"El regreso al paraíso se entiende en el libro como una proyección hacia el futuro"

  • El escritor, madrileño de orígenes gaditanos y una de las voces más prometedoras de su generación, ganó el Premio Ricardo Molina por 'Ofelia y otras lunas', un poemario atento a la tradición, desde Virgilio a T. S. Eliot

Javier Vela (Madrid, 1981) es el reciente ganador del Premio de Poesía Ciudad de Córdoba Ricardo Molina, que consiguió con su libro Ofelia y otras lunas. Ha publicado cinco poemarios, entre ellos La hora del crepúsculo (Premio Adonais), Tiempo adentro e Imaginario (Premio Loewe a la Joven Creación y Premio de la Crítica de Madrid), que lo han señalado como uno de los autores más interesantes de su generación. Además, Vela es traductor y articulista.

-¿Por qué decidió participar en el Premio Ricardo Molina?

-Fundamentalmente porque es un premio con una tradición asentada en el panorama poético español, porque el propio hecho de que se conceda en Córdoba tiene un valor emocional añadido en la medida en que me une a la ciudad una vivencia de un año en la Fundación Antonio Gala, y finalmente porque el galardón tiene como parte de su reconocimiento la publicación en Hiperión, una editorial nacional de primer nivel.

-¿Qué supone este reconocimiento para su carrera?

-Una dosis de ánimo y de confianza importante porque reconoce un trabajo inédito con el que uno siempre tiene inseguridades y que de este modo por fin puede revisar con cierto criterio y con un horizonte de publicación definido. Además el jurado ha estado compuesto por poetas que admiro, sobre todo Pablo García Baena, Eduardo García y Jesús Munárriz y me enorgullece que tuvieran la deferencia de valorar positivamente mi libro así.

-Este premio lo ha conseguido con Ofelia y otras lunas. ¿Qué estructura y estilo tiene este libro?

-Es un libro en el que predominan los versos de métrica libre, de carácter discursivo, con reminiscencias a los versículos bíblicos, a Walt Whitman o a William Blake, en un intento de expandir la propia tradición hacia otras voces, integrándolas en el propio discurso. Está compuesto por dos secciones, Canción del cosmonauta, que es un largo canto unitario de estructura anafórica, y Variaciones sobre una rama rota, que concentra una serie de textos de distinta naturaleza temática pero directamente relacionados con el eje central del libro que es el regreso al paraíso perdido. En el libro este regreso sin embargo no se entiende como una exaltación del pasado, sino más bien como una proyección hacia el futuro. Este tema tiene como referente el ciclo troyano de los Nostoi, un poema que narra la vuelta a casa de la Guerra de Troya.

-¿Por qué se ha inspirado en el regreso al paraíso?

-Porque para mí ese regreso, entendido como avance no como retroceso, tiene un vínculo fundamental con mi propia infancia, con experiencias pasadas que a veces tienen, sin que lo queramos, proyección en las experiencias futuras y porque de algún modo al recoger ese tema recogía toda la rica tradición literaria que va desde Virgilio a Eliot. Existe en la literatura latina hasta el siglo XX y me permitía establecer un diálogo con mi tradición y con la tradición en otras lenguas en las que creo que no se ha ahondado suficiente. Ofelia y otras lunas se escribe en una doble tradición, por un lado en la lírica de Tennyson, con cuya obra comparte el libro ese tono vehemente y apasionado, y por otro el lenguaje especulativo de Jules Laforgue y T. S. Eliot. No en vano este último supo integrar en su obra las aportaciones de Tennyson y Whitman.

-¿Qué vivencias personales plasma en el poemario?

-Hay un tronco emocional que tiene que ver con el amor, el erotismo, la muerte, la infancia, la idea de que la felicidad a veces no reside en el futuro sino en la restauración de una experiencia pasada que no fue como quisimos o como podría haber sido. En ese sentido el tema del regreso se plantea como una reconstrucción moral y psicológica del individuo.

-¿Por qué ha elegido el personaje de Ofelia para el título del libro?

-Es un personaje dramático que me permitía establecer un diálogo con la tradición que en este caso más me interesaba. Es una figura que adquiere un valor marcadamente simbólico, en el que se resumen otros muchos personajes y desde el que se despliegan además todos los temas adyacentes de la obra, interpretada siempre desde la propia experiencia personal, aunque sea Ofelia el motor de inicio.

-Su relación con Córdoba comenzó hace algunos años, cuando fue residente de la Fundación Antonio Gala en el curso 2003-2004...

-La residencia como tal tuvo una importancia decisiva en la medida en la que no solamente reconocía el trabajo completamente anónimo que había estado haciendo hasta ese momento sino que también me permitió ponerme en contacto con una serie de disciplinas artísticas por las que sentía interés pero no tenía un conocimiento real. El hecho de poder entablar un intercambio de ideas y de experiencias con pintores, músicos y otros escritores tuvo para mí una importancia fundamental en la conformación de mi propia persona como creador. Pude conocer a poetas que hoy son para mí admirados y buenos amigos, como Joaquín Pérez Azaústre, José Luis Rey, Alejandro López Andrada o Eduardo García. No sólo la fundación, sino la experiencia cordobesa como tal, me hizo madurar. Al margen de todo, la propia ciudad de Córdoba tiene para mí un valor emotivo importante porque fue un año también dedicado a consagrarme a un proyecto, a pasear por las calles empedradas de la Judería, a contemplar la ciudad desde el río... La ciudad tuvo para mí un valor simbólico importante, al margen de las amistades que me propició y de fundación.

-¿En qué proyecto trabaja ahora?

-Estoy trabajando en una novela que tengo bastante avanzada y espero completar a principios del año entrante. Tiene como tema la vida de un personaje femenino crucial para entender la literatura de la primera mitad del siglo XX. También trabajo en un ensayo sobre el tema del amor y el erotismo y en una traducción, aunque siempre estoy traduciendo.

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