Cuando la realidad pierde su contextoCarmen de la Calle, el ansiado y feliz retorno

La espera ha durado demasiado. Era tal la necesidad de una galería en la ciudad que llenara el vacío que el tiempo se nos ha hecho eterno desde que supimos que Carmen de la Calle volvía a Jerez. Llevábamos mucho tiempo - quizás los meses de ausencia no fueran tantos pero sí la sensación de abandono - con la única presencia de Ramón Martín y se echaba en falta mucho más. Las instituciones habían echado el cierre amparadas en los postulados de la socorrida crisis. Sólo teníamos pequeñas migajas para una ciudad que quería y debería sentirse moderna culturalmente y tener los elementos constitutivos para que lo fuese. Una ciudad con tanto dinamismo artístico no podías permanecer más tiempo recibiendo lo poco que recibía.

Carmen de la Calle era necesaria porque Carmen de la Calle, aparte de lo que pudiera ofertar, crea estados de opinión, mantiene las expectativas altas, desencadena controversias, posibilita diversidad de puntos de vista… y todo ello, dará vida a un panorama artístico que es, absolutamente, vital para el conocimiento y la asunción de cuantas circunstancias pueden intervenir en el Arte Contemporáneo. Además, Carmen de la Calle se le ha echado de menos porque ella, durante el tiempo que estuvo en Jerez - heroicidad en Almenilla, afianzamiento y prestigio en Arenal y subsistencia en Medina - creó las bases necesarias para que gran parte de los amantes de lo artístico, el público en general y hasta los propios autores, supieran a qué atenerse en un universo plástico con muchas desorientaciones. Carmen de la Calle marcó una especie de balizas que informasen por dónde se desarrollaba gran parte de la contemporaneidad artística, enseñó caminos y atrajo miradas de los pocos acostumbrados a saber bien cómo ver un arte diferente al que se le había ofrecido hasta el momento.

Por eso, la vuelta de Carmen de la Calle nos parece justa y necesaria. La nueva galería es un espacio moderno, perfectamente acondicionado a las necesidades de una sala con proyección abierta y donde tengan cabida los planteamientos diversos que configuran el Arte Contemporáneo. Situada en la calle Santo Domingo, muy cerca de la intersección con Paúl, está anexa al Estudio Territorio y Ciudad, la empresa de Manolo Fustegueras y Andrés Luque, verdaderos factores, de esta realidad que es la vuelta de una galerista a la que se debió apoyar, desde todos los sectores, mucho más de lo que se hizo, porque Carmen llevó el nombre de Jerez por todo el mundo y sacó del ostracismo localista a un Arte al que ella dio suma trascendencia.

Para la inauguración de esta nueva época, que tendrá lugar hoy a las 13,30 horas, Carmen de la Calle ha escogido a uno de sus artistas de siempre, Cristián Domecq, un pintor en el que ella siempre ha confiado y al que supo extraer todo el potencial plástico y artístico y llevarlo por caminos de un arte profesional y con sentido. Además, era totalmente lógico que la galerista jerezana volviese a apostar por un creador valioso e importante que ha sido fiel a los planteamientos expositivos de la que siempre lo tuvo como uno de sus artistas referentes.

En lontananza se atisban las presencias de José María Báez, Javier Velasco, Guillermo Pérez Villalta, Luis Gordillo, activos de un arte que nos va a reencontrar una senda que traerá la normalidad artística a una ciudad sumida, en los últimos tiempos, en una pertinaz sequía expositiva.

DESDE que empezó, me interesó infinitamente la obra de este artista. No era normal, en aquellos años 90, con los intereses plásticos muy decantados hacia planteamientos ajenos a la figuración, que un pintor se adscribiera, sin cortapisa alguna y abiertamente, a unos desarrollos ajenos por completo a lo que dictaban las modas, que por entonces, pasaban por desentrañar los registros de una abstracción a la que se profesaba, sin resquicios para la duda, una fe inquebrantable. Paco Pomet lo tuvo, desde un primer momento, muy claro y se adentró por unos caminos de muchísima personalidad y con mucho recorrido dentro de una realidad a la que él somete a sus más apasionantes ajustes y desajustes. Todavía conservo en la memoria aquella maravillosa y espectacular obra en la que un imposible campo de fútbol llenaba una especie de isla irregular y planetaria.

La exposición de Paco Pomet en los Condes de Gabia es absolutamente justa y necesaria; un artista de esta categoría merecía sin ninguna duda una muestra en el que es uno de los espacios emblemáticos de la ciudad. El artista granadino presenta ese trabajo redondo en el que una serie de secuencias son ajustadas a unas formas plásticas que potencian la realidad, al tiempo que la someten a una nueva dimensión significativa. Escenas extraídas del cine, de la historia, de la sociedad mediata e inmediata, del entorno cotidiano, del mundo de los tebeos… son manipuladas matéricamente para que acentúen su poder expresivo, al tiempo que, desde un nuevo juego de intenciones, plantean desenlaces ilustrativos con distintas connotaciones a las que desarrollan su habitual sentido representativo.

Paco Pomet yuxtapone las imágenes, les impone una nueva potestad y les infiere una realidad que deja en suspenso su primitivo discurso. A veces, crea nuevos registros donde lo real asume una nueva posición identificativa, un novedoso proyecto semántico por el cual la línea argumental cercana pierde su posición expresiva y se adentra por episodios de una especie de surrealismo, de una festiva intencionalidad y de un discurso muy a contracorriente.

A este artista, los caminos representativos habituales se le han quedado estrechos; necesita nuevos márgenes para que entre ellos transite una identidad distinta de la realidad, un proceso visual nuevo donde cualquier parecido con lo que se presiente, se conoce, se sabe o se asume como verdadero es una pura casualidad. La pintura de Paco Pomet deja entrever un realismo mucho más poderoso, más feliz y menos encorsetado que el que nos toca vivir. Por eso su pintura tiene tantos buenos registros, tanta potestad ilustrativa, tanta jocosa emotividad y tanto feliz carácter.

Estamos, bajo mi punto de vista, ante uno de los mejores pintores figurativos del momento; un artista que transgrede sistemáticamente los presupuesto de una cotidianidad para convertirlos en felices episodios de un nuevo sistema ilustrativo.

La exposición de los Condes de Gabía nos vuelve a convocar ante un artista importante cuya pintura no deja indiferente. La obra de Paco Pomet convence a todas las instancias, llega a todos los estamentos porque es sencilla dentro de su complejidad, comprometida dentro de su cercanía, moderna desde su bien cuidado clasicismo; es una realidad desvirtuada por la mirada exuberante de un artista distinto y poseedor de un lenguaje único, absolutamente intransferible aunque ya se sientan atisbos de querer imitar su inimitable sentido artístico.

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