presentado en el último Festival de Cine de Málaga, evoca la quimera de este ingeniero malagueño, "pionero en todo lo referente a la aeronáutica española". Su biógrafo, Luis Varilla, recuerda con estas palabras la "pasión desbordada" de un emprendedor con poca visión para los negocios pero con muy "buena técnica". Lo que se dice "un hacedor de proyectos", remata el historiador, autor también del libro Jorge Loring. Pasión por la aeronáutica. Su testimonio, junto con el de otros expertos y familiares del protagonista, da forma a un trabajo dirigido por Sonia Tercero y Susan Youdelman-Azcona cuyo punto de partida es Mercedes Loring, una de las hijas del ingeniero. "Cuando Susan la conoció, descubrió en ella a una mujer que ha viajado mucho y que, pese a ser monja, lleva una vida muy moderna y valiente", relata Tercero. Pero si interesante era su vida, "más aún" lo era la de su padre, comenta la directora: "Era de ese tipo de soñadores a los que no se les ponía nada por delante".

Loring fue pionero en casi todo lo que se propuso. Puso en marcha las primeras líneas aéreas comerciales en España, como Barcelona-Palma, los primeros traslados del correo en avión, las primeras escuelas de pilotos, los primeros aeródromos y el primer puente aéreo Madrid-Barcelona. En 1923 inauguró en Cuatro Vientos los Talleres Loring, "y que hoy sobreviven como Grupo Airbus Military", rememora Utrilla.

Consciente de la dificultad de su empresa,atravesar el Atlántico, Loring descubrió un día que la forma "más fiable" de hacerlo era sobre un dirigible "pero cruzando la línea del Ecuador", narra la realizadora. Finalmente, un zepelín de fabricación alemana despega en 1930 de Lago de Constanza, hace noche en Sevilla y de allí vuela a Cabo Verde. "A la altura del Ecuador aprovecha las corrientes de los alisios" y cruza el Atlántico a 200 kilómetros por hora hasta Brasil. De ahí al destino final Buenos Aires, "el viaje pasa a ser en avión", explica Tercero. El hallazgo de Loring fue vencer al tiempo. Un trayecto que en barco duraba 15 días, él consiguió reducirlo a tres días y medio. "No queda constancia de que él fuera en ese vuelo, pero sí pudo cumplir su sueño de montar una línea aérea en dirigible", aclara.

Huellas en el cielo recorre también la infancia de este emprendedor, procedente de una familia de Boston. Las imágenes recuerdan el negocio de su bisabuelo, también naviero, "cómo fundan la Finca de La Concepción, donde la familia pasaba el verano y cómo la abuela hizo crecer ese jardín con plantas traídas en barcos de países exóticos", comenta la directora. El joven se desplazópronto de Málaga a la colonia española de Guinea Ecuatorial, donde puso a prueba sus dotes de empresario en comunicaciones marítimas y "le salió mal". El resto de sus iniciativas las emprendería en Madrid y Barcelona. La trayectoria vital de este soñador se detuvo para siempre en 1936 cuando unos obreros de su fábrica lo asesinaron. Loring era de derechas, de la burguesía y tenía amistad con el rey don Juan y con Alfonso XIII. "Tuvo la mala suerte de tener como amigo a Arturo González Gil, ingeniero como él pero comunista, que muere cuatro días antes y le deja desamparado", detalla Utrilla.

Uno de los argumentos que el historiador esgrime para justificar la escasa relevancia de los hallazgos de Jorge Loring en su época es que en España el tejido industrial era "nulo". En otros países sus proyectos hubiesen alcanzado "trascendencia mundial", matiza. Y añade un escollo más: "Tuvo que vérselas con la parte más intransigente, con los caciques a quienes cualquier cosa que sonara a progreso consideraban dechalados", explica el experto. Para más inri, de los ocho hijos que tuvo, "siete se hacen religiosos", y la saga de empresarios aeronáuticos se pierde. "La historia tiende un manto sobre la familia que hace que el personaje desaparezca", lamenta el historiador. Por fortuna, Huellas en el cielo permanece.

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