La revolución de Ventura

  • El rejoneador sevillano desoreja a su quinto toro tras una faena espectacular · En festejo entretenido, Andy Cartagena cortó una oreja al tercer toro

-¿Papá, y Morante?

-Y el padre, mosca, miraba a uno y otro lado, extrañado, pensando en que el torero de La Puebla había pasado junto a él y no se había dado cuenta. No, niño, hoy no torea Morante. Ya sabes que por la mañana es la de rejones.

-Es que he visto a un caballo que se llama Morante y dicen que muerde a los toros.

-Ah, eso es otra cosa.

El chaval, emocionado ante el carrusel del paseíllo por parte del sexteto de rejoneadores, lo pasó en grande en una Maestranza llena, durante un espectáculo entonado, con toros de Benítez Cubero, en su conjunto nobles, pero sin gas, donde lo más destacado fue la garra de un Diego Ventura, imparable, que desorejó a su toro y las buenas maneras, en monta y lidia, de Andy Cartagena, que cortó una oreja. En total, tres orejas, que no son muchas para el número de trofeos que se reparten en los espectáculos ecuestres.

Diego Ventura se mostró en su estado puro, con su carácter indómito y revolucionario, con la espectacularidad como bandera. El rejoneador sevillano dio la talla ante un astado parado, con el que tuvo que bregar bastante y al que se impuso por sus ansias de triunfo y empuje. Así, con garra, con entrega, con una comunicación constante con el público y muchos gestos, llegó con facilidad a los tendidos, primero montando a Guaraná, una de sus estrellas, con el que realizó quiebros que fueron muy ovacionados. Prendió uno de ellos en una baldosa, que diría un castizo, estallando una ovación clamorosa. Con Distinto, un caballo con gran valor, prendió banderillas arriesgando mucho. Y luego sacó al temperamental Morante, que llegó incluso a morder al toro en el testuz. Se vivió una escena de tensión en un serio achuchón, en el que el astado alcanzó al caballo cerca del pecho. Todo quedó en un gran susto. Luego, clavó las cortas. Aunque Ventura pinchó antes del rejón definitivo de muerte, el palco concedió las dos orejas.

Andy Cartagena se las vio con un berrendo sin celo alguno en sus embestidas. Lidia muy correcta y eficaz, destacando con Pericalvo en el tercio de banderillas ante un animal muy deslucido. El benidormí descolló en un par a dos manos.

El resto de rejoneadores no consiguió trofeos. Pero hubo también buenos momentos. Como los que consiguió Antonio Domecq en una faena muy interesante y planteada con seriedad, en la que demostró su buena monta y destacó en banderillas con el veterano Óleo. Una faena de premio, que malogró al fallar con el rejón de muerte.

Raúl Martín Burgos llegó al público, fundamentalmente en la suerte al violín, montando a Alí, en una faena muy desigual, con varias pasadas en falso.

Álvaro Montes realizó una faena notable, intentando jugar con las querencias del manso que tuvo en suerte. Aire campero en su faena y en el recibimiento a su toro, cerca de toriles, para conducirlo de salida garrocha en mano. Buena monta, destacando con Chambao. Fue muy aplaudido en banderillas cortas y en la suerte al violín. Aunque le solicitaron premio, la presidencia no concedió trofeo alguno.

El jovencísimo Leonardo Hernández, con un toro deslucido, se entregó mucho en una faena voluntariosa.

En la matinal de rejones, como es habitual, con un público sin grandes exigencias, resultó entretenida y dejó constancia de que el rejoneador sevillano Diego Ventura no deja indiferente y, con su garra y espectacularidad, consigue meterse al público en el bolsillo.

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