Los restauradores de los museos andaluces exigen mejoras a la Junta

  • El colectivo inicia movilizaciones para que se le reconozca la categoría de técnicos superiores, como ocurre dentro de la Consejería de Cultura con el IAPH

La imaginería es uno de los campos que demanda más restauraciones. La imaginería es uno de los campos que demanda más restauraciones.

La imaginería es uno de los campos que demanda más restauraciones. / d.s.

Los restauradores de los museos dependientes de la Junta de Andalucía han iniciado movilizaciones para que se les reconozca la categoría laboral de técnicos superiores y no medios, como ocurre hasta ahora. A la reivindicación profesional se suma la preocupación por el impacto que este "desajuste" está teniendo en algunos centros en el cuidado del patrimonio, pues impide el desempeño efectivo de las tareas de protección de los bienes. Por ejemplo, los diagnósticos y los proyectos de conservación que elaboran en su tarea diaria no son considerados preceptivos ni vinculantes, pese a ser los máximos conocedores del estado en que se encuentran las obras.

Así consta en la reclamación que los dieciocho profesionales que trabajan en este campo de todos los centros artísticos, arqueológicos y monumentales de Andalucía han hecho llegar esta semana a las consejerías de Hacienda y Administración Pública; Empleo, Empresa y Comercio y, por supuesto, Cultura. "El problema está en que se desconoce cuál es realmente nuestro trabajo", recalcan desde el colectivo, integrado por personas con la licenciatura en Bellas Artes con la especialidad o el grado en conservación y restauración. Además, algunas de ellas poseen un título de máster o de doctor.

Se da la paradoja de que, dentro de la propia administración autonómica, el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), organismo dependiente de la Consejería de Cultura, sí reconoce a sus restauradores la condición de técnicos superiores, hecho que no sucede en los museos y en los conjuntos arqueológicos y monumentales que están a cargo de la Junta. "Es un problema que se viene arrastrando desde hace décadas porque antes se creía que era un trabajo más artesanal, ligado a un oficio, al no existir una titulación específica, pero hoy se requieren amplios conocimientos y dominios de técnicas muy avanzadas", explican.

En la memoria justificativa de la solicitud, los restauradores insisten en que "nuestras actuaciones son altamente cualificadas, requieren un profundo conocimiento de la materia y de las habilidades técnicas más avanzadas que precisan de actualización constante y de alta responsabilidad y autonomía. De hecho, en las instituciones en las que trabajamos, no hay ningún superior jerárquico con competencia profesional que pudiera realizar o supervisar nuestras actuaciones". Y añaden: "En todas las acciones directas que se llevan a cabo sobre una obra se nos pide asistencia técnica, cuando no nuestra presencia o, directamente, nuestra intervención".

En este sentido, los restauradores marcan distancia en el citado documento -en poder de este periódico- con los conservadores, con competencias que a menudo recorren la misma linde: "Ellos no determinan el estado de conservación y las necesidades de restauración de los bienes de la institución museística; no redactan los proyectos, ni las propuestas de actuación ni memorias de intervención; no aplican técnicas ni métodos para la restauración y la conservación de restauración, no hacen actuaciones de conservación preventiva, no hacen evaluación de riesgos…".

La reivindicación laboral va acompañada de una demanda para la mejora de las condiciones de trabajo. Así, el conjunto arqueológico de Itálica y el Museo de Huelva no tienen en la actualidad a ningún profesional dedicado a la labor de restauración, mientras que otros centros no tienen cubierta la plantilla que recoge la relación de puestos de trabajo (RPT). El Museo de Bellas Artes de Sevilla tiene sólo tres de cinco restauradores y el Museo de Cádiz, dos de tres, por ejemplo. Estas ausencias se resuelven, por lo general, con contratos vinculados a actuaciones concretas, es decir, externalizaciones. Además, muchos de los talleres -aseguran- tampoco están dotados de la tecnología que hoy requiere el campo de la restauración.

Cabe recordar, al respecto, la importante labor de recuperación y puesta en valor desarrollada en el Museo de Bellas Artes de la capital hispalense con motivo de la exposición Murillo y los capuchinos de Sevilla, convertida, con más de 267.767 personas, en la más visitada de su historia. Con motivo de la muestra, que dio el pistoletazo de salida a las actividades del Año Murillo en noviembre pasado, se restauraron por el personal de la pinacoteca un número importante de obras en los últimos años, entre las que destacan los dos San Antonio de Padua y el Niño, el San Juan Bautista, el San Francisco abrazado a Cristo, la Inmaculada Concepción, la Niña, y la Virgen de la Servilleta, una de las creaciones más populares del pintor.

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