El retablo de Soledad

Granada siempre se ha convertido para Soledad Sevilla en un especialísimo espejo de donde poder captar la inmensa espiritualidad que se desarrolla en su ámbito y después poder llevarlo hasta los espacios infinitos de su amplísima creación artística. Muchas han sido las veces que la hemos visto inundar de artisticidad una obra con referencias del embrujo, de la esencia, de la historia y de ese inquietante espíritu que lleva consigo la ciudad. Soledad Sevilla sólo tenía que dar sentido artístico a una realidad mediata que había que aprehender de la maraña ciudadana existente.

Manuel de Falla y su música han sido objeto artístico de muchos grandes creadores que han puesto su genio en el desarrollo de interpretaciones en torno a la obra del músico nacido en Cádiz. En la ciudad y en el palacio de los Condes de Gabia, vimos hace unos años una importante exposición sobre escenografías para la obra de Falla con el sello esclarecedor de autores tan importes como Jaime Plensa - La Atlántida - , Miquel Barceló - El retablo de Maese Pedro - Frederic Amat - El amor brujo - y Gustavo Torner - La vida breve -.

Otros muchos también lo han hecho. Ahora es Soledad Sevilla, esa gran artista que va creciendo en intensidad creativa, la que se enfrenta al entorno trascendente del músico que vivió en el Carmen de la Antequeruela. De nuevo vuelve a situar su trabajo en el universo referencial de Granada, esta vez envuelta con la también sublime espiritualidad de Falla y su Retablo de Maese Pedro. Un encargo del Archivo Manuel de Falla para celebrar su XX aniversario y que se presenta, a modo de libro de artista, en la Sala Zaida de la Caja Rural.

Son 55 láminas que yuxtaponen el bello grafismo de la caligrafía musical a una metáfora circundada de sinuosas líneas que van in crescendo en intensidad como si se manifestara un aumento del propio tempo musical.

En la obra de la artista madrileña se juega con la emoción de la música, se asume el espíritu que parte de la obra creada por el músico y se pretende sintonizarla con una plástica inundada de lirismo. Situaciones que Soledad Sevilla recrea con pulcritud, con economía de medios, con trazos determinantes pero sabiamente distribuidos donde el continente patrocina un juego de complicidades; música, escenografía, gramática musical, pintura y… Falla; el artista como germen impulsor de una obra donde la suprema condición del músico es asumida con sutil manifestación, dejando que el trabajo musical sea una referencia constante y un punto de partida para situar un estamento pictórico lleno de infinita sensibilidad. Soledad Sevilla nos vuelve a inundar de magia, de emoción y sentimiento a través del recuerdo de un artista y su obra. Todo un lujo para esta Granada única donde se atisba le halo misterioso de la espiritualidad de tantos artistas como impusieron su mediata potestad creativa.

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